jueves, 5 de abril de 2012

Para un horizonte de izquierda (1)



Historia y situación actual de la izquierda peruana.

Para un horizonte de izquierda (1)

Por: Rodrigo Montoya Rojas (Antropólogo)
Después de la decisión de Ollanta Humala de prescindir de los servicios de sus aliados de la izquierda que le ayudaron a ganar la presidencia en 2011, son pertinentes las preguntas qué queda de la izquierda y cuál podría ser su rumbo en el futuro.

Perdieron las personas de izquierda que apostaron por el comandante Ollanta Humala, sabiendo muy bien que era un caudillo militar sin ninguna práctica ni convicción de izquierda. No fueron ingenuos ni inocentes; calcularon, estaban dispuestos a jugar una última carta en términos eminentemente personales porque hace muchísimo tiempo que no representan a movimiento social alguno. Apostaron y perdieron. Con la experiencia política que tenían desde hace mucho tiempo, sabían muy bien lo que hacían. ¿Podrán ofrecer una autocrítica en serio? Me gustaría que la hagan, pero tengo razonables dudas de que tengan algo nuevo e importante que decir.

La metáfora de la casa vacía o abandonada de la izquierda -que ha sido usada en los medios de comunicación- parece adecuada pero si observamos fría y serenamente nuestra historia, resulta inútil. Se supone que en tiempos de la “izquierda Unida” y Alfonso Barrantes, la izquierda tuvo una casa que habría sido formada por el tercio de electores del país y que ahora, quedaría poco o nada de ese navideño e idílico hogar. Nunca tuvimos una izquierda unida en el país. El ARI de 1979, fue el primer embrión pero terminó en un fracaso por directa responsabilidad de los trotskistas, de los maoístas y del PC y sus fracciones, y del propio Barrantes. La veintena de lenines o caudillos de izquierda de todos los colores del arcoíris no estaba preparada para canalizar y ofrecerle un norte socialista a la potencialidad de izquierda que el país tenía después de las tomas de tierras a comienzos de 1960. Tampoco los lenines agrupados en “Izquierda Unida” tuvieron un proyecto llamable colectivo. Estalló en pedazos, por directa responsabilidad de todos.

Los problemas aparecieron desde el comienzo. Nunca hubo una izquierda sino varias, directamente derivadas del europeo centrismo y sus líneas internacionales. A la Tercera Internacional del PC soviético, de Stalin y compañía, le siguieron las muchas tendencias trotskistas, luego los maoísmos y todas sus fracciones hasta el llamado “pensamiento del camarada Gonzalo”. Si a todas les sumamos las fracciones internas de cada una como consecuencia del principio de división a partir de la absurda oposición entre revolucionarios dueños de la verdad y contra revolucionarios agentes del enemigo de clase, el grado de fraccionamiento de la llamada izquierda llegó a la casi atomización. Recuerdo que en 1979, hubo en el país alrededor 19 fracciones dentro de las organizaciones maoístas.

Hubo una excepción extraordinaria en el país: el Partido Socialista de José Carlos Mariátegui con su preciosa tesis “Ni calco ni copia, sino creación heroica”. Entre 1928 y 1930, el único modelo de izquierda a seguir en el mundo era el soviético. El amauta pensó la izquierda peruana a partir de nuestra realidad y no del ejemplo europeo a seguir. La singularidad peruana tenía que ver con la población indígena, la tradición colectiva y comunitaria en la sociedad Inca -comunista primitiva, en términos de ese tiempo- y las comunidades de indígenas como embriones de lo que podría ser el socialismo peruano. Aníbal Quijano escribió alguna vez: con los restos del amauta, fueron sepultadas también sus ideas. Por eso, lo primero que hicieron los agentes de la tercera internacional fue llamar Comunista al Partido Socialista de Mariátegui. Cuando en 1965, fue creada la organización Vanguardia Revolucionaria, con la propuesta de retomar aquella propuesta de “Ni calco ni copia sino creación heroica”, al margen de las direcciones internacionales de la izquierda, el sueño socialista reapareció en el horizonte. Lamentablemente, duró muy poco porque sus dirigentes optaron por la facilidad de convertirse en trotskistas y luego en maoístas de todos los colores, en vez de persistir en la vía original de Mariátegui.

Fuente: Diario La Primera (Perú). Sábado 07 de enero del 2012.

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