sábado, 30 de abril de 2011

El colmo de la indignidad es premiar a la hija del ladrón y asesino

Columna publicada en Hildebrandt en sus trece el viernes 29 de abril de 2011.

En este oficio artesanal de tratar de encontrar la verdad que a pocos importa y las mentiras que ya no escandalizan, el único mérito que me concedo, digo, es no haber cedido a la tentación del medio: resígnate, así es el Perú, tolera lo que todos, créele a los idiotas de la derecha, a los que hacen negocios turbios y a la vez editorializan en relación con “los valores de la democracia” (cuando la verdad es que se zurran en ella y en lo que significa).

Naces en este país hermoso y complicado y la primera sugerencia que te asalta es la del estoicismo: quédate quieto, tranquilo hermano, así es esta vaina, esto no lo arregla ni el sillau. Y se te puede pasar la vida haciéndote el de la vista gorda, haciéndote el loco y asistiendo con cara de palo a las grandes mecidas.

- Nada puedes hacer, esas son las reglas –susurra el aire tóxico de Lima-.

- Esto no lo ha cambiado nadie –remacha una sombra, la sombra de lo que pudiste ser-.

Me van a perdonar pero yo jamás creí en eso. Jamás hice el muertito en el mar de los sargazos de las voluntades, quebradas o roídas. ¿Por qué? Porque siempre creí que en el país de las cabezas gachas había que mirar lo más lejos que se pudiera. Porque viendo a las hormigas a uno le dan ganas de volar.

Porque hay belleza en la rebeldía y una flácida fealdad en el conformismo. Porque, en fin, siendo un viejo creyente del agnosticismo siempre he pensado que Jesucristo fue un hombre revoltoso asesinado por el orden imperante.

Y que sin la rebeldía de Cáceres habríamos detenido nuestra historia en el mísero Iglesias. Y que sin la rebeldía de De Gaulle los franceses habrían tenido que arrastrarse junto a Petain, ese gran derechista pro nazi.

Mi generación ha fracasado. Pudimos tener a un refundador del país y construimos a García. Pudimos tener a un inconforme consagrado por las multitudes, a alguien que estuviese más impulsado por el amor que por el odio, pero nos detuvimos en Robespierre y en sus encarnaciones criollas.

Pudimos tener un país y lo que permitimos fue un mall. Ahora la pelota está en el tejado de los jóvenes. De ellos dependerá que este país cambie de verdad.

Hace como mil años que vivimos hablando en voz baja, consintiendo.

Hablamos bajito cuando los incas podían desollarte. Y más bajito cuando los españoles te podían trocear. Y todavía con murmullos cuando fuimos libres de boca para afuera pero súbditos de los sucesivos caudillos que creían que el Estado era un bien raíz y una chacra para los amigotes. Así fuimos haciendo esta gran Aracataca. Macondio hicimos.

Pensar era –y es- una anomalía. Disentir, una provocación. Rebelarse, una extensión de la locura. En un país dominado por la injusticia hablar de la injusticia te podía costar El Frontón. Y luchar contra ella la vida.

Frente a un Túpac Amaru hubo cien Piérolas creando sus propios califatos. Porque el miedo a la libertad no es sólo el título de un libro de Fromm. Es la consigna que la derecha le ha impuesto al Perú. Está en su escudo desarmado y en sus genes vendedores mayoristas de su propio país.

- Todos roban –te dicen-. Y eso es casi una invitación a robar. Porque si todos roban, ya nadie roba.

- Aquí no hay castigos ni recompensas, todo se olvida –te muelen repitiéndolo-. Y eso es otra incitación a la impunidad.

Lo criollo es también esta salsa espesa de quietud egoísta. Las verdaderas tradiciones peruanas no son las de Ricardo Palma: son decir sí y estar en la foto.

¿Exigir cambios? Eso es –dicen los que cortan el jamón y los idiotas de sus services- de chavistas, rojos, perfeccionistas, amargados y renegones. En el Perú la ira de los pobres se combate con misas o balazos y hay un estoico agazapado en cada futuro, detrás de la maleza de los días.

Y cuando estemos lo suficientemente ablandados, vendrá el tiro de gracia. Y cuando venga el tiro de gracia, cuando ya no pienses sino en ti mismo y bailes solo en la loseta ínfima que te asignaron, ese será el día final de tu hechura: serás uno de ellos. Hablarás como ellos, maldecirás como ellos, venderás como ellos. Y, sobre todo, harás lo que ellos: negar al otro y sólo reconocerte entre los tuyos.

Que los jóvenes aprendan la lección. Nada cambiará si no matamos la resignación.

Porque la democracia no consiste en votar de vez en cuando. Consiste en ejercer la libertad a cada rato.

Los esclavos no aman la libertad –esa es una mentira altruista-. Sólo los libres pueden amar la libertad y defenderla.

La mansedumbre no es madurez sino derrota. El aguante es la amnistía crónica. La docilidad es lo que se le exigía a los negros carabalíes embarcados a la fuerza en el puerto de Macao. La libertad no mata. La paciencia es una mentira teologal que contradice a Cristo y que Cipriani aplica en cada hostia. Cristo fue impaciente. La vida es una ráfaga impaciente.

Los peruanos no nacimos un día en el que Dios estuvo enfermo, como decía Vallejo de sí mismo. Naceremos el día en que sepamos apreciar el vértigo creador de la palabra desacato. El desacato no es el caos. Caos es lo que vendrá cuando las presiones sociales, contenidas por el plomo y la mentira, revienten otra vez.

Y ahora sería un magnífico desacato, un descomunal acto de rebelión democrática o dejarse engatusar por quienes quieren, en el colmo de la indignidad, que premiemos a la hija de un ladrón y asesino –ladrona ella misma al gozar del dinero robado- con la presidencia de la República.

Y todo por cerrarle el camino a un señor que quiere cambiar algunas cosas. Sólo algunas cosas. Un señor al que la experiencia ha moderado y que se ha comprometido a no hacer experimentos anacrónicos.

Pero que sí quiere que las mineras paguen lo que deben, que los impuestos sean más directos, que los viejos estén menos desamparados, que haya menos hambre y que la pobreza rural se atenúe todo lo que se pueda sin desbaratar la economía.

Y que quiere también que el gas peruano abastezca primero a los peruanos y que los grandes proyectos de exploración y explotación de la minería y del petróleo se concilien con los intereses nativos y las normas ambientales que no se están cumpliendo.

La derecha quiere volver a demostrarnos que siempre gana. Presentó cuatro candidatos –cuatro variaciones de la misma melodía: Castañeda, Toledo, PPK y K. Fujimori- y los cuatro perdieron. Ganó un hombre gris que propuso algunos cambios.

Y lo peor: sale la primera encuesta pos primera vuelta y el hombre sin demasiados atributos ¡sigue ganando! Y sigue ganando porque Lima, este espanto, no es el Perú. Porque el gobierno de Las Casuarinas está en crisis. Porque el modelo García, una combinación de Caco con Friedman, drena sanguaza.

Entonces, la derecha propone liquidar, de una vez y para siempre, esta pesadilla que aturde al dólar, baja las acciones, hace chorrear el rímel. Para eso están su tele, su radio, sus periódicos. Y se deciden por lo previsible: la campaña del terror.

Sólo el terror podrá salvarlos. Porque saben que su prontuariada candidata es impresentable aun para 75 por ciento de peruanos. Lo único que cabe, entonces, es bombardear al incómodo reformista con todos los B-52 de la calumnia, el rumor, la mugre, la idiotez que los cándidos pueden propagar. El propósito es el homicidio político del hombre que propone algunos cambios. Y los muertos no pueden ganar elecciones.

Hablan de intromisión extranjera los que quisieran anexarse a los Estados Unidos o al Chile potente que sus tatarabuelos dejaron entrar con su cobardía y su desunión. Denuncian que la libertad de prensa peligra quienes despiden a periodistas que se niegan a sumarse al lodo de la campaña contra Humala. Y advierten que el empleo está amenazado quienes han creado la mayor cantidad imaginable de empleos-basura y services explotadoras.

Y a todo esto le llaman “elecciones democráticas”. A ensuciar la inmundicia le llaman “debate”. Y no tienen problema alguno bancado a una candidata indecente. Ellos representan la vieja indecencia de las encomiendas, las ladronas leyes de consolidación, el festín del guano. La señora K. Fujimori les cae como anillo al dedo”

FUE UNA DICTADURA DE LADRONES



Por: Raúl Wiener

El fujimorismo vendió más de cien empresas públicas, muchas de ellas de gran valor económico, obteniendo un ingreso final de alrededor de 11 mil millones de dólares (se ha calculado que el valor real era más o menos el triple y que en la subvaluación ya hubo actos de corrupción y comisiones bajo la mesa)

Fujimoristas asaltaron la Caja Policial Militar que ya venía débil, con el pretexto de “reorganizarla” y se apropiaron de los fondos de retiro de militares y policías para impulsar empresas constructoras y financieras conducidas por testaferros del poder, a los que luego compraban sus “participaciones” a precios sobrevaluados.

“Esto va a ser una hecatombe. Yo tengo grabados videos desde el 90. Están en
Lima y son cerca de treinta mil”, fue lo que dijo Montesinos en la carceleta del Palacio de Justicia, luego de ser traído desde Caracas, donde había sido detenido en junio de 2001.


“Tengo videos en los que aparecen empresarios, diplomáticos norteamericanos, rusos, europeos, que si los saco se producirá una crisisinternacional”, insistió el exasesor anticipándose a lo que luego se diría de los WikiLeaks de la diplomacia estadounidense.


“No voy a revelar dónde se encuentran los videos. Ellos son mi seguro de vida. Voy a mostrar los que me interesen, los que sean necesarios y me convengan para negociar la libertad de mi familia”. Y apuntó que fue “el mismo
Fujimori quien le ordenó grabar todas las actividades que se realizaban en el Servicio de Inteligencia Nacional para que quedara registro de todo lo que pasaba allí… él estaba enterado de todo”.


Perú septiembre del 2000

En las calles de Lima y provincias, miles de personas celebran el anuncio de AlbertoFujimori ante una cadena de estaciones de televisión informando que se irá por fin del poder al cumplir el primer año de su tercer período de gobierno y que convocará a nuevas elecciones, luego de conocerse el video Kouri-Montesinos que mostró al país cómo se formó la última mayoría parlamentaria del Fujimorismo. El mensaje concluía:

-Y está demás decir que en estas elecciones no participará quien habla.


Casi once años de protagonismo electoral de Alberto
Fujimori llegaban a su fin en forma ignominiosa. Lo que no pudieron hacer los miembros del Tribunal Constitucional que declararon inaplicable la “interpretación auténtica” con la que el Congreso de Martha Chávez, Luz Salgado, Martha Hildebrandt, Chirinos Soto, Medelius, Siura, Torres y Torres Lara, y tantos otros, había consagrado que el segundo gobierno deFujimori era en realidad el primero y que cabía una nueva reelección.


Lo que no lograron los jóvenes universitarios que tomaron las calles contra el abuso; lo que no se pudo resolver con la rebelión contra el fraude en el primer semestre de 2006 y la marcha de los Cuatro Suyos, se selló finalmente con una imagen filmada que el gobernante corrupto ya no pudo ocultar.


Pero ahí nomás ya estaba comenzando el operativo para separar a
Fujimori de su asesor, y construir la nueva historia sobre la parte buena y la parte mala del régimen de los 90. Esa versión revisionista que ahora nos llega empaquetada en KeikoFujimori, que era muy niña cuando el golpe; muy distraída cuando secuestraron a su madre; muy susurrante cuando le recomendó a su padre sacar a Montesinos, pero siguió en el gobierno; muy inocente cuando ayudó a preparar las maletas para la fuga final de su padre, y recibió el encargo de quedarse al frente de la dinastía político-familiar.


Pero la verdad histórica señala que
Fujimori instauró por decisión propia un gobierno compartido con Montesinos, expulsado del Ejército por espía y abogado de pasillos que defendía narcos haciendo desaparecer expedientes y vendía información clasificada a los servicios de inteligencia.


Como pasó en otras satrapías, el tipo que recibió el inocuo título de asesor, escondía un ilimitado poder informal que solo podía existir tras una negociación y transacción con el poder formal. Era la manera de poder manejar decisiones que desbordaban los marcos de lo permitido y lograr evadir los sistemas de control y fiscalización.


Lo más grave era además que este sistema de poder de dos pisos, no era desconocido para nadie. Cada vez más el
Fujimorismo fue asociando su supuesta eficiencia, su capacidad de alcanzar resultados, a los medios de “inteligencia” que empleaba.


El poder del Doc, estaba a la vista, y es por ello que desde el banquero más poderoso del país, los inversionistas extranjeros, los dueños de los medios de comunicación, los jueces y fiscales, los comandantes generales de los institutos armados, es decir toda la elite económica, política, social y militar lo visitaba y llegaba a acuerdo con él. Fue Dionisio Romero quien mejor sintetizó el porqué de esta atracción fatal:

-Todos sabíamos que conversando con él, lo estábamos haciendo con el poder real.


Y, claro, los bancos necesitan poder real. Por ejemplo para lograr que los interventores judiciales de la empresa Hayduk, cuyos propietarios estaban encausados por narcotráfico, fueran propuestos por el Banco de Crédito, al que la pesquera debía mucho dinero. Una gauchadita para tener un mejor lugar en el momento del pago de las deudas. Pero así son los negocios.


Es decir que si Romero tuvo una relación más que profunda con el gobierno de
Fujimori, al punto de comprometerse a vivar por la re-reelección, el contacto para sacar cosas de ese gobierno era a través de Montesinos, que nunca hubiera podido tener un gramo de poder si alguna vez Fujimori hubiera querido ponerlo en su sitio.


Siameses

Lo que sí quiso hacer el dictador con su asesor fue convertirlo en su igual, que era como decir que el país necesita dos presidentes, uno para los actos protocolares y otro para la guerra sucia. Pero iguales, al fin.


Eso es lo que nos transmitieron en la famosa entrevista con Álamo Pérez Luna en el año 1999, a la que acudieron con ternos y corbatas idénticas, hechas por el mismo sastre, con la finalidad de subrayar que nadie era más que el otro cuando estaban justos estos dos.


Años después Toledo y Bush se vestirían con ternos y corbatas de igual color para transmitir el mismo efecto, y García lo haría con Castañeda cuando lo proclamó su candidato favorito y lo quemó para toda la vida.

Pero la identidad en la vestimenta de
Fujimori-Montesinos, no solo era una novedad cuando salió al aire, sino un mensaje clasificado, porque se trataba de alguien que si le reclamaban por algo era capaz de decir que no tenía cargo, no era funcionario y no cobraba sueldo establecido, pero al mismo tiempo podía hacer que se cierre el tráfico seis cuadras a la redonda y llegaba rodeado de una guardia mayor que el presidente.

No era, pero era, que es una de las claves del Fujimorismo de los 90 y sigue siendo en el actual.

El secretismo y la trampa son las marcas distintivas del método Fujimorista. Y ese sistema está hecho para dominar y para cubrir los actos corruptos. El Fujimorismo vendió más de cien empresas públicas, muchas de ellas de gran valor económico, obteniendo un ingreso final de alrededor de 11 mil millones de dólares (se ha calculado que el valor real era más o menos el triple y que en la subvaluación ya hubo actos de corrupción y comisiones bajo la mesa).


Pero de todo lo que se obtuvo por privatización no hubo una sola inversión de largo plazo que pueda decirse para qué se vendió la empresa de teléfonos o la de electricidad, o se malbaratearon los pozos de Petro
Perú.

En el momento que
Fujimori se retiró del poder, los fondos de reserva por privatización no llegaban a 500 millones de dólares, pero eran producto de intereses acumulados y no gastados.


Los 11 mil millones se habían ido en la compra con sobreprecio de armas en mercados secundarios, con traficantes como intermediarios; en gasto social sin control con fines re-reeleccionistas, en pagos a comisionistas, estudios de
abogados, bancos de inversión, etc.


Pero no se quedaron ahí. Compraron armamento chatarra con sobreprecio, a pesar de las tensiones
militares que tuvimos en las fronteras norte y sur. Y su general victorioso purga veinte años de prisión tras haber confesado que su fortuna provenía de las coimas en la compra de armamento, lo que le salvó de ser condenado por presunta relación con el narcotráfico.


Asaltaron la Caja Policial Militar que ya venía débil, lo que aprovecharon para “reorganizarla” y usar los fondos de retiro para impulsar empresas constructoras y financieras conducidas por testaferros del poder, a los que luego le compraban sus “participaciones” a precios sobrevaluados.


Mafia bancaria

Construyeron una mafia bancaria con el grupo Wiese-Sudameris, el Banco República, el Banco de Comercio, el Banco Latino y otros, que movían cuentas de organismos del Estado para tener liquidez y hacer préstamos que luego se inflaban fraudulentamente y permitían arrebatar la propiedad ajena.


Es una tontería definir estos hechos como aislados, suceden en todos los gobiernos, o “fallas que no niegan las cosas buenas del gobierno”.


Lo que hubo en el
Perú de Fujimori fue un poder mafioso que se articuló como una inmensa telaraña, y que como en la historia del arzobispo centroamericano, cuando llegaron los reemplazos y ordenaron investigar, descubrieron que la cosa era tan grave y tan profunda que mejor era quemar los papeles y pensar que la noche había acabado y que todo recuperaría su normalidad.


Pero no fue así. La corrupción que no es extirpada hasta la raíz, es como el
Cáncer y vuelve a reaparecer. Lo estamos viendo. La mafia se propone regresar y hay poderosos intereses que prefieren el regreso del poder corrupto, antes que ponerse en la situación de tener que renegociar los inmensos privilegios de los que han gozado todos estos años y que son los que han creado la inmensa bolsa del descontento social que se manifestó en las elecciones. Esta historia continuará.


Planes de gobierno, entre el terror y el error



Un diario limeño ha resumido el día de ayer las razones del miedo y ha dedicado su página central a confesar las partes del programa de Ollanta Humala que más los asustan. La pregunta es ¿quiénes son los asustados y por qué? Hagamos un breve examen de algunas de estas angustias y revisemos ahí mismo lo que propone el Plan de Keiko Fujimori para saber lo que tenemos para escoger:

1. Cambiar la Constitución

Nacionalismo: “nueva Constitución para hacerlo (al Estado) descentralizado y participativo”.

Fujimorismo: “al diseñar el modelo de la Constitución de 1993 y las reformas estructurales y programas sociales tuvimos visión de largo plazo que en lo esencial se ha continuado haciendo posible que pasemos de ser un país con un PBI de 45 mil millones de dólares en el año 1990 a uno de 150 millones en la actualidad”.

Diferencia básica: Gana Perú ofrece una alternativa para la reforma del Estado, que otorgue mayor poder a las regiones y amplíe la participación social. El fujimorismo entiende el tema constitucional como “modelo económico que sirve para crecer”. ¿Quién teme a la descentralización y la participación? ¿Puede aceptarse que la Constitución y los tratados sean meros candados para amarrarle las manos al Estado para que no pueda hacer reformas sociales ni afectar privilegios? Un dato más: la encuesta más reciente de IPSOS Apoyo señala que el 63% quiere cambios totales o parciales de la Constitución y sólo el 28% se opone.

2. Modelo económico

Nacionalismo: “construcción de una economía nacional de mercado que otorgue valor agregado a la explotación de recursos naturales, desarrolle el mercado interno y mantenga la estabilidad macroeconómica defienda el poder adquisitivo de la gente y aliente la inversión… lo que requiere un nuevo entorno político y social y una nueva coalición de poder”

Fujimorismo: “el fujimorismo no es mezquino en reconocer que los gobiernos de la década del 2000 han continuado el modelo de la Constitución de 1993 y lo han empleado para atraer más inversión privada o firmar tratados de libre comercio, pero a su vez somos enfáticos y nos sentimos orgullosos de ser los autores directos de las reformas que están permitiendo el despegue del Perú. Como evidencia de nuestro compromiso con el modelo de la Constitución de 1993 proponemos al país establecer un conjunto de candados institucionales destinados a asegurar a todos los peruanos que este marco institucional se mantendrá para garantizar la continuidad del crecimiento”.

Diferencia básica: se oponen un modelo nacional, que apunta a agregarle valor, tecnificar la economía y generar capacidad de compra en la población, con lo existente, que el fujimorismo reclama como su aporte fundacional aunque declara no ser mezquino para reconocer el continuismo actual. Todas las encuestas coinciden en que la mayoría exige cambio total o parcial en el modelo económico, pero los asustados de estos días pretenden que recoger esta exigencia es “dictadura”, mientras que imponer por cualquier medio el continuismo minoritario es “democrático”.

3. Papel del Estado

Nacionalismo: “El Estado será promotor del desarrollo y regulador de la economía de mercado”

Fujimorismo: “nuestro gobierno se compromete a mantener el modelo de la Constitución de 1993 para así asegurar una gestión macroeconómica exitosa”.

Diferencia básica: el reclamo que ha sido recogido en las elecciones es el mayor Estado, que apoye la actividad económica nacional y la pequeña y microempresa; que favorezca la agricultura y la producción de alimentos y la industrialización; que ayude a equilibrar las relaciones de marcado, especialmente entre el capital y el trabajo, entre las empresas de servicios y los consumidores, entre el sistema financiero y sus clientes, entre las empresas mineras que afectan el ambiente y las comunidades, etc. Eso lo recoge el plan de Gana Perú y los tituleros del miedo le llaman “estatismo total”. El fujimorismo por su parte se aferra a su Constitución que es la que instaurado el Estado abstencionista y desregulado que permite los abusos.

4. Servicios públicos

Nacionalismo: “el Estado será proveedor de servicios sociales básicos (educación, salud, seguridad social, agua y desagüe) con políticas públicas que tengan alcance nacional”

Fujimorismo: “Estado creará una red de protección social para los sectores sociales más vulnerables, títulos de propiedad, agua y saneamiento, crédito para vivienda”.

Diferencia básica: los miedos periodísticos apuntan a que la propuesta nacionalista es “más estatismo”. Pero en realidad es realizar eficientemente lo que es hoy la función constitucional del Estado y lo mínimo que el país espera de él. En la constitución fujimorista de 1993 se define: “el Estado orienta el desarrollo del país, y actúa principalmente en las áreas de promoción de empleo, salud, educación, seguridad, servicios públicos e infraestructura” (Artículo 58) Esta función se cumple mal, porque el Estado brinda educación de baja calidad y en condiciones precarias, servicios de salud deficientes y caros, cobertura de agua y desagüe insuficiente a pesar del programa “agua para todos” y otras iniciativas, seguridad deficiente, etc. El propio fujimorismo ofrece cubrir estas insuficiencias, aunque le da un sesgo asistencial, bajo la idea de “servicios para pobres”. ¿O es que lo que algunos quieren es la privatización social de los servicios sociales y de la distribución del agua? Contra eso ha votado ya el pueblo peruano. ¿A quién quieren asustar?

5. Tributación

Nacionalismo: “El Estado garantizará la satisfacción de la necesidades básicas (alimentación, vivienda, alcantarillado, electricidad, salud, educación), requisito indispensable para el ejercicio de la libertad. Con este fin se emprenderá una profunda reforma fiscal que le permitirá al Estado disponer de mayores recursos para emprender programas sociales de carácter universal… Aumentar la presión tributaria entre el 18 y 20% del PBI, descentralización fiscal, impuestos directos como el de las sobreganancias mineras. Reducción del IGV a 14 o 15%

Fujimorismo: No tiene

Diferencia básica: Gana Perú está planteando mecanismos serios y visibles para financiar las políticas que propone, mientras el fujimorismo tratando de “no asustar”, elude explicar de dónde sacará la plata para financiar las medidas de su programa. A manera de explicación usan la expresión de que “hay plata, pero no se está usando bien”, lo cual plantea preguntas claves respecto a qué clase de esfuerzo estatal y societal demanda su propuesta. ¿Creen acaso que con la caja actual se pueden pagar los desayunos escolares y programas alimentarios que están ofertando, o la restitución de las donaciones de buzos y otros implementos escolares, ahora que ya no hay privatizaciones?

La prensa que complementa al fujimorismo es, por cierto, más explícita. Para ellos hay que oponerse a los impuestos al gran capital porque conducen al estatismo, es decir poco importa la satisfacción de necesidades básicas cuando se trata de cautelar el bolsillo de los que pagan la fiesta neoliberal.

6. Revisión de contratos

Nacionalismo: “Se revisarán y se renegociarán los contratos de concesión de la administración de los aeropuertos y puestos concesionados o vendidos y se restituirá la operación y administración de los mismos con participación mayoritaria del Estado peruano y la participación minoritaria del sector privado. Se reactivará la industria aeronáutica y se creará una línea aérea de bandera

Fujimorismo: “Construyendo más carreteras, puertos y aeropuertos”. Ni una palabra sobre contratos existentes, ni siquiera sobre los cuestionados por corruptos

Diferencia básica: el nacionalismo ofrece una política de infraestructura con liderazgo nacional y participación del Estado. También sostiene que la política de concesiones en los puertos y aeropuertos debe revisarse. Pero de acuerdo a las condiciones del debate, Ollanta Humala ha circunscrito está revisión a los aspectos dolosos. En el aspecto de aviación aerocomercial postula acabar con la situación vergonzosa de que los cielos peruanos estén dominados por una empresa chilena. Todo esto coincide con un extendido sentimiento nacional, que el fujimorismo ignora y que los diarios pro-Keiko combaten con energía

7. Pensiones

Nacionalismo: “Recuperar el carácter solidario y redistributivo inherente a un esquema de sistema de pensiones. El sistema contributivo… será obligatorio para todos los trabajadores activos, tanto asalariados como independientes, cuya aportación estará en función a sus salarios e ingresos. Esto será complementado con un régimen de administración privado sin que este desvirtúe el carácter público del sistema. Pensiones no contributivas de 250 soles para personas mayores de 65 años que no tienen derecho de pensión”

Fujimorismo: Ninguna propuesta sobre pensiones y tercera edad. En la segunda vuelta Fujimori ofrece un “bono de gratitud” para ancianos sin pensión de 100 soles, dentro del modelo del programa Juntos.

Diferencia básica: la primera tiene que ver con el grado de preocupación que hay sobre la situación de las personas mayores. El fujimorismo viene de una historia oscura en la que se puso un tope brutal por muchos años a las jubilaciones y se empobreció a los que habían cotizado toda la vida para un retiro digno; se apoderó de la ONP y las cajas de retiro (militar-policial; pescadores y otras) y las malversó derivando sus recursos a otros fines; y ahora tampoco tiene propuestas innovadoras.

Por otro lado los grupos que han sustentado la agresión sistemática del sistema pensionario nacional, y se expresan en la campaña de prensa de las últimas semanas, están atentos a las AFP como entidades movilizadoras de recursos para el sector privado y les interesa un pito el destino de los jubilados que hoy sufren abandono y hambre, y tampoco el de la mayoría de cotizantes de la ONP y las AFP que no tienen aseguradas pensiones justas para el futuro. El esquema de Gana Perú apunta a reconstituir un sistema público serio que garantice una pensión mínima para todos y que tomando en cuenta los niveles de informalidad y desprotección existentes (responsabilidad de la política neoliberal fujimorista) también incluya a los que no tienen ninguna pensión. Los reyes del miedo han apuntado precisamente contra el núcleo solidario de la propuesta insistiendo en que le quitarán sus ahorros a los que cotizan a las AFP

8. Derechos Humanos

Nacionalismo: “Asume como propios las conclusiones y recomendaciones de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación y promueve políticas en defensa delos derechos humanos. Rechaza el indulto o amnistía a los violadores de estos derechos”

Fujimorismo: no tiene política de derechos humanos, porque según Rafael Rey son “inherentes” al ser humano

Diferencia básica: una corriente política con graves pasivos en materia de derechos humanos carece de criterios claros sobre el tratamiento de este tema fundamental. Rafael Rey ya está lanzando la idea de volver sobre los decretos de impunidad que elaboró en el ministerio de Defensa que apuntaban a liberar a los militares incursos en este tipo de delitos. Gana Perú ofrece como punto de partida un documento de la sociedad civil peruana como es el Informe de la CVR, echado al olvido por los “demócratas” de los 2000 y combatido con saña por los jerarcas del fujimorismo.

28.04.11
www.rwiener.blogspot.com

La tendencia ganadora está del lado de Ollanta

El pedido de perdón de Keiko revela muchas más cosas que la camisa celeste de Ollanta Humala. Es verdad que ambos candidatos están obligados a ir más allá de donde llegarían normalmente para contrarrestar las corridas de rechazo y asegurar las nuevas corrientes de opinión. Pero mientras el nacionalista trata de diluir al militar y al rebelde que hay en él para suavizar su imagen, y guardar distancias con el entorno de gobiernos izquierdistas en América del Sur en aras de su independencia, la hija del prisionero de la DINOES ha debido ceder en un aspecto mucho más importante que va a la sustancia de lo que ella representa: reconocer que el fujimorismo fue un régimen que incluyó graves faltas y delitos.

Ciertamente este reconocimiento es de factura electoral y busca reducir las resistencias que la rodean. Pero la pregunta es si Keiko Fujimori o el fujimorismo como tal, pudieran ser algo sin la reivindicación del régimen de los años 90. Eso que se suele llamar el voto duro naranja que se mantuvo estable en las encuestas desde las primeras encuestas hasta el final: ¿se explicaría fuera de la memoria del gobierno de Alberto Fujimori?, ¿alguien entendería los votos de Kenji y Santiago Fujimori, fuera de esta antecedente, y la popularidad de la propia Keiko? El fujimorismo como corriente política no significa nada, salvo la supuesta energía y eficacia que el patriarca del clan familiar y político impuso a su conducción luego de ganar las elecciones, hace veinte años. Al pedir perdón Keiko Fujimori está sacrificando identidad por poder que es lo que nunc a quiso hacer su padre que vendió siempre la idea de que una vez que tomaba una decisión ya no había retroceso.

¿Cómo sostener que el Perú comienza su historia con la Constitución de 1993 (nótese que pudorosamente no fijan la fecha en el 5 de abril de 1992, sin el cual no habrían habido las leyes de bases del Estado fujimorista ni convocatoria al CCD para que elabore una nueva carta constitucional), si es que ese despertar de los tiempos está ahora obligado a disculparse ante la nación? ¿Cuántos duros fujimoristas habrán sentido que se ha concedido demasiado y que ya no hay vuelta de regreso a lo que se acaba de decir? Por supuesto que lo que uno tiende a pensar es que la candidata está simplemente mintiendo y diciéndoles a sus partidarios que se necesita de este paso para ganar o, lo que podría ser lo mismo, que es lo que le exige la derecha para ayudarla en la elección. Pero si fuera así, de todos modos, ha ido demasiado lejos con esa generalización sobre las faltas y los delitos. Eso ya quedó.

Ahora, en el resto de la elección, los que se conviertan al Fujimorismo contarán la historia de que Keiko no es igual a su papá porque ya pidió perdón, y con eso se creerán excusados, pero muchos otros dirán que es imposible elegir a la heredera de un régimen que no sólo cometió crímenes que nadie puede negar sino que hacer valer una disculpa como pasaporte para volver al poder. Como dice una reputada terapeuta, es el caso del ladrón que pide perdón para que lo dejen entrar a la casa para volver a robar. Algunos además se preguntarán si Alberto Fujimori mismo aceptó que la hija pidiera perdón por lo que él hizo y si con ese acto daba por retirada su famosa proclama de “soy inocente”, o si el caso es que los que están fuera, incluida la hija, han procedido con criterios electorales, dejando al ex presidente para que después se baje del carro de los arrepentidos.

Nuestro análisis es que el pedido de perdón de Keiko Fujimori es una admisión de derrota, un reconocimiento de que el fujimorismo no gana y una fuga hacia adelante para ver si la derecha puede armar algo diferente con su candidatura que retire el foco de atención sobre la DINOES. Pero ocurre que el acusado de cambiar de posición y de vestirse con la piel de oveja es el lobo Humala, y a pesar de la intensidad de la guerra sucia no han podido detener su tendencia al alza y a la victoria en segunda vuelta. ¿Cómo ponerle una nueva piel a la Fujimori, después de tanto apanado al centrismo blanqueador del nacionalismo?

Factores

El perdón es un recurso extremo que refleja la desesperación por una batalla que se está perdiendo. Significa además que el fujimorismo ya sólo puede valer como carta de cambio por la de Humala, bajo la lógica de que podrá imponerse si logra reducir los miedos que inspira, mientras se acrecientan los del otro lado. Y aquí un detalle interesante: la última encuesta de IPSOS Apoyo muestra por primera vez un escenario en el que Ollanta enfrenta un adversario que suscita más rechazó que él. Apréciese el dato:

Nunca votaría por él:

Keiko Fujimori: 35%
Ollanta Humala: 38%

Este dato aparentemente inocente es clave para entender que ahora los votantes de Gana Perú en el sector A sean 22% contra 42% de la Fujimori; y en el B, 34% para Humala y 37% para la Fujimori. Casi que podía decirse que estos votos por Ollanta son contra Keiko, y pueden ser los que terminen decidiendo la elección. ¿Alguien puede creer que el “perdón” modificará esta dura barrera plantada en el camino de la operación naranja?

Hay además otra manera de volver sobre el mismo punto que está decidiendo la elección y es el de establecer quién tiene ahora el voto más duro para segunda vuelta. Esto se expresa e4n la siguiente pregunta:

No variará su voto de aquí a la elección:

Ollanta Humala: 37%
Keiko Fujimori: 30%

Lo que significa que el voto más frágil está al lado de la candidata que hace unos meses aparentaba tener el voto más consistente. Puede decirse de otra manera: lo que está agregando a Keiko, llega con mucho menos resolución que lo hace hacia Ollanta, y esto puede ser determinante en el balance final de proceso. Implica que Keiko no sólo tiene que capturar un mayor número de votos para remontar su desventaja, sino que debe cuidar los que ya tiene que no están plenamente seguros.

Todo esto está reflejado por supuesto en la percepción del ganador que tienen los que electores. En la encuesta de IPSOS Apoyo se constata lo siguiente:

Independientemente de por quién votará, a quién ve como ganador de las elecciones:

Ollanta Humala: 49%
Keiko Fujimori: 36%

Es decir, prácticamente la mitad del electorado ya está viendo un ganador. Más aún si se toma el otro dato según el cual Ollanta Humala va a adelante 42% contra 36%, se concluye que hay siete puntos adicionales a su votación que ya lo dan vencedor, mientras que el porcentaje de votantes de Keiko es igual al de los que creen que ganará.

Este escenario con una tendencia cada vez más definida es el que quiebra los nervios del que va a perder y lo empuja a producir actos de desesperación que normalmente no hubiera hecho.

Es por eso que Keiko pide perdón, y nadie le cree.

28.04.11
www.rwiener.blogspot.com

jueves, 21 de abril de 2011




La Columna del Director | 19-04-2011 | Juan Carlos Tafur
GANCHO DE CENTRO

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Sin lugar a dudas la convocatoria de diversas personalidades democráticas y, muchas de ellas de clara moderación, efectuada por Ollanta Humala, lo ayuda a conquistar el centro.



Del lado del candidato de Gana Perú hay dos temores fundamentales (hablamos, por supuesto de los racionales, no de los pavores oligofrénicos de un sector de la población que ya se cree protagonista del Doctor Zhivago). Uno, vinculado, a su carácter autoritario. Otro, referido a la involución estatista que implicaría su programa económico.



Sea porque se ha dado cuenta que insistir en su plan original era absurdo o porque ha sabido medir la realidad y darse cuenta que era políticamente inviable, lo cierto es que Humala ha decidido mostrarse como alguien que no alterará los cauces centrales ni del orden económico ni del político.



Está dando los pasos estratégicos correctos. Sabe que hay un sector ciudadano que, si bien quiere cambios sustantivos del modelo, no quiere que nos descarrilemos de lo que ha funcionado bien. A ese sector se está dirigiendo.



Keiko Fujimori la tiene más complicada. Al fujimorismo, en general, se le anteponen dos atingencias, la vinculada a su irrespeto democrático y lo referido a la laxitud moral del régimen de su padre, que ella reivindica como “el mejor de la historia”.



Si a Humala le resulta más fácil reclutar economistas ortodoxos o demócratas probados, a Keiko se le presenta bastante complicado llamar a sus filas a alguien identificado con la lucha anticorrupción o con la defensa de los valores democráticos.



Humala puede sentar a su lado a alguien como Óscar Dancourt, Luis Arias o Baldo Kresalja. Keiko necesitaría convocar a alguien de las características de una Beatriz Merino, Jorge Santistevan o Luis Vargas Valdivia, lo cual desde el saque se asoma como imposible.



Ayer, Humala presentaba a decenas de técnicos, artistas e intelectuales cuya identidad común es que no son radicales. Keiko solo atinó a ponerle al frente –en el juego de los gestos políticos-… a Kina Malpartida, quien para colmo, ¡declaró que no iba a votar por ella!



La batalla es por Lima, dicen algunos analistas. No creemos que sea geográfica la disputa, sino política. Y es el centro, el discurso de la moderación, el que determinará el triunfo. Y en ese sentido, esa batalla la viene ganando hasta ahora Humala. Más aún cuando a su mesura se le pone al frente una histeria vocinglera que el fujimorismo, dicho sea de paso, no exhibió en la primera vuelta y que más bien parece el endose del “movimiento ppkausa” (una de las iniciativas políticas más ridículas de la historia reciente del país y principal causante de la disyuntiva que hoy tenemos al frente).