jueves, 20 de mayo de 2010

DENG XIAOPING Y EL SOCIALISMO DE MERCADO.



Por José Cademartori.

Deng Xiaoping nació en 1904 y murió en 1997. A los 16 años y como muchos otros jóvenes chinos quiso conocer occidente y se trasladó a Francia donde permaneció seis años, como obrero en diversas fábricas y oficios. La guerra había terminado, se iniciaba la Revolución Bolchevique y en Francia, del seno del socialismo, surgía una ala revolucionaria. Influenciado por Zhou Enlai residente también en Francia, ingresó a la organización de los jóvenes comunistas chinos. En 1926 se trasladó a Moscú, donde por más de un año siguió cursos de marxismo. De regreso a China se encontró en 1929 con la ruptura de la coalición con el Kuomintang. La represión y las masacres desencadenadas por Chiang kaisek, llevaron a Deng a encabezar una de las rebeliones armadas desde la provincia de Guangxi. Entre 1934 y 1936 participó en la Gran Marcha y años más tarde, frente a la invasión japonesa, fue designado comisario político en el Ejército de Liberación. Después que en 1949, Mao Tse Tung entrara victorioso a Pekin, Deng pasó a ser uno de los dirigentes importantes del Partido Comunista chino. En el Congreso de 1956 fue elegido Secretario General del Comité Central del PCCH, lo que, a diferencia de otros PC, en el escalafón chino significaba el cuarto lugar, después de Mao Zedong, Presidente del CC, Liu Shaochi, Presidente de la República y Zhou Enlai, Primer Ministro.

Entre 1958 y 1961 la República Popular vivió una serie de fracasos económicos, causados por las políticas vanguardistas impulsadas por Mao relativas a “las comunas populares” y “el gran salto adelante”. Al poco tiempo Deng y otros dirigentes advirtieron estos errores y propusieron su rectificación. Pero, Ling Piao, Ministro de Defensa, y sus partidarios culparon a Deng de ser, junto con Liu Shaochi, uno de “los principales partidarios de la línea de derecha por la restauración del capitalismo”. Desde 1966 y con el apoyo de Mao, se desencadenó una nueva ofensiva ultraizquierdista denominada “gran revolución cultural”, según la cual la lucha de clases al interior de la revolución era la principal contradicción que había que superar para avanzar al socialismo. La campaña se convirtió en una persecusión en todo el país contra numerosos cuadros y militantes fieles a la revolución, pero críticos del rumbo que llevaba. Deng fue depuesto de sus cargos, arrestado y condenado a relegación en zonas agrarias donde permaneció largos años realizando trabajos modestos y donde sufrió varios intentos de asesinato.

Ante el desbarajuste económico y social creado por la “revolución cultural” Zhou Enlai convenció a Mao de reincorporar a Deng a las tareas de dirección del Partido. Alcanzó a estar dos años en esas funciones. A la muerte de Mao, sus enemigos volvieron a la carga y consiguieron destituirlo. En 1978, luego del fallecimiento de Zhou Enlai, el último de los más respetados dirigentes históricos, la lucha interna culminó con la derrota de la facción llamada “la banda de los cuatro”. Deng Xiaoping fue elegido Presidente del Partido. Tenía entonces 72 años, no obstante tuvo fuerzas para encabezar el más profundo viraje experimentado por la sociedad china, después de tres décadas desde el triunfo de la Revolución.

Contrariando la costumbre de otros dirigentes comunistas de mantenerse en la jefatura de por vida, Deng solicitó anticipada y públicamente su reemplazo. Durante su mandato (1978-1984) no se repartieron retratos suyos ni ocupó ningún cargo oficial en el gobierno. Después de su retiro como líder del Partido sólo conservó la presidencia de la Comisión Político-Militar del PC, pero siguió de cerca la evolución del país y expresó su opinión sobre todos los asuntos importantes, entre ellos la rebelión estudiantil de Tienanmen de 1989 que apreció como un peligro para la estabilidad del país. Se dice que por haber adoptado esa posición, una parte de la dirección boicoteó sus pronunciamientos, por lo que tuvo que publicarlos bajo seudónimo. En su testamento donó sus órganos, pidió ser cremado y arrojadas sus cenizas al mar.

Las opiniones de Deng Xiaoping entre 1982 y 1987.

A continuación se presenta un resumen del pensamiento de Deng correspondiente al período crucial 1982-1987. Su fuente es el libro “Problemas fundamentales de la China de hoy”,editado por el PC chino que contiene conversaciones del autor con personalidades extranjeras, intervenciones en organismos internos, discursos e informes partidarios. Son los años en que se está implementando la primera etapa de reformas profundas en la economía, cuya segunda parte continúa en los años noventa. Los textos reflejan las tensiones de la época, los esfuerzos y obstáculos para introducir las nuevas ideas, tanto en la teoría como en su aplicación práctica.

Las cuatro modernizaciones socialistas

En su Informe al 12º Congreso del PC (1982) Deng caracterizó 43 años de la vida del Partido Comunista y los dividió en dos períodos. El primero, (1945-1956) evaluado como “una estrategia correcta y exitosa”, comprendió desde los preparativos para el triunfo de la Revolución Democrática y Antiimperialista en 1949 hasta la culminación de las transformaciones socialistas. El segundo, (1956-1982) lo calificó como un largo período de “vicisitudes y revueltas”. Deng recordó en ese Informe que a partir de 1957 con la imposición de las comunas populares y el gran salto adelante, surgieron serios problemas económicos y el crecimiento se hizo más lento. Entre 1959 y 1961 descendió la producción industrial y agrícola, había poca oferta de artículos de consumo en el mercado, la gente no tenía lo suficiente para alimentarse. En 1962 empezó una recuperación, pero en 1963 y 1964 volvió el estancamiento. Entre 1957 y 1966 el ingreso neto de los campesinos no tuvo mayor aumento. Desde 1966 hasta 1976 tuvo lugar la revolución cultural con nuevos desbarajustes económicos, pero en 1978 se inició el camino de la rectificación y de las reformas profundas.

Hacia 1982 ya se percibían los efectos de los primeros cambios introducidos en los sistemas de producción y distribución agrícola, de los que se beneficiaron millones de campesinos. En ese año el PCCH proclamó el objetivo de las “cuatro modernizaciones socialistas”, que había que introducir en la agricultura, la industria, la ciencia y la técnica y las FF.AA. El calificativo de “socialistas” era esencial pues significaban según afirmó Deng “el rechazo al modo de vida burgués”. En otra de sus intervenciones del mismo año declaró que en el desarrollo económico del país “la agricultura es la base y no debe ser relegada bajo ningún concepto”. En aquel momento el 80% de la población vivía en las zonas rurales, ex istiendo serios déficit en la alimentación. La estabilidad política en el campo era fundamental.

Desde el punto de vista teórico Deng puntualizó uno de los conceptos claves de la reforma: “Más que el valor o el volumen de la producción lo que nos debe preocupar son los resultados económicos”, una clara opción por el concepto de valor agregado en vez del valor bruto de la producción que era el indicador básico en la economía soviética. Este enunciado orientó los cambios que se introdujeron en la planificación centralizada y en la gestión de las empresas socialistas. (Por ese tiempo, el mismo tema se discutía en la URSS y Europa Oriental y se proponía cambios similares, aunque no llegaron a ponerse plenamente en práctica). También ese año Deng mostró una gran preocupación por la escasez de cuadros y propuso realizar concursos para la contratación de personal profesional, dar una mayor importancia a la ciencia y a la técnica, estimulando a las “personas de valía”. Reclamó mayor atención a la capacitación de obreros y empleados y a elevar verticalmente la matrícula de la educación universitaria. Hay que resolver, enfatizó, el déficit de intelectuales y mejorar sus condiciones de vida. El personal científico y técnico debe trabajar en funciones correspondientes a sus conocimientos. Recomendó contratar a extranjeros como consultores en todos los temas.

Distribución, nuevas formas de propiedad y lucha contra el derechismo

En 1983 introduce uno de sus más discutidos aforismos, “ dejar que una parte de la gente se enriquezca antes que el resto”, al que agregó más tarde “y una regiones antes que otras”. Se le atribuye también la frase “enriquecerse es glorioso”, pero ésta no ha sido confirmada. El enriquecimiento es legítimo, afirma Deng, si es como producto del trabajo laborioso, siempre que contribuya al socialismo, al fortalecimiento del país y al mejoramiento general del nivel de vida. Advirtió que “si la distribución se hiciera a la manera capitalista, solamente vivirían en la opulencia unos cuantos, mientras más del 90% de la población seguiría vegetando en la miseria”. Hay que perseverar en el camino socialista, en el que lo esencial es el principio “a cada uno según su trabajo”. Así, concluyó, evitaremos una disparidad abismal entre ricos y pobres. En contraposición al sistema anterior de distribución en el campo, “comer todos por igual de una olla común”, del período de las comunas populares, defiende la introducción en gran escala del sistema de “contrato individual o de responsabilidad personal o familiar" en la agricultura, donde los ingresos dependen del trabajo de cada uno.

En este mismo año después de una visita a Jiangsu, se refiere a los éxitos económicos de la provincia los que atribuye a dos medidas principales. Una, al apoyo de los obreros jubilados de Shangai que aportaron sus conocimientos técnicos a aquella atrasada provincia y dos, al desarrollo de nuevas formas de propiedad colectiva no estatal, aplicables a “las empresas de dimensión pequeña y mediana”. Tales empresas, unas de propiedad colectiva, provincial o municipal y otras de propiedad individual o de grupos, denominadas genéricamente de cantones y aldeas, se multiplicaron, diversificaron la economía rural, fomentaron el comercio y la producción industrial y crearon nuevas fuentes de trabajo para buena parte de la mano de obra sobrante del campo. Este fue, admite Deng, “el mayor logro, que no lo habíamos imaginado en absoluto.” En esa misma ocasión recomienda la descentralización de las decisiones de modo que “cada una de las provincias y municipios debe elaborar sus propios planes concretos y mantenerse al corriente de la situación”. Estas dos innovaciones - las empresas de cantones y aldeas, y la descentralización- formaron parte importante de las primeras reformas económicas.

También en 1983 Deng se refiere a la situación interna del partido y los nuevos problemas surgidos después de 1978: aumento de graves delitos económicos y comunes, abuso de poder para provecho personal, sabotaje y fraccionalismo solapado de los opositores dentro del partido. Recuerda la lucha contra los errores izquierdistas durante la gran revolución cultural. Esta rectificación debe continuar, sostiene, pero a la vez no se puede dejar de lado “la lucha contra el derechismo” ni aceptar “la excesiva tolerancia, indecisión, timidez, blandura y conciliación” con estas tendencias erróneas que muestran ciertos dirigentes. Los que trasgreden los estatutos deben ser expulsados del partido; los que delinquen deben tener las sanciones legales correspondientes. Luego se refiere a los que propagan la “contaminación espiritual” o sea, ideas burguesas, tales como la democracia occidental, la siembra de la desconfianza en el socialismo y en el rol gobernante del partido comunista chino. Algunos, dice, viven criticando al socialismo, pero no al capitalismo, al humanismo socialista, pero no al humanismo burgués. Otros creen que en la actual etapa está bien poner los ojos siempre en “don dinero”. Esta tendencia ha cundido en ciertos círculos literarios y artísticos, llevando a exaltar gustos vulgares y bajos en el afán de obtener ganancias. Deng defiende la apertura comercial al exterior y los intercambios culturales, pero, a la vez, exige “no dejar entrar lo extranjero a ciegas, sin planificación ni selección.” Debemos aprender de los países capitalistas desarrollados todo lo que tienen de avanzado en las ciencias, tecnologías, métodos de administración y gestión económicas, todo lo provechoso en conocimientos y cultura. Respecto de las ideas hay que analizar, evaluar y criticar a la luz del marxismo las diversas corrientes occidentales y no precipitarse a rendirles culto. El dirigente chino reafirma como justa la política de las “cien flores” y de las “cien escuelas” que promovió Mao antes de caer en el dogmatismo, pero, esa política no significa absoluta libertad de expresión, ni menos abstenerse en la lucha ideológica entre el marxismo y el liberalismo burgués. Para evitar los excesos del pasado (en referencia a la revolución cultural) la crítica no debe ser simplista, unilateral, violenta ni brutal, ni recurrir a imposiciones autoritarias.

Las zonas económicas especiales y los peligros de la entrada del capitalismo

En 1984 “el pequeño gran timonel” abandona su cargo como Secretario General del Partido Comunista, pero sigue supervisando activamente la reforma económica y la apertura. Presta atención a las zonas económicas especiales. Ese año se abren al exterior 14 ciudades portuarias, todas medianas y algunas muy grandes, entre ellas Shangai y Guangzhou. Precisa que se trata de zonas económicas y no políticas, pues el poder político, local y central del partido comunista se mantiene con el objetivo de perseguir el socialismo. En su visita a Shenzhen, una de las primeras zonas abiertas, constata “el ambiente de vitalidad y florecimiento que allí reina”, el mejoramiento del orden público, el estímulo a las zonas aledañas y “cómo está volviendo gente que antes se había marchado a Hong Kong”. La construcción avanza a ritmo acelerado gracias a que las autoridades locales tienen mayor margen de autonomía en los gastos. Pondera la elevada eficiencia y rapidez en las obras de construcción, resultados que atribuye a la aplicación del sistema de contrata, con sus respectivas recompensas y sanciones. Las zonas son como ventanas abiertas a las nuevas tecnologías y al arte de la administración. Llega a proponer que en Shenzhen se funde una universidad con inversiones de chinos de ultramar que contrate catedráticos de alto nivel. Que vengan también libremente capitales extranjeros. Al abrir al exterior estas zonas, Deng reconoce que “se está franqueando la entrada a cierto grado de capitalismo”, “esto traerá ciertos problemas, hay cierto peligro, pero no de gravedad”, “las influencias negativas serán fáciles de eliminar”. Puesto que los bienes básicos son propiedad del estado, del pueblo, “ni aunque lleguemos a tener un producto nacional de miles de dólares per capita, podrá surgir una nueva burguesía”. La propiedad social será el sector principal de la economía. Las empresas mixtas con inversión estatal y extranjera, son, en una mitad, de propiedad estatal, de carácter socialista. Además, están los impuestos sobre las utilidades. En las zonas donde se han autorizado capitales extranjeros, el gobierno y el sistema político seguirán siendo socialistas. Unas decenas o unos centenares de miles de millones no sacudirán el socialismo, sino que servirán para complementar su construcción, es su convencimiento.

En el pasado, afirma Xiaoping, descuidamos el desarrollo de las fuerzas productivas. Es cierto que Mao lo intentó, pero con algunos métodos incorrectos. Fue un grave defecto suyo promover la comuna popular, pues no actuó de acuerdo con las leyes del desarrollo socioeconómico. La tarea fundamental de la primera fase del socialismo en la que se encuentra China es el desarrollo de sus fuerzas productivas, pues el socialismo exige eliminar la pobreza. Recuerda que en 1979 él propuso que, siendo entonces el producto nacional bruto per capita de 250 dólares, esta cifra se cuadruplicara a fines de siglo, aunque considerando el aumento de la población, sólo se llegaría a 800 dólares. (Audaz pronóstico para un período tan largo que sin embargo se cumplió plenamente). Pero este no era más que el primer paso. El segundo, a partir del 2000 que duraría de 30 a 50 años, permitiría a China aproximarse al nivel de los países desarrollados. Agilizar la economía y abrirse al exterior serán políticas invariables de largo plazo. Pone como ejemplo de los avances logrados, el caso de Suzhou: allí no hay emigración, la gente ya no se desplaza a Shangai ni a Pekín. Como en otras zonas de la misma provincia de Jiangsu, la gente se siente satisfecha de vivir en su propia tierra. El ingreso per capita ha subido a 400 dólares, la superficie de vivienda se elevó a 20 metros cuadrados por persona, la instrucción primaria se ha generalizado. No hay escasez de alimento ni vestuario, tampoco de artículos duraderos, como televisores. Disminuyen las infracciones a la ley y las actividades delictivas.

No al surgimiento de una nueva burguesía

En 1985 las preocupaciones del “pequeño gran timonel” giran en torno a algunos efectos negativos de la nueva situación. Caracteriza al socialismo chino como el sistema en que las riquezas creadas van a parar en primer término al estado y en segundo lugar al pueblo. La mayor parte de los nuevos ingresos servirá para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes y la otra parte para la educación, la ciencia y la defensa nacional. China no debe liberalizarse bajo ningún concepto, (es decir el libre mercado) ni seguir el camino capitalista de occidente. Eso nos conduciría al caos. A los que propugnan la liberalización burguesa e infringen la ley hay que tratarlos con severidad. Los comunistas no pueden prescindir ni de los ideales socialistas ni de la disciplina partidaria. Advierte que “habremos fracasado si nuestra política genera una polarización”, “si llega a surgir una nueva burguesía”. Puede surgir alguno que otro burgués individual, pero no permitimos que se forme una burguesía como clase. Al plantear que unas zonas progresen antes que las demás “lo hacemos para que ellas, una vez enriquecidas se pongan a ayudar a las atrasadas”. Además a los burgueses se les debe imponer ciertas restricciones, cobrándoles, por ejemplo, el impuesto sobre la renta. Los estimulamos a que contribuyan con dinero para la educación y la construcción de caminos. La primacía de la propiedad social de los medios de producción y la prosperidad común de todo el pueblo, son nuestros principios socialistas básicos. Respecto del 7º Plan Quinquenal en curso, Deng apoya la tasa de crecimiento propuesta. Dice que no es lenta y que un ritmo demasiado acelerado acarrearía muchos problemas negativos. Hay que controlar las inversiones en activos fijos y no extender demasiado la construcción básica, concentrarse en la administración y en el aspecto cualitativo de la producción, conceder importancia a los resultados económicos y a los efectos sociales en su conjunto.

En su intervención ante la Conferencia Nacional del Partido, Deng se refiere al “fomento de la civilización socialista en lo espiritual”. Lo espiritual comprende desde la cortesía, urbanidad, higiene, disciplina, moralidad, belleza del lenguaje, del medio ambiente, hasta el amor a la patria, al pueblo y al socialismo. El pueblo debe estar dotado de nobles ideales, elevada moral, conocimientos culturales y espíritu de disciplina. Advierte que el temor de que China se convierta en país capitalista “no es totalmente infundado”. Las perniciosas influencias del capitalismo y del feudalismo no se han reducido al mínimo posible, incluso han renacido ciertas lacras. En Guandong la prostitución ha cobrado una dimensión grave. Si continúan deteriorándose las costumbres sociales, se pregunta ¿qué sentido tienen los éxitos económicos? Hay que proscribir con firmeza la corrupción, pues se ha llegado al extremo de que hay “hijos de cuadros dirigentes que han caído en el espionaje, revelando informaciones y vendido informes y documentos confidenciales.” Por otro lado, hay que aplicar severas penas a los traficantes de mujeres y niños. Por todo esto- concluye Deng- no soy partidario de abolir la pena capital, especialmente en el caso de delitos económicos particularmente graves. Es necesario educar a los jóvenes en los ideales comunistas y no en la decadente ideología capitalista.

Ese mismo año comienza a estudiarse la relación entre el sistema económico y el político. Deng opina que la reforma de la estructura política tiene que estar a tono con la nueva estructura económica. La reforma política debe tener tres objetivos: Uno, mantener siempre la vitalidad del partido y del estado; dos, superar el burocratismo y elevar la eficiencia del trabajo; y tres, poner en juego, la iniciativa de las entidades de base y de los obreros, campesinos e intelectuales. La reforma debe llevar a la reducción del personal de los organismos del estado, simplificar la estructura administrativa, descentralizar los poderes, ampliar la democracia socialista. La reforma política tiene como problema principal las relaciones entre el partido y el gobierno. El partido debe ocuparse de la disciplina en sus filas en tanto que los problemas de orden jurídico competen al estado y al gobierno. No tenemos tradición de respetar y hacer respetar la ley, por eso es importante educar a la juventud en esta cultura, desde la infancia.

Deng admite ser “un profano en materias económicas” pero cuando habla del tema “lo hace siempre desde el punto de vista político”. En 1986 vuelve a los problemas del campo. En ese momento la producción de cereales tiene un ritmo lento, escasea el grano para la cría de cerdos. Faltan inversiones para mejorar los campos de cultivo. “No debemos volver a importar alimentos en gran cantidad, pues ello pone en peligro las metas para el desarrollo”. Esto lo lleva al tema de las divisas. Su escasez y el balance desfavorable en el comercio exterior existente hasta ese momento, obstaculizan el avance económico, que debe ser prolongado, sostenible y estable. “China tiene mucho que exportar, pero no conocemos muy bien el mercado internacional. Hay que elevar la calidad de los productos, antes desatendíamos la calidad, siguiendo el modelo soviético”.

Para avanzar en las reformas hay que liberarse de un enorme fardo que llevamos a cuestas: el gasto excesivo por concepto de subsidios a las empresas (estatales) para compensar sus pérdidas. Este problema debe resolverse en forma planificada y metódica. Hay que descentralizar los poderes y conceder autonomía a las empresas para que se sientan comprometidas y asuman responsabilidad por la gestión. En estos últimos años hemos ensayado en algunas fábricas con gran éxito el sistema de responsabilidad personal del director de la fábrica.

Liberalización burguesa y occidentalización de China

En 1986 en una sesión del Comité Central interviene nuevamente sobre la necesidad de luchar contra la liberalización burguesa. Le preocupa la influencia de esta ideología entre las masas y especialmente los jóvenes. Hace falta una actitud firme en contra de ella. Piensa que esta lucha continuará veinte años, a lo menos. La democracia sólo puede desarrollarse gradualmente y no debe calcarse lo que se hace en Occidente. Se refiere a los disturbios estudiantiles que ya tienen lugar en ese momento y se puede apreciar que es un anticipo de la posición que adoptará frente al movimiento contrarrevolucionario de 1989. “Frente a ellos, adoptamos principalmente el método de la persuasión, lo cual es necesario, pero si resulta afectado el orden público y se cometen infracciones de la ley penal, se impondrán medidas enérgicas”.

Durante 1987 continúa su preocupación por la agitación juvenil. Dice que los manifestantes no pasan más del 1 o 2 por ciento de todos los universitarios del país. “No tienen grandes repercusiones ni pueden derrumbarnos”. Explica que la debilidad de Hu Yaobang frente a la ofensiva de la liberalización burguesa, es la razón de porqué fue desplazado de su cargo como Secretario General del Partido. Concluye que hace falta persistir y educar en los cuatro principios fundamentales,- el camino socialista, la dictadura democrática popular, la dirección del Partido Comunista y el marxismo leninismo con el pensamiento de Mao Zedong. Junto con rechazar el camino capitalista, -la occidentalización total de China- y exigir las sanciones partidarias a quienes la propugnan, Deng reitera que la lucha en los próximos decenios es por erradicar la pobreza y que la meta para mediados del siglo XXI es colocar a China entre los países de mediano desarrollo, pero sin olvidar que se trata de un crecimiento con una “distribución socialista de los ingresos”. Considera que era un planteamiento absurdo el sostenido por “la banda de los cuatro” de preferir un socialismo de pobreza frente a un capitalismo de abundancia. Si bien el repudio al capitalismo de abundancia tiene justificación, replica Deng, en ningún caso tiene sentido mantenerse en un socialismo de pobreza.

Los aportes de Deng Xiaoping a la construcción del socialismo chino.

Lo que hoy se denomina oficialmente en China “la teoría de Deng Xiaoping” tiene como antecedente a Lenin, el fundador de la economía política del socialismo. Particularmente las tesis leninistas del período de la Nueva Política Económica que Deng conoció en su aplicación práctica durante su permanencia en Moscú. Muchos han visto con razón, en la NEP, una anticipación de las ideas de reforma y apertura de Deng. Al igual que Lenin, Deng ejerció permanentemente la crítica tanto contra las desviaciones de izquierda, como las de derecha, acentuando aquellas de mayor peligro, según las circunstancias de cada período. Del mismo modo que Lenin y también Mao Zedong, Deng puso énfasis en que la construcción del socialismo debía tener en cuenta las condiciones nacionales de cada país y no limitarse a copiar las prácticas de otros.

Se podría destacar entre las particularidades chinas, la elevada densidad de la población del país, una de las más altas del mundo y, a la vez, una de las más reducidas dotaciones de recursos naturales por habitante; el peso de las prácticas burocráticas enraizadas en uno de los estados más antiguos de la tierra; las no tan lejanas reminiscencias feudales; una emigración que da origen a una moderna burguesía china “de ultramar”, (Hong Kong, Singapur, Taiwán, Indonesia, etc) una parte de la cual exhibe un orgullo patriótico que atempera su antisocialismo; la existencia de una población rural aún fuertemente mayoritaria en comparación con la población urbana; una muy baja productividad del trabajo agrícola y pobre rendimiento de la tierra; un campesinado con una larga tradición de lucha; y un proletariado industrial joven, en crecimiento, pero que constituye todavía una minoría social.

Deng enfatizó el atraso material secular de China y en función de esa realidad trazó las metas económicas y los plazos de largo alcance, necesarios para superarlo. Su pronóstico de que se necesitarían 100 años para que el socialismo chino proporcionara un nivel de vida promedio equivalente a un país capitalista de mediano desarrollo, va camino de cumplirse. Partiendo de este atraso material Deng acuñó el concepto de “etapa primaria” del socialismo. Una novedosa tesis, a ser tenida en cuenta en los países más atrasados y poblados del tercer mundo, tesis que reconoce la existencia de varias fases históricas en el camino socialista.

El "pequeño gran timonel" se declaró, modestamente, como un profano en economía, pero agregó que eso no le impedía hablar de economía desde el punto de vista político. Esto recuerda la visión leninista de la primacía de la política sobre la economía. Lenin nunca presentó una teoría acabada del modelo económico socialista, a pesar de sus amplios conocimientos y experiencia de esta materia, sino que sus análisis fue siempre partiendo de la realidad, su evolución y los desafìos que presentaban. Deng tampoco formuló una teoría previa y completa sobre la nueva estructura que proponía para la economía china. Reconoció que su contribución a las reformas era sólo una entre otras presentadas por sus colegas. Fue tal vez el primer estadista marxista que promovió un debate creador entre economistas y otros profesionales, académicos y expertos, los cuales, por su parte, utilizaron ampliamente los conocimientos y los métodos avanzados de la ciencia económica y administrativa, tanto de Occidente como de Oriente, entre ellos los experimentos pilotos, las encuestas y las iniciativas exitosas desde la base, las localidades y provincias, combinando así teoría y práctica.

Es inevitable la comparación entre la perestroika de Gorbachov y el retroceso al capitalismo de Yeltsin y las reformas de Deng. Para algunos la diferencia estuvo en el estilo "shock" de los rusos y la "gradualidad" de los chinos. Más bien podría afirmarse que mientras los primeros renunciaron al rumbo al socialismo y renegaron del papel dirigente del PC, Deng y sus seguidores mantuvieron el objetivo socialista y el poder político del partido comunista. Mientras la perestroika fracasaba y el régimen de Yeltsin promovía el derrumbe del socialismo, la apertura a un capitalismo caótico y corrupto, las reformas de Deng superaron las crisis del socialismo burocrático, abrieron un espacio a un capitalismo controlado, mejoraron las condiciones de vida del pueblo y afianzaron el poder del estado socialista, bajo la dirección comunista.

Deng hizo particulares aportes a la idea original de Lenin acerca de la coexistencia pacífica entre el capitalismo y el socialismo, como el camino más adecuado en el ámbito internacional. Unilateralmente, China redujo en un millón el número de sus efectivos militares y avanzó en la solución pacífica en los diferendos con sus vecinos. Acuñó el concepto "un país, dos sistemas" como una salida original para la integración de Hong Kong, Macao y Taiwán al estado chino, demostró su factibilidad en los dos primeros casos, restando por aplicarse en el último.

Pero, las complejas e inéditas relaciones entre el capitalismo y el socialismo en la actual fase histórica de la globalización, también fueron reformuladas por Deng en el plano interno. En 1979 afirmó que dentro del país podía existir “una economía de mercado bajo el socialismo”, cuestión que en ese tiempo, y aún hoy, algunos consideran como una herejía o un imposible. En 1984 Deng planteó que China podía construir una economía mercantil planificada, sobre la base de la propiedad pública. En 1992 en una de sus últimas manifestaciones se adhirió a la tesis de que la planificación y el mercado no eran sinónimos de socialismo y capitalismo, sino que instrumentos a ser utilizados en ambos regímenes. Por tanto la diferencia entre los dos sistemas no estaba allí, sino en el carácter de la propiedad hegemónica de los medios de producción, (social o privada) y la forma de distribución en cada uno de ellos, siendo en el socialismo el principio relevante, “a cada uno según su trabajo”.

Lenin durante la NEP había argumentado que la utilización de formas mercantiles eran inevitables para superar el atraso y la miseria de Rusia. Estaba consciente que ello podía favorecer la restauración capitalista. Por eso, la permanencia del rumbo al socialismo necesitaba ciertas salvaguardias, económicas, políticas e ideológicas, las que definió explícitamente. Por su parte Deng apostó a la posibilidad téorica y práctica de proseguir la construcción de una sociedad socialista con las características de China, mediante la participación de un sector capitalista privado, incluido el capital extranjero y las multinacionales, pero bajo la dirección independiente y el control político del estado y del partido, como condición esencial, mediante la regulación y el control de los mercados, para superar y corregir sus conocidas falencias.

Todo lo ocurrido en China después de 1997 ya no tiene relación directa con la gestión personal del líder fallecido. Pero las teorías de Deng Xiaoping siguen marcando el rumbo del estado chino. Ahora es posible concluir que los éxitos han sido innegables, pero que se han acentuado algunos de los peligros por él previstos. Otros, como los problemas ecológicos fueron subestimados en sus apreciaciones. En primer término, las desigualdades económicas han ido más lejos de lo que él suponía. Las disparidades en los ingresos y la riqueza personal se han profundizado. Las diferencias entre los niveles de vida en las provincias de la costa y del interior del país, entre obreros y campesinos y aún dentro de las ciudades se han incrementado. La agricultura se retrasa en su modernización y crecimiento y hay descontento en amplios sectores campesinos. Las influencias perniciosas del consumismo y del individualismo están desatadas, particularmente por la publicidad transnacional. La corrupción continúa siendo un tema preocupante y afecta hasta las altas esferas gobernantes. Han irrumpido con fuerza las consecuencias de un industrialismo primitivo y descontrolado que daña seriamente el medio ambiente, los recursos naturales y la salud humana. La influencia negativa de la ideología neoliberal entre funcionarios y profesionales y difundida por centros universitarios extranjeros, ongs y organismos internacionales, no es suficientemente combatida. Las tendencias privatizadoras se extendieron a la educación y la salud.

Todos estos problemas son reconocidos al interior de China, discutidos abiertamente en la prensa, entre los académicos, dentro del partido comunista, en el gobierno. Las nuevas autoridades que asumieron en el 2002, encabezadas por Hu Jintao los han denunciado y hacen notorios esfuerzos por superarlos. Deng anticipó en 1982 que la lucha contra la liberalización burguesa duraría a lo menos 20 años. Al parecer continuará aún mucho más tiempo, antes que el socialismo se afiance definitivamente en China.

A treinta años desde el trascendental viraje, la estrategia de Deng Xiaoping continúa vigente. Durante las últimas tres décadas son indiscutibles los avances logrados en el crecimiento y modernización de su economía, el fortalecimiento del estado y el mejoramiento general de las condiciones de vida de muchos millones de seres humanos. Los éxitos del socialismo de mercado chino, pese a sus falencias y resultados desiguales, merecen estudiar la obra innovadora de este gran estadista chino, dejando de lado prejuicios y apologías. La vertiginosa modernización socialista de China no sólo concierne a Asia, sino que genera impactos en todos los continentes. Por sus dimensiones es ya uno de los cambios planetarios más importantes de esta época.

Cortesia: http://www.plumaypincel.cl/index.php

lunes, 17 de mayo de 2010

Impunidad


Por Fernando Rospigliosi

Lo más reciente –y nauseabundo- es lo sucedido esta semana en el Congreso, donde la poderosísima alianza por la corrupción, que incluye a todos los grupos políticos, procedió a un lavado general de acusaciones.

Unidos en la corrupción

El fujimorista Carlos Raffo, requerido por el Poder Judicial para que responda por los cientos de miles de dólares que recibió de Vladimiro Montesinos para la campaña de Alberto Fujimori en el 2000, fue amparado por congresistas de todas las bancadas.

No sólo los socios apro-fujimoristas lo respaldaron, sino también los parlamentarios de la mal llamada oposición, con diversos subterfugios.

Así, al amparo de su inmunidad parlamentaria, Raffo goza de impunidad y no tendrá que responder ante la justicia por los latrocinios cometidos.

El oficialismo respondió con la misma moneda, evitando que se le levante la inmunidad al humalista Miro Ruiz, acusado de disparar con un arma sin licencia, delito que conlleva pena de cárcel efectiva. Pero en el Perú las leyes se aplican a los ciudadanos de a pie, no a los políticos corruptos.

El “Lentopolitano”

Simultáneamente, la alianza por la corrupción decidió, en la Comisión de Fiscalización del Congreso, anular una resolución anterior que establecía la formación de un grupo especial para investigar las irregularidades en la construcción del Metropolitano, a cargo del municipio de Lima que dirige Luis Castañeda.

Como se recuerda, por boca del propio vocero del municipio se supo hace algunas semanas que la obra había duplicado su precio sin justificación alguna. Y se trata de cifras mayores, unos 800 millones de dólares.

El bien llamado “Lentopolitano”, además, marcha a paso de tortuga.

Por supuesto, en cualquier Congreso razonable eso ameritaría una investigación. Pero no en el corrupto Parlamento peruano, el peor del que se tenga memoria.

El faenón congresal continuó esta semana con la presentación de tres informes sobre los sucesos de Bagua del 5 de junio del año pasado, donde murieron 34 personas, incluyendo 24 policías. Todavía no se han llevado al pleno los informes, pero el resultado no deja lugar a dudas: no habrá responsables de la peor matanza ocurrida en un asunto de orden público y de la peor masacre de policías en la historia del país.

Quizás al final, algún policía, probablemente el general Luis Muguruza, será llevado al Poder Judicial. Pero los políticos incompetentes y corruptos quedarán impunes.

Impunidad para el narcotráfico

En el Parlamento tampoco ha avanzado un milímetro la investigación sobre los vínculos con el narcotráfico de la congresista Nancy Obregón (ver esta columna del 28 de marzo). Están esperando, sin duda, que la corrupta maquinaria de impunidad funcione también en el Poder Judicial, como viene sucediendo.

Los testigos que acusaban al conviviente, la madre y hermanas de Obregón ya se retractaron -como ocurre en muchísimos casos de narcotráfico- y el fiscal que está ahora a cargo del caso es nada menos el mismo letrado que oficiaba de abogado de los acusados hace dos meses. (“Se retractan los acusadores del ex conviviente de Obregón. Abogado que los convenció de cambiar su versión ahora es fiscal de Tocache”, El Comercio, 13.5.10).

Faenón redondo. Ahora limpiarán a Obregón en el Congreso con el pretexto de que las acusaciones han quedado desvirtuadas en el Poder Judicial.

El saqueo continúa

Con la certeza de la impunidad, el asalto al erario público sigue con toda desfachatez. Gustavo Gorriti ha revelado que la compra del Ministerio del Interior de portatropas sobrevaluados en dos millones de dólares continúa, y ya se pagó un adelanto. (“Cutras de Córpac”, Caretas, 6.5.10).

El proceso judicial a los chuponeadores de BTR ha sido contaminado por la manipulación de los audios. Si no fuera por el escándalo, los implicados estarían libres. Pero poco se puede esperar del juicio.

El expediente de Cofopri desapareció, y no hay responsables. Con lo cual, el juicio que viene probablemente tendrá bases endebles.

Pero no hay novedad en esto. ¿Alguien se acuerda de los archivos del Ministerio de Salud de la época de Hernán Garrido Lecca robados en camión? ¿Alguien recuerda al aprista señalado como responsable por los testigos?

¿Y José Enrique Crousillat? ¿Y alguien se acuerda ahora del escándalo de Alas Peruanas que involucraba a jueces y parlamentarios apristas? Y así hasta el infinito.

En síntesis, con una bien ganada experiencia en corrupción e impunidad en su primer gobierno, el Apra ha tenido éxito en terminar de infectar el sistema político y las instituciones que caen bajo su control.
Cortesia:Diario la Republica

miércoles, 12 de mayo de 2010

¿Cómo lo hacen?



Las recientes denuncias con respecto a las transacciones inmobiliarias de Jorge del Castillo deben llamar nuestra atención sobre el origen de la fortuna de nuestros políticos. En la historia reciente ha quedado registrada la prosperidad patrimonial de dirigentes políticos, que pueden ser candidatos presidenciales como Alan García u Ollanta Humala, alcaldes como Salvador Heresi, para terminar esta lista con un alto dirigente del aprismo.

Parece que el éxito inmobiliario acompaña el crecimiento en política. Por ello, Alan García nunca explicó cómo hizo para financiar sus primeras propiedades, ni aquellas que hoy son ya una leyenda urbana, como el departamento en París o la casa de playa. Recientemente, Ollanta Humala tampoco pudo explicar el origen de los ingresos con los que solventa la adquisición de una casa en Higuereta, como tampoco puede explicar el suntuoso ritmo de vida que acostumbra llevar. Y finalmente, Salvador Heresi jamás explicó cómo pudo adquirir siete propiedades cuyo valor de tasación es cerca de dos millones de dólares. Sin olvidar al ex ministro de Vivienda capturado pretendiendo sacar dinero no declarado de Estados Unidos.

¿Cómo lo hacen? ¿Cuál es el negocio? La transparencia de nuestros políticos debería ser una exigencia ciudadana. A la política se debe llegar a aportar luego de haber demostrado cierto éxito profesional o empresarial. Lamentablemente, hay muchos que han hecho de la política un medio de vida, una forma de lucrar y no de contribuir a la sociedad.

¿Sabemos de qué vive Alex Kouri? ¿Ollanta Humala tiene algún ingreso conocido además de su pensión de militar en retiro? ¿Luis Castañeda vive sólo con su sueldo de alcalde? ¿Quiénes son los que financian las campañas de los candidatos? Nuestros políticos están acostumbrados a no rendir cuentas ni a dar explicaciones, muchas veces en contubernio con alguna prensa cómplice que presta oídos a explicaciones sin sentido. Esta situación debe tener una alternativa.

Vemos un creciente rechazo ciudadano a la corrupción. Esperemos que esta reacción se traduzca finalmente en una correcta elección de autoridades..

martes, 11 de mayo de 2010

Por qué no hay más opción que resolver la crisis griega



La principal responsabilidad de la crisis griega recae en Grecia, pero las autoridades de la zona euro también tienen parte de culpa. Han permitido que un problema local degenere en una crisis sistémica de toda la zona. Los gobiernos no han indicado claramente que estén dispuestos a ayudar a Grecia. El Banco Central Europeo, a su vez, ha generado dudas sobre la idoneidad de la deuda del Gobierno griego como aval para la provisión de liquidez. Cuando la clasificación de la deuda soberana griega quedó rebajada a BBB+, las instituciones financieras se deshicieron de los bonos del Estado griegos, lo cual precipitó la crisis. Incertidumbres similares penden como una espada de Damocles sobre los mercados de bonos del Estado de los países más débiles de la zona euro.
A largo plazo, es posible que la zona euro necesite crear un Fondo Monetario Europeo. A corto plazo, es imprescindible que se ponga fin a la crisis de la deuda del Gobierno griego, por tres motivos. Primero, si se permite que la crisis griega desemboque en una situación de impago, se corre el riesgo de generar una epidemia que afectaría a otros mercados de bonos del Estado de la zona euro.

Segundo, la epidemia contagiaría al sector bancario de la zona euro. Muchos bancos han empezado a recuperarse de la crisis bancaria solicitando préstamos a corto plazo e invirtiendo en bonos del Estado. Una crisis de los bonos del Estado provocaría grandes pérdidas, y posiblemente otra crisis bancaria.

Tercero, la consecuencia podría ser una fuerte subida de la rentabilidad de los bonos del Estado en varios países. Esto obligaría a los gobiernos a recortar las políticas fiscales, lo que tendría un efecto deflacionario y se correría el peligro de sumir las economías de la zona euro en una recesión aún más profunda después de una ligera recuperación.

Las autoridades de la zona euro se enfrentan ahora a una elección entre dos males. El primero se deriva del riesgo moral. El segundo mal surge a raíz de los efectos contagiosos que tendría el permitir que Grecia incumpla los pagos relacionados con el sistema bancario y las políticas macroeconómicas de la zona euro. Las autoridades tienen que elegir el mal menor, que en este caso es el segundo.

Aunque no cabe duda de que la crisis debe atajarse cuanto antes mejor, se ha cuestionado la legalidad y la capacidad financiera de la Unión para organizar un rescate económico. La cláusula antirescate es mucho menos restrictiva de lo que suele afirmarse. Y Grecia es relativamente pequeña comparada con la zona euro en conjunto.

Otro elemento que falta es una posible declaración del BCE acerca de su política de garantías. Se mantiene la incertidumbre sobre lo que hará el BCE en los próximos meses con la deuda pública griega. El BCE debería indicar claramente que seguirá aceptando la deuda del Gobierno griego como garantía, independientemente de las clasificaciones elaboradas por los organismos pertinentes.

La experiencia que ahora tenemos con la política del BCE respecto a la idoneidad de los bonos del Estado como aval para las inyecciones de liquidez nos lleva a la conclusión de que hay una necesidad urgente de que el BCE cambie de política. Más concretamente, el BCE debería interrumpir su política de encargar los análisis del riesgo de los países a organismos de clasificación estadounidenses. Estos últimos tienen un historial pésimo. Depender de dichos organismos es simplemente inaceptable. Contribuye a desestabilizar los mercados financieros en general y la zona euro en particular. Está claro que el BCE no debería ser una fuente primaria de inestabilidad financiera en la zona euro. El BCE está más preparado que los organismos de clasificación para la labor de analizar la solvencia de los Estados miembros de la zona euro. Cuenta con un conjunto de analistas altamente capacitados que son igual de competentes o más que los que trabajan para los organismos de clasificación.

A la larga, se necesita una reforma mucho más profunda que deje claro que los miembros de la zona euro se toman en serio su deseo de preservarla. De lo contrario, pocas dudas puede haber de que la eurozona no tiene futuro.

*** Paul De Grauwe es catedrático de Economía en la Katholieke Universiteit de Lovaina (Bélgica). Traducción de News Clips.

Crisis financiera en Grecia



La hecatombe helénica pone en riesgo a la UE; rescate inminente

Las dificultades financieras de Grecia hacen temblar a la zona euro. Urge un rescate financiero pero la posibilidad abre un abanico de supuestos políticos y económicos.

El sistema financiero internacional pasa por un nuevo momento crítico de esta ya larga crisis financiera que a su vez ha producido una fuerte recesión mundial, sin precedentes en las décadas recientes. El epicentro del nuevo terremoto financiero está en Grecia, país que tiene una deuda pública que supera en 13,4% su Producto Interno Bruto en 2009. Por si esto fuera poco, el déficit fiscal de 12,7% excede con creces lo que la Unión Europea puede permitir a sus países miembros.
Un fantasma recorre Europa

La crisis crediticia ha puesto en serios aprietos al Gobierno de Yorgos Papandreu, primer ministro griego, recién arribado al poder ejecutivo de dicha nación en octubre de 2009. Pero no sólo Grecia se mece bajo el fantasma de la bancarrota pública total. Si los griegos dejan de cubrir sus obligaciones crediticias, el sistema europeo de pagos puede correr el riesgo de colapsarse y con ello, arrastrar al euro a la caída (como de hecho ha venido ocurriendo).
Alemania y España observan

La Unión Europea lleva varias semanas tomando nota de ello. Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo tiene horas extras los últimos días tras salir apresurado de Davos hacia Atenas para entrevistarse con las autoridades monetarias y económicas de Grecia y trabajar en un plan de ajuste.

Hay dos economías especialmente atentas a lo que ocurre en la península helénica: la Alemania de Merkel (cuya banca privada está íntimamente relacionada con los compromisos crediticios de Grecia) y la no menos venida a menos España de Zapatero, que arrastra también un gran déficit público y un desempleo que ronda el 20% de la población en edad laboral.
Razones de la crisis

Vayamos por partes. ¿Cómo y por qué creció exponencialmente la deuda pública de Grecia y por qué entró en crisis su sistema de pagos? Hay tres vertientes, según analistas de CNN, que podrían explicar el caos: una de ellas centra su atención en el desmesurado gasto público ejercido durante la administración anterior, la de Kostas Karamanlis, al que se recuerda por la crisis política vivida tras la represión a jóvenes activistas en Atenas y Salónica hacia finales de 2008.


Según los expertos, el Gobierno anterior creció las partidas presupuestarias en forma irresponsable y frecuentemente recurrió al endeudamiento como herramienta para financiar sus proyectos, sobre todo en los años anteriores al crack de octubre de 2008, cuando las facilidades prestatarias de la banca privada eran la norma.
Maquillaje de cifras económicas

Asimismo, se puede encontrar otra razón de peso en la fragilidad del sistema tributario griego, donde predomina la evasión y la falta de una estructura recaudatoria sólida. Por último, cabe destacar que recientemente, el presidente del Comité de Ministros de Economía de la Unión Europea, Jean Claude Juncker, reveló que la administración de Karamanlis además había maquillado cifras económicas en aras de justificar la contratación de deuda.

Lo anterior provocó que las agencias calificadoras redujeran la nota que otorgan a la deuda soberana griega, en comparación sobretodo con la deuda más segura de la región, la alemana, según datos de Moody´s. Es en este sentido que el Gobierno de Merkel en particular ha puesto tanto énfasis en un plan de rescate para el Gobierno griego, puesto que la estabilidad del euro pendería de un hilo si se desequilibra el sistema de pagos entre los bancos centrales y la banca privada.
UE al rescate

Y este programa de rescate se ha complementado con un ajuste muy riguroso que la UE ha impuesto al Gobierno griego. Las medidas incluyen reducir drásticamente el déficit fiscal, a lo que Papandreu se comprometió, prometiendo descenderlo a 4% a finales de 2010. Asimismo, se ejecutará un plan de austeridad durísimo que perjudicará a la burocracia, sistema educativo y en general a la población de un país que de por sí ha sido golpeada por el desempleo abierto, de cerca de 11%.

El problema es el delgado clima de tensión social, pues desde el jueves 11 de febrero estalló una huelga general que prácticamente paralizó al país, suscrita por el 80% de la burocracia gubernamental.

La situación se ha complicado. Los 53.000 millones de euros que, según Papandreu, se necesitan para restructurar la deuda podrían no ser suficientes para mitigar el descontento que amenaza con convertirse en estallido social. La Comisión Europea, a través del artículo 122 del tratado de la UE, cuenta con facultades para tomar medidas por un gobierno de la zona, en determinado caso de que "el suministro de algunos productos básicos, como los energéticos, se vea coartado".
Política internacional

Aquí entra en escena la política internacional como praxis. ¿La soberanía de un país en riesgo se verá totalmente mancillada por la orquesta alemana de recomposición económica? Sólo una cosa parece segura; si la UE no sale de esta situación profundamente debilitada, lo hará convalidando que un ente supranacional es una opción viable en el mundo globalizado.



*** El artículo Crisis financiera en Grecia, publicado en Economía Eurozona pertenece a Sergio Humberto.

sábado, 8 de mayo de 2010

El capitalismo mafioso



Por Alberto Adrianzén (*)

Imagínese estimado lector que la Banda de los Retacos o que el Cartel de Tijuana sean las “instituciones” calificadoras del Poder Judicial en los países de la región. Sin duda esa idea es un disparate, pero cuando se analiza lo que sucede hoy con la más famosa empresa financiera y calificadora de riesgo, Goldman Sachs (GS) –una compañía fundada hace 140 años en EEUU y endiosada en nuestro país–, esa propuesta no parece tan lejos de la realidad.

A mediados de abril la Comisión de Bolsa de Valores (SEC, por sus siglas en inglés) presentó una demanda en la que acusa a GS de estafa. Según un artículo de David Brooks, GS “vendió un instrumento de inversión basado en hipotecas subprimes –las acusadas de llevar a la implosión financiera– a un grupo de clientes mientras otra parte de la empresa apostaba a que estas mismas inversiones se desplomarían”.

El 26 de abril el presidente del Subcomité Permanente del Senado de los EEUU, Carl Levin, afirmó que las presuntas actividades ilegales de GS iban más allá del caso de títulos hipotecarios ya que esta empresa ideó no uno, sino una serie de negocios complejos que le dieron ganancias por más 3,7 mil millones de dólares. La denuncia penal contra GS marca un nuevo hito en la crisis capitalista, ya que puede consolidar el fin de la desregulación financiera iniciada por Reagan.

En realidad, dice el economista Alberto Graña, “lo que se ha quebrado con esta crisis no es solo una forma especulativa –y dolosa– de hacer ganancias, sino también un sistema en el que tanto el Estado como algunos grupos privados cumplieron determinados roles. Ello no hubiera sido posible sin el concurso de las calificadoras de riesgo, que ganaban comisiones. También, mencionaremos a las aseguradoras, pieza esencial para protegerse del riesgo de incumplimiento en un modelo rentista de generación de ganancias mediante el cual las deudas hipotecarias se empaquetaron y se convirtieron en títulos de bolsa”.

Lo que hoy sucede en EEUU se explica porque seis megaempresas (Goldman Sachs, Morgan Stanley, JP Morgan Chase, Citigroup, Bank of America y Wells Fargo) controlan el 60% del PBI de ese país (en los noventa tenían menos del 20%). Toda una “oligarquía financiera” como afirma Simon Johnson, ex economista en jefe del FMI.

Sin embargo, lo que importa anotar son dos temas: el primero es que el GS es una empresa “acostumbrada al mecanismo de la puerta giratoria de entrada y salida del sector privado al público y viceversa, gracias al cual tiene gente bien colocada en el Tesoro Público y en el Banco de la Reserva Federal” (Randall Wray); el segundo, es la falta absoluta de regulación en el mercado, aspecto que el presidente Obama intenta solucionar parcialmente con una reforma del sistema financiero.

En realidad, estamos frente a un capitalismo rentista y mafioso comandado por grandes empresas que tienen como operadores a directivos bien pagados por sus nexos con el poder. Un ejemplo es Robert Rubin, ex director de Citigroup y ex Secretario del Tesoro en el gobierno de Bill Clinton, que recibió la “modesta” suma de cien millones de dólares en remuneraciones cuando abandonó el Citigroup. Rubin también trabajó para GS, lo mismo que Harry Paulsen que fue igualmente Secretario del Tesoro en el gobierno de George Bush. Paul Krugman ha llamado a GS (y me imagino que al resto de empresas similares) los “saqueadores con mocasines”. Para el Premio Nobel, saquear no es otra cosa que “el hampa económica de la bancarrota con ánimo de lucro”.

Lo que ocurre en EEUU no es muy lejano a lo que existe hoy en el país. Aquí también hay grandes empresas acostumbradas a la modalidad de la “puerta giratoria”, sus directivos transitan con facilidad del sector privado al público y viceversa, promulgando leyes que benefician siempre a unos pocos; y la falta de controles a la economía brilla por su ausencia. Por eso podemos concluir que finalmente hemos llegado al “primer mundo”. Lo que nos “iguala” es el saqueo como la lógica principal del capitalismo.

Cortesia: diario La republica