viernes, 16 de noviembre de 2012

LA ANTIPOLÍTICA DE VILLARÁN


noviembre, 2012

Carlos Meléndez

A Susana Villarán y a su equipo les cuesta ser políticos. Se autoproclamaron portavoces de la honestidad y llevaron el discurso de la ética a la gestión edilicia. Pero no lo hicieron como un elemento adicional que sume, que fortalezca a la política, sino como su reemplazo. Villarán planteó los objetivos de su mandato inspirados en las buenas intenciones, pero no delineó la estrategia política necesaria para cumplirlos. Así, terminó practicando, a su modo, la antipolítica. 

Cuando no existen partidos, la política depende más de la construcción permanente de soportes de poder: fijar alianzas, alcanzar pactos, establecer coaliciones que permitan correlaciones de fuerza a favor en cada una de las arenas políticas, desde las mediáticas hasta la de las calles. Solo así gestiones desprovistas de recursos humanos propios sobreviven con éxito. Villarán se guía más por la lógica del activismo que por la de la política. Lo cual no debería ser problema, salvo que es Alcaldesa de la capital de un país en crecimiento económico.

Nadie duda de la idoneidad de sus metas de gobierno pero sí de su capacidad de gestora y, un poco más todavía, de su vena política. Veamos un par de ejemplos. Cuando se fijó como primer objetivo denunciar el Caso Comunicore contra Luis Castañeda (¡en plena campaña electoral presidencial!) no se percató que una gestión municipal de ocho años había generado intereses poderosos que le pasarían factura. Quizás no solo por su atrevimiento, sino por la torpeza con la que se apropió de esta “lucha contra la corrupción”. 

La ausencia de estrategia es cómplice de su falta de contundencia y, finalmente, de la impunidad que pretende desaparecer. Cuando se inició el intento de revocatoria de su gestión, Villarán rehuyó pelear en esta arena. Al no hacerlo (hasta ahora) deja un espacio en la opinión pública donde prima el pesimismo sobre su administración. ¿Cuáles son sus aliados en el Parlamento (recuérdese que Castañeda se construyó hasta una bancada)? ¿Quiénes pueden blindarla ante los ataques de sus enemigos políticos?¿Acaso el Ejecutivo le puede dar una mano para sostenerse? El apoyo de periodistas bienintencionados no es suficiente para sustentar una continuidad de cuatro años en el cargo.

 Porque, señora Alcaldesa, su enemigo principal no son ni revocadores ni ex alcaldes ni anti-caviares. Su principal contrario es su propio abandono de la política. Ha reclutado a profesionales procedentes de las autotituladas mejores facultades del país, aunque sus fundamentos no convencen más allá del 25% de limeños. Se trata de una administración de tecnócratas con sensibilidad social, de manos blancas, que no conoce la autocrítica y con una ética antipolítica. 

Sin virtud ni fortuna. El fracaso de Villarán sería, también, el fracaso de la (mala) politización de la ética. Ninguna otra gestión elevó la honestidad a la altura de emblema, pero al hacerlo sin sustento político, la termina deslegitimando. Ello significaría una larga vida para el “que robe pero que haga obra”, y ese sería el legado más nocivo de la gestión regia.

CORTESIA: http://nosotrosperu.org/2012/11/08/la-antipolitica-de-villaran/#.UJ4X6eS8-ME

jueves, 15 de noviembre de 2012

La izquierda despierta y se despabila

  Por: Sinesio López Jiménez
Algo se mueve en los predios de la izquierda. Reencuentros con ciudadanos de a pie que mantienen aún una cierta expectativa de cambio en el gobierno, pero expresan al mismo tiempo un ánimo contestatario. Reuniones semanales de los diversos partidos y movimientos de izquierda con miras a una acción conjunta tanto en  la coyuntura como en el mediano y largo plazo. Preparación de eventos ciudadanos y partidarios que anuncian el abandono del letargo y la puesta en marcha de un poder en movimiento. Todas estas movidas apuntan, al parecer, a la conformación de una fuerza política de izquierda como alternativa de gobierno.
Si quiere gobernar las regiones en el 2014 y el país en el 2016, la izquierda está obligada a realizar una serie de tareas políticas indispensables. En primer lugar, debe convocar a la unidad de los partidos y los movimientos (nacionales y regionales) de ese signo  que quieren realizar la gran transformación en democracia. Eso supone el abandono de las nostalgias y los dogmas del pasado y la superación de la desconfianza y del espíritu faccioso. En segundo lugar, ella está llamada a hacer un balance crítico y autocrítico  del 80 en adelante. Hay avances significativos en esa dirección. Es el caso del libro editado por Alberto Adrianzén, cuya presentación desbordó el auditorio de la BNP.

 En tercer lugar, la izquierda tiene que ofrecer una visión del Perú en el largo plazo que defina un horizonte utópico movilizador. Es necesario recuperar el derecho de los peruanos a soñar en un Perú ideal. Los pilares de esa sociedad soñada son los eternos ideales de la justicia, la libertad, la solidaridad y la autonomía del Perú en el mundo globalizado. En cuarto lugar,  la izquierda tiene que partir del Perú actual con sus continuidades y sus cambios. Para bien o para mal, este país ya no es el mismo de los 70. Se tiene que tener en cuenta los cambios producidos para mantenerlos o para superarlos. Salvo uno, el de la servidumbre rural y la independencia de los campesinos, los grandes clivajes que definen la estructura social, económica, política y cultural del país (dependencia-autonomía, modernidad-tradición,capital-trabajo,centralismo-descentralismo, homogeneidad-diversidad cultural) se mantienen en pie, pero ha cambiado el peso y la importancia de cada uno.
La conformación de la izquierda como un frente amplio, de su estrategia y de sus tácticas tiene que partir de la articulación ponderada de estos clivajes. Los partidos no se fundan por decreto ni por refinados diseños institucionales. Se forman en la lucha que nace de estos clivajes. En quinto lugar, la izquierda debería  abandonar el esquema schmittiano (también leninista) de amigo-enemigo en el campo de la política interna. Esa concepción conduce a ver la política como guerra y como confrontación permanente. Lo que la izquierda tiene que evitar sobre todo es la mezcla de  la política con la religión o con la ética que conduce a la idea de una enemistad absoluta. Según esta tesis todos los enemigos son malos y hay que eliminarlos.
En sexto lugar, la izquierda está obligada a defender el Estado-nación como espacio de ejercicio de la ciudadanía y de la democracia mientras no se invente la comunidad sudamericana que integre a los Estados-naciones actualmente existentes. Eso implica el impulso de políticas que encaucen y hagan gobernable la globalización. En sétimo lugar, la izquierda debiera postular los avances de la ciencia y la tecnología como base del desarrollo y revalorar a los intelectuales y a los organizadores de cultura como creadores de proyectos políticos, culturales y morales y de espacios de hegemonía y de integración social y nacional. En esta tarea juegan un papel muy importante los medios que, en su mayoría, han sido monopolizados por la derecha. Felizmente hay medios y programas que ponen el toque del pluralismo. Pero sobre todo están las redes sociales y el internet, el diario libre en el que pueden comunicarse un número creciente de ciudadanos.
 En octavo lugar, la izquierda está llamada a adecentar la política convertida por algunos políticos y gobernantes en un albañal. Política y ética son realidades diferenciadas, pero no debieran caminar separadas. Entre los fines buenos y los medios no siempre santos de la política, la izquierda tiene que colocar los valores que adecentan la política. En noveno lugar, la izquierda tiene que acompañar y expresar (en el campo de la política) las demandas contestatarias y negociadoras de los ciudadanos que constituyen un poder en movimiento. Finalmente, si la izquierda quiere gobernar tiene que ganar a las clases medias rescatando sus valores de progreso y sus exigencias de respeto a la libertad.

Fuente:ww.larepublica.pe/columnistas/el-zorro-de-abajo/la-izquierda-despierta-y-se-despabila-04-03-2012

miércoles, 14 de noviembre de 2012

La nueva Izquierda que el Perú necesita



La Izquierda en el Perú ha perdido su rumbo. La diversidad de tendencias e ideologías y el obsoletismo de las ideas en sus cabezas visibles ha logrado que exista una división en momentos en que debería de primar la consolidación. Por primera vez llega al poder un movimiento netamente de Izquierda y la división es visible, aún no se cumple ni un año de gobierno y ya observamos a un Ollanta Humala convencido de mantener el status quo económico (el programa neo liberal) y a una clase política de Izquierda divorciada de él por que no cree en la economía de mercado.
China lleva décadas entendiendo que es necesario generar riqueza para poder distribuir, décadas donde se ha dado cuenta que sus fundamentos maoístas no se adecúan a las necesidades de los seres humanos y que en vez de lograr la libertad ansiada, tanto en lo social como en lo económico, lo único que alcanza es a concentrar el poder en un pequeño grupo que cree tener la autoridad suficiente como para normar las vidas de las personas.
La Izquierda peruana, lamentablemente, siempre se caracterizó por su tendencia hacia lo radical, muchos de sus integrantes comulgaban con el comunismo y el socialismo, y es así como comienza a generarse la confusión y a su vez la estigmatización del término, razón por la que, ya con la aparición de Sendero, ser de Izquierda era casi ser como ser pro senderista. Lamentablemente el Partido Comunista del Perú se levantó en armas y se convirtió en un grupo terrorista y con ello arrastró a la toda la Izquierda, claro está, sólo en las mentes poco privilegiadas de la intelectualmente paupérrima Derecha peruana.
Sin embargo los líderes izquierdistas no supieron tomar la distancia debida, quizá por temor, de aquél sector radical que optó por la “lucha armada”. Recordemos que aquellos que se opusieron directa y frontalmente terminaron asesinados o amenazados por Sendero, y los sobrevivientes no supieron tampoco adecuarse a los nuevos tiempos, no supieron evolucionar y modernizar sus ideas.
El Perú siempre ha votado favoreciendo a las ideas de Izquierda, y es un voto que va contra el sistema que ha gobernado el Perú durante siglos, desde la llegada de los españoles con un sistema de abuso del poder económico donde las normas las generan grupos de poder para su propio beneficio y donde cuentan con la toda la impunidad para realizar actos de corrupción muchas veces al amparo de efímeros crecimientos económicos como el vivido en la actualidad, sin embargo ese poder detentado no ha sabido distribuir su riqueza adecuadamente sino por el contrario ha pugnado por engrosar sus arcas siglo a siglo. Algunos podrán discutir que el Perú ha contado con gobierno con diferentes estilos, pero lo que no pueden discutir es que detrás de ese gobierno siempre han estado los mismos grupos de poder tendientes a la derecha.
Hoy la situación es similar, el Perú vive una bonanza económica aparente sustentada en el precio de los metales, pero es harto conocido que esta bonanza no llega a todos los sectores, menos aún a las zonas alto andinas y del oriente, relegadas hasta los picos más altos de la extrema pobreza por más de 200 años, beneficiándose sólo en forma esporádica con un incomprensible clientelismo como el otorgado por la dictadura fujimorista, como cuando se da un caramelo a un niño cansado de caminar buscando su camino a casa para que no moleste y se contente momentáneamente.
Con Toledo se desaprovechó la posibilidad inmejorable para cambiar ésta situación. Lamentablemente pesó más la labor por reconstruir el desastre económico del fin del fujimorato y de mantener la economía en poder de los mismos actores de poder de siempre. El tener rasgos andinos, el representar al peruano marginado que remontó la adversidad y logró triunfar llevó a Toledo a detentar el poder para acabar convirtiéndose en parte de aquello que tanto criticaba en su campaña electoral.
Alan García lamentablemente volvió al gobierno y con él, la misma soberbia y ego que llevan a hacerle creer que su concepción del mundo es la correcta, sin poder percatarse que sus creencias rayan el fascismo más extremo, a parte de no haber podido superar aquella facilidad para relacionarse con actos de corrupción, habiendo superado ya su estatus de novato que casi destrozó al país y que tuvo que fugarse para no pagar con la cárcel sus delitos, regodeándose en la desfachatez de haber vuelto en el momento oportuno de la prescripción de sus delitos.
Belaúnde, Velazco, Odría, Bustamante y demás presidentes han sido, sin lugar a dudas, intentos fallidos de más de lo mismo, disfuerzos por engañar al pueblo con la promesa de un cambio para mantener el status quo de siempre.
Humala, a quien podríamos llamar propiamente “primer presidente de Izquierda”, no ha entendido, o no ha querido entender, cuales son las necesidades básicas del país, haciendo a un lado la causa que embanderaba su campaña, confrontar la exclusión social y reducir drásticamente los niveles de pobreza. Mantener el modelo de economía de mercado no implica un divorcio abrupto con las necesidades de la población entendiendo por principio que ésta no es exclusiva de las grandes corporaciones ni de los grandes inversionistas. Existen muchos peruanos emprendedores quienes ven en su esfuerzo una manera de subsistir y es allí donde el estado debe intervenir, no para “regalar” nada, sino para fomentar e impulsar la creación de empresas con asesoría e inversión. La creación de una banca de fomento estatal podría canalizar recursos del estado hacia las pymes con tasas de retorno atractivas y competitivas. Si el estado ha demostrado que sabe administrar la economía del país ¿por qué no podría administrar de adecuadamente una Institución Financiera de Fomento?. En los países del primer mundo, inclusive en los Estados Unidos, cuna del capitalismo, el estado interviene de manera indirecta en la facilitación de capital para pequeños negocios fomentando de esta manera su crecimiento y la generación de empleo a menor escala que pueda sostener la economía.
Es por eso que resulta imperativo la intervención del estado como órgano de fomento y control de la actividad económica, asimismo, debe fortalecerse al empresariado nacional y buscar su posicionamiento en mercados externos a través de inyección de capital que les permita a estas empresas intervenir de manera activa en economías emergentes y sólidas, con ello no sólo se generaría dividendos para el país sino que también nos daría la oportunidad de exportar profesionales.
El Perú debe pasar de ser una economía receptiva a una economía proactiva. Para este fin es imperativa la inversión en investigación y desarrollo, que el estado tenga como prioridad la investigación en todos los sectores productivos rentables con la finalidad de lograr mejores productos, rentables y de bajo costo. Podríamos, por ejemplo, pensar entonces en un centro de desarrollo e investigación culinaria donde se busque la manera de masificar nuestra comida a bajo costo y de fácil elaboración para poder venderla al mundo de la misma manera como se vende la comida china, sólo por mencionar un ejemplo. Partiendo de ese principio podríamos elaborar desde insumos hasta investigación científica para desarrollar medicamentos o nueva tecnología agroindustrial y porqué no, nueva tecnología metalúrgica.
La nueva Izquierda peruana debe entender que el capital es importante y que la intervención del estado a nivel de fomento y control es sustancial para garantizar un crecimiento económico sostenido y con una base social que abarque a todos los actores económicos, desde los mas deprimidos hasta los mas desarrollados, una nueva izquierda que tenga a la tolerancia como norma y al pueblo como fin, una nueva izquierda que tenga la nobleza de la lucha de sus antecesores y que a la vez tenga como norte modelos económicos exitosos, teniendo siempre al factor social como piedra angular del desarrollo.
Entendamos que la única manera de salir del sub desarrollo es evolucionando a nuestra sociedad y para esto se deben cambiar las bases del sistema actual, mantener lo correcto respecto a la economía y modificar las estructuras productivas del país, invertir en ciencia y educación así como en la promoción de auténticos en valores de conviviencia y tolerancia, que eliminen el plagio y la procrastinación de raíz, generar una sociedad ganadora con reglas de juego limpias y claras, una sociedad donde sea desterrada de una buena vez la tan famosa y dañina “criollada”.
¿Nacerá esta nueva izquierda? Yo creo que es posible, ello depende sólo de nosotros, de los que realmente amamos al Perú y lo anhelamos en la forma de una gran nación, donde el alto andino y el amazónico no tengan motivos de recelo contra el costeño por causa de una igualdad de oportunidades imperante.
Edición: Aliester Holliday @The_Gunman (twitter)
Tomado:http://elestigmadecain.com/2012/02/07/la-nueva-izquierda-que-el-peru-necesita/

sábado, 10 de noviembre de 2012

La segunda revolución china



DE LOS COLORES DEL GATO: LA TEORIA DE DENG XIAOPING 

1. Deng Xiaoping y la modernización de China 

Durante muchos siglos China fue la vanguardia de la civilización y el país más rico del mundo. Ya en el siglo XIII, Marco Polo describió el esplendor del Cambaluc (el Beijing actual) de Kubilai Kan, a quien consideraba "el hombre más poderoso en tierras, huestes y tesoros que jamás haya existido, desde Ada´n hasta nuestros días". A fines del siglo XVIII lord McCartney, embajador de Jorge III de Inglaterra, visitó Beijing y estimó que las rentas del emperador de China equivalían a dos tercios de las rentas de Gran Bretaña y que las de China las cuadruplicaban. Au´n en 1820, bien entrada la Revolución Industrial y avanzada ya la decadencia de la China Qing, el PIB de China suponía el 28,7% del PIB global.

A partir del último tercio del siglo XVIII la Revolución Industrial, iniciada en Inglaterra, marcó la pauta de la historia universal. Su recepción, o la ausencia de ella, determinaron desde entonces el poder de las naciones. El Japón Meiji se abrió al mundo exterior e inició su industrialización a mediados del siglo xix. China, convencida de su superioridad y encerrada en la contemplación de sus glorias pasadas, comprendió tardíamente el fenómeno y quedó descolgada del grupo de países avanzados. Una anécdota ilustra gráficamente esa actitud: en 1873, el emperador Qianlong aceptó los centenares de cajas de instrumentos científicos que le entregó McCartney como regalo de Jorge III, pero proclamó que China era autosuficiente; no necesitaba nada y ni siquiera quería comerciar con otros países, a los que se abrían únicamente dos puertos en el extremo sur del país. No siempre había sido así: en siglos remotos la Ruta de la Seda da testimonio de una China abierta al contacto con el extranjero y al intercambio comercial. No obstante, China no utilizo´ sus inventos -como la pólvora, la brújula o la navegación transoceánica- para someter a otros países. Por el contrario, construyó la Gran Muralla, de 4.000 kilómetros de longitud, para aislarse de los "bárbaros". 

Perdido el tren de la Revolución Industrial, China quedó convertida en un país "periférico", al igual que Rusia o España, entre otros. Los ingleses consiguieron, finalmente, por las malas lo que no habían podido conseguir por las buenas: abrir el Imperio chino al comercio internacional. El tratado de Nanking (1842) abrió cinco puertos al comercio internacional, establecie´ndose el régimen de "concesiones", por el que China perdía de hecho su soberanía sobre parte de su territorio. La situacio´n semicolonial resultante supuso una amarga humillación. La imagen de los barcos de madera chinos hundidos por los navíos de acero ingleses en la Primera Guerra del Opio (1840-1842) refleja el atraso tecnológico de China respecto a los países industriales así como su despertar trauma´tico a la modernidad. La historia China ha sido desde entonces una serie de intentos para conseguir la modernización, recuperando el tiempo perdido. 

El primero de estos intentos se produjo en las últimas décadas del siglo xix. Como en todos los países "periféricos", las fuerzas apegadas a la tradición y opuestas al progreso fueron el principal escollo para quienes intentaban modernizar el país. Ni Li Hungchang, el principal representante de los intentos de modernización en ese momento, ni sus seguidores consiguieron, siquiera, introducir la ciencia y la tecnología como asignatura, junto a los textos cla´sicos, en lo exámenes imperiales. La emperatriz viuda Cixi nunca les dio su apoyo.

La dinastía Qing murió de inanición en 1911. En su lugar se proclamó una República burguesa, cuya principal personalidad fue Sun Yatsen, el fundador del Guomingtang, instalado como presidente provisional en Nanking. Nacionalista, modernizador, conocedor del mundo exterior, Sun Yatsen es reivindicado por el Partido Comunista de China (PCCh) como uno de sus precursores. Muerto en 1925, le sucedió Chiang Kaishek. El Gobierno del Guomingtang, que se prolongó hasta 1949, ocupado en la lucha contra los señores de la guerra, contra los comunistas y contra los japoneses, fue incapaz de llevar a la práctica el ideario de Sun Yatsen y modernizar el país. Mao Zedong consiguió que China se convirtiera de nuevo en dueña de sus destinos y que los chinos recuperaran el orgullo de serlo. Pretendía alcanzar una sociedad igualitaria, basada en la propiedad colectiva, la vida en común y una forma de reparto muy primitiva. Aspiraba a forjar el "hombre nuevo" comunista, altruista y desinteresado. Su objetivo no era la riqueza de China ni el bienestar de sus habitantes. Parafraseando a Deng Xiaoping se puede decir que para Mao el gato tenía que ser rojo y no le importaba nada que cazara o no ratones. Su utopía revolucionaria condujo, perdido el contacto con la realidad, a los horrores del Gran Salto Adelante (1958) y de la Revolución Cultural (1966-1976, que se saldaron con más de 30 millones de muertos) y de los que China salió en un estado de postración económica extrema. La renta per cápita de China era en 1978 de 217 dólares y su PIB suponía sólo el 2,3% del PIB mundial. Sin la modernización económica la obra de liberación nacional quedaba a medio hacer, ya que China se vería de nuevo, antes o después, a merced de otras potencias. 

Tras los intentos fallidos anteriores, Deng Xiaoping dio con la fórmula para la modernización de China con su estrategia de "reforma económica y apertura exterior", el andamiaje teórico que ha permitido la edificación de la economía de mercado y el extraordinario crecimiento económico de China. 


En 1964, el primer ministro Zhou Enlai, que siempre intentó poner freno a la quimera revolucionaria de Mao, formuló la política de las "cuatro modernizaciones": de la agricultura, la industria, la ciencia y la tecnología, y la defensa. La reiteró en 1975, cuando la Revolución Cultural, totalmente desacreditada, llegaba a su fin. En diciembre de 1978, durante el decisivo tercer pleno del XI Comité Central del PCCh, que marcó un antes y un después en la historia de China, Deng lanzó "la política de reforma económica y apertura al exterior", que no era más que otra formulación de las "cuatro modernizaciones". Sólo que ahora cuando se estaba decantando ya a favor de Deng la lucha por la sucesión de Mao, la cosa iba en serio. "El objetivo central de todo el trabajo del Partido pasa a ser las "cuatro modernizaciones", nuestra nueva larga marcha" -proclamó Deng. La lucha de clases cedía la prioridad al desarrollo económico. Según la resolución del citado pleno del Comité Central, "la modernización socialista es una profunda y amplia revolución". Se iniciaba, en efecto, una nueva revolución, la de Deng Xiaoping, que había de rectificar en su esencia misma la de Mao Zedong -aunque decía basarse en los logros de ésta- y había de cambiar la faz de China en pocos años. 

Deng Xiaoping había tenido una trayectoria conflictiva con el poder: purgado en 1966, al inicio de la Revolución Cultural, Mao evitó su expulsión del Partido. Uno de sus hijos, Deng Pufang, fue entonces arrojado por una ventana y quedó inválido. Rehabilitado en 1973, volvió a ser purgado en 1976, para regresar de forma definitiva al poder al año siguiente. Aunque Hua Guofeng, el sucesor de Mao Zedong, no acabó de abandonar los diversos puestos que ocupaba hasta 1981, Deng fue de hecho el número uno desde 1977, cuando contaba con 73 años de edad. Aunque la edad de acceso al poder de Deng pueda resultar extraña desde la perspectiva occidental, hay que tener en cuenta que China es un país de raíz confuciana, que siente gran respeto por la sabiduría y la experiencia de las personas de edad avanzada y por tanto, se considera normal una cosa así. En una entrevista con Alfonso Guerra, entonces vicepresidente del Gobierno, el 30 de abril de 1987, Deng, que tenía entonces 83 años, le dijo: "Qué joven es usted. Y qué jóvenes son el Rey y Felipe González. Tienen ustedes tiempo para todo".

Deng no derivaba su autoridad suprema de puestos formales, ya que no asumió la Secretaría General del Partido (que había detentado de 1956 a 1966), ni la Jefatura del Estado ni la del Gobierno. Sólo era, en 1978, miembro del Comité Permanente del Politburó, vicepresidente de las Comisiones Militares (del Partido y del Estado) y vicepresidente del Gobierno. En octubre del 87 abandonó el Politburó y en marzo del 88 su puesto en el Gobierno. Retuvo sólo la Presidencia de las Comisiones Militares, abandonándolas en noviembre del 89. Pese a ello, siguió siendo el número uno hasta su muerte, en febrero de 1997, a los 93 años de edad. Su autoridad derivaba del prestigio acumulado como miembro de la generación revolucionaria, de su participación en la Larga Marcha, del heroísmo demostrado en las guerras contra los japoneses y contra Chiang Kaishek, de haber ocupado puestos de la mayor relevancia en el Partido, el Estado y las Fuerzas Armadas, y de sus estrechas conexiones personales con los principales responsables de estas tres instituciones. Deng era respetado por sus pares, ante todo, por su sabiduría y su capacidad de convicción. Una vez la reforma hubo triunfado, de forma fulminante, en el campo, el apoyo popular a su política reforzó el liderazgo de Deng y desarmó a sus rivales más conservadores. 


Su pensamiento político, base teórica del desarrollo económico de China y de los enormes cambios del país a partir de 1978, se fue modelando, a lo largo de su vida, por diversos factores. Un factor decisivo fueron sus estancias en el extranjero: en 1920, a los dieciséis años, viajó a Francia, donde permaneció cinco años, trabajando en distintos oficios y lugares, entre ellos la fábrica Renault en Billancourt, cerca de París. Coincidió allí con Zhou Enlai, que lo reclutó para el Partido Comunista en 1924. Luego pasó nueve meses en Moscú. 


Estos datos son muy relevantes: mientras Mao nunca viajó al extranjero antes de llegar al poder y después sólo lo hizo en sus escasos viajes oficiales, la experiencia de Deng en el extranjero fue decisiva. Al conocer la economía de mercado, pudo comprender pronto que la economía planificada, importada de la URSS, y los experimentos maoístas, como el Gran Salto Adelante, no funcionaban. La economía de mercado sí era capaz de crear riqueza, asegurando el bienestar del pueblo. Esta noción acabaría pesando, para Deng, más que cualquier otra consideración. 

De la experiencia de las concesiones extranjeras y de la ocupación japonesa derivó Deng la necesidad de un país fuerte y, por tanto, rico, para que nadie pudiera volver a humillarlo. El trauma causado por la sumisión al yugo de los países desarrollados, que ya tenía los precedentes de la dominación mongola (siglos XIII-XIV) y manchú (siglos XVII-XX), fue una de las fuentes básicas del pensamiento y la conducta de Deng y su generación. Había que evitar a toda costa que China volviera a verse sometida a otras potencias. En frase de Deng "para conseguir la verdadera independencia política uno debe primero salir de la pobreza".éste sigue siendo uno de los ejes del pensamiento político de los sucesores de Deng Xiaoping. Para Jiang Zemin: "El atraso económico de un país lo reduce a la impotencia ante la manipulación ajena. La competición internacional hoy supone, en esencia, el enfrentamiento en términos de poderío nacional basado en los recursos económicos y científico-técnicos de cada nación". El nacionalismo fue siempre un componente esencial del comunismo chino. A menudo los dirigentes chinos toman prestada a Sun Yatsen la expresión "rejuvenecimiento de la nación china" como meta a la que aspiran. En un primer momento se creyó que el sistema de economía planificada era un atajo que permitiría alcanzar el desarrollo económico, a través del control "científico" de las variables económicas, de forma mucho más rápida que el sistema de economía de mercado capitalista. Pronto se vio que el sistema de planificación era incapaz de generar riqueza y de permitir a China acercarse a las naciones económicamente avanzadas. 


La unidad nacional, perdida en las décadas que precedieron a la revolución conla ocupación extranjera y con los reinos de taifas dominados por los señores de la guerra, era otro imperativo. Del marxismo-leninismo Deng retuvo siempre la dictadura del proletariado, la necesidad de un Estado fuerte, coincidiendo con la milenaria tradición confuciana de China. Los horrores de la Revolución Cultural convirtieron para Deng en axiomas la estabilidad, el orden, la unidad del Partido. Por otra parte, el estudio de la evolución de los "cuatro tigres" asiáticos y su rápido progreso económico acabó de convencerle de las virtudes de la economía de mercado. Deng estuvo en Singapur, de paso hacia Francia, en 1920, y volvió a visitarlo en 1978. Pudo ver con sus propios ojos cómo el languideciente enclave británico de 1920, tan atrasado como los puertos del sur de China, se había convertido en uno de los países más avanzados del mundo. Del tercer mundo al primero, se titulan acertadamente las memorias de Lee Kwan Yew, el padre del Singapur actual, que ha ejercido una significativa influencia sobre Deng Xiaoping y sus sucesores. Taiwán y Hong Kong eran partes de China; la población de Singapur era mayoritariamente china. Es decir, tres de los "cuatro tigres" eran chinos. Las minorías chinas de los restantes países del Sudeste de Asia eran muy prósperas. Los chinos eran ricos en todas partes menos en la República Popular. Había que preguntarse por qué. La respuesta era obvia: la economía planificada no funcionaba y la de mercado sí. 


Así pues, cuando llegó al poder, tras haber acumulado una enorme experiencia política, Deng sabía muy bien lo que quería: una China rica y poderosa, dueña de sus destinos y capaz de ocupar un lugar destacado en el orden internacional; ante todo, una China que nunca más pudiera volver a ser humillada por otras potencias, como lo había sido de 1840 a 1945. Deng era un regeneracionista: lejos del comunismo dogmático y del utopismo revolucionario de Mao, el nacio nalismo pesaba en él no menos que la ideología. El pueblo chino es realista y pragmático por excelencia. Deng Xiaoping era una magnífica rama del viejo tronco. Una personalidad
utópica como la de Mao, un hombre habitado por una idea, es la excepción que confirma la regla. 
El genio político de Deng Xiaoping residió, en primer lugar, en entender que el sistema económico importado de la URSS, que atentaba contra todas las leyes de la gravedad económica, debía desaparecer para dar paso a una economía de mercado. A la pregunta "¿Qué es el comunismo?" Deng Xiaoping contesta: "El comunismo supone el fin de la explotación del hombre por el hombre y se basa en el principio "de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades". Dar a cada cual según sus necesidades (el viejo sueño de ir a la tienda y coger lo que uno quiera gratis) sólo será posible con una enorme riqueza material, lo que exige unas fuerzas productivas muy desarrolladas. La tarea fundamental en la etapa socialista, previa a la comunista, es, por tanto, el desarrollo de las fuerzas productivas". Añade Deng: "Sólo la guerra mundial nos haría cambiar la prioridad de las "cuatro modernizaciones", el desarrollo de las fuerzas productivas". Era obvio que la planificación económica a la soviética no permitiría alcanzar una "enorme riqueza material", base imprescindible para la realización del ideal comunista de dar "a cada cual según sus necesidades". Para lograrla había que establecer una economía de mercado. En palabras de Wu Jinglian, probablemente el economista más respetado e influyente de China, profesor de CEIBS y muy próximo al primer ministro Zha Rouffi: "Sin alta eficiencia el elevado ideal socialista se convierte en "un castillo en el aire" o en "un sistema de pobreza común", por la falta de base material. Por tanto, entre economía planificada y economía de mercado no teníamos opción".


Aunque Deng Xiaoping razonó la necesidad de establecer una economía de mercado en términos marxistas, bien podría haberlo hecho (quién sabe si también lo hacía) en términos confucianos, a partir de la cultura política china tradicional. 


Ya que el poder debe garantizar, según Confucio, el bienestar de sus súbditos y el sistema de planificación económica no permitía hacerlo, había que prescindir de él y establecer una economía de mercado. 

La estrategia de desarrollo económico, que tuvo un éxito fulminante, dio al PCCh una nueva legitimidad. Sustituyó a la que había tenido tras la revolución en 1949, agotada a causa de los excesos de Mao (Gran Salto Adelante, Revolución Cultural). Sin desarrollo económico los ciudadanos dejarían de creer en el sistema y en el Partido. Deng dijo que si no mejoraba el funcionamiento del sistema socialista, la gente se preguntaría por qué éste no podía resolver los problemas que el capitalismo sí resuelve. Por otra parte, si el desfase económico y tecnológico entre China y los países capitalistas avanzados hubiese seguido creciendo, habría llegado un momento en que China habría quedado de nuevo a merced de éstos. Es decir, no sólo el ideal comunista ("a cada cuál según sus necesidades"), sino también la supervivencia del sistema político y la preservación de la soberanía nacional dictaban la política de desarrollo económico. 

En segundo lugar, Deng comprendió que en un sistema como el chino, o el viejo sistema soviético, el Partido coincide con el Estado, por la sencilla razón de que fuera del Partido no hay vida política organizada, ni cuadros experimentados en la gestión política ni económica. El Partido es el Estado. Era imprescindible conservar el Partido-Estado, un poder político sólido, como único agente posible del cambio. Si el Partido-Estado desaparecía o resultaba quebrantado, no quedaría en su lugar más que un agujero negro
que ocuparían las mafias (de gran tradición en la cultura política china) y las fuerzas oscuras; toda transición ordenada y no traumática a la economía de mercado resultaría imposible. Algo así habría de ocurrir en Rusia. "Sin el Partido Comunista -dijo Deng- ¿quién organizaría la economía socialista, la política, los asuntos militares, la cultura en China, y quién organizaría las "cuatro modernizaciones"?"

Había que conservar, pues, el Partido-Estado, pero modificando su función: el Partido Comunista de China pasó a edificar la economía de mercado, aparcando la construcción del comunismo. Un Estado fuerte era necesario, además, para garantizar la soberanía de China, pisoteada entre 1840 y 1945. Deng temía las maniobras de los países capitalistas contra China y el mundo socialista. 

La dictadura del proletariado, además, encaja perfectamente con la cultura política china. El secretario general del Partido ocupa el lugar del emperador y el Partido el del mandarinato. El imperio era, en teoría, una dictadura benévola. Algo así como el "despotismo ilustrado". Los súbditos tenían que acatar el poder sin discutirlo, pero el emperador debía garantizar la seguridad y el bienestar de sus súbditos. Hubo emperadores que no cumplieron con su obligación -como el propio Mao-. En este caso el emperador perdía el "mandato del cielo". Se acepta que en sus primeros diecisiete años de gobierno Mao actuó correctamente. Después sus principales
errores fueron la campaña antiderechista de 1957; el Gran Salto Adelante (1958); la campaña contra le mariscal Peng Dehuai, por atreverse a criticar el Gran Salto Adelante (1959), y la Revolución Cultural (1966-76). En la valoración final que hizo el Partido de Mao, los aciertos (70%) pesan más que los errores (30%) y se le sigue considerando un gran revolucionario y un gran marxista. El PCCh se negó a hacer con Mao lo que Jruschov había hecho con Stalin. 

De hecho, la preservación del Partido-Estado pasó por la negativa de Deng a descalificar a Mao Zedong: 

No podemos descartar bajo ningún concepto la bandera de Mao Zedong [...]. Hacerlo supondría, de hecho, negar la gloriosa historia de nuestro Partido [...]. La condena de Mao Zedong equivaldría a desacreditar el Partido y el Estado [...]. Sin su dirección muy probablemente la revolución aún no habría triunfado. Seguiríamos sometidos al imperialismo, al feuda lismo y al capitalismo y nuestro Partido seguiría luchando en la oscuridad. Si no fuera por Mao, no habría nueva China. Sin él el PCCh no existiría [...]. El pensamiento de Mao representa la integración de la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica de la Revolución china.

Aunque las ideas de Mao hayan sido en gran medida descartadas, se le sigue considerando símbolo máximo del Partido y del Estado. Su retrato continúa presidiendo la plaza de Tiananmen y su cuerpo reposa en el mausoleo en la misma plaza. Pero pese a esa retórica, lo cierto es que los errores de Mao, en especial El Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, diezmaron el Partido y despojaron a su ala más conservadora de toda autoridad moral. Había quedado claro que la economía planificada funcionaba de forma muy deficiente. Por esto, cuando Deng lanzó la política de reforma económica y apertura al exterior, encontró escasa resistencia. El inmediato éxito de la reforma agrícola la hizo prácticamente irreversible. 

CORTESIA:http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/20168/La_segunda_revolucion_china

¿Secta liberal?



JUAN CARLOS TAFUR

Si, como se sabe, hay un grupo de ciudadanos pensando seriamente en conformar un Partido Liberal en el Perú, ya están empezando cojos. O mudos, mejor dicho. Porque no se les escucha pronunciarse sobre ninguno de los problemas vigentes.

Un partido se forja a partir de liderazgos ideológicos o personales y ello no se logra de la noche a la mañana. La historia de los partidos en nuestro país está asociada directamente a las universidades. Allí se formaron sus cuadros, que luego cuajaron como agrupaciones partidarias.

Eso, sin duda, ha cambiado. Hoy en día, un buen trabajo en las redes sociales genera mayor repercusión que un trabajo sostenido en las aulas universitarias. Quizás, en parte, la crisis de los partidos se origine en que no han sabido adecuarse a los nuevos tiempos y entender qué es “el pueblo” en el siglo XXI.

Pero ni siquiera en ese nivel se aprecia algo que pueda siquiera definirse como estrategia de “posicionamiento”. Y hay que tener en cuenta que cuatro años y pico es poquísimo tiempo para organizar un partido que pretenda tener posibilidades de incorporarse al proscenio existente. No basta con sumar figuras estelares a último momento para suplir un trabajo de años que, además, está obligado a realizarse a nivel nacional.

“Es que es un trabajo leninista clandestino el que hemos diseñado”, nos comenta uno de los partícipes del proyecto. La verdad es que más parece una estrategia propia de una secta ocultista. Y sobra decir cuál es nuestro pronóstico respecto del resultado al que va a conducir el modus operandi elegido.

Pero existe, además, en su seno una distorsión de origen. El liberalismo en el Perú no puede reducirse a criticar casi exclusivamente los despropósitos populistas. Ya suena a discurso viejo y facilista. ¿Por qué no se les escucha criticar con la intensidad que amerita los desmadres del capitalismo corporativo, el que ha generado la crisis de Europa, y previamente la de Estados Unidos? ¿Por qué no se lee que cuestionen con la misma acidez que utilizan para poner en entredicho normas estatistas, aquellas que brindan favores mercantilistas a diario a los grupos de poder?

Y peor aún, ¿es que solo tiene algo que decir el liberalismo en temas económicos? ¿Las críticas al desatinado manejo del problema del VRAE, por ejemplo, son patrimonio del fujimorismo o del periodismo independiente? Si los liberales peruanos quieren formar en serio un partido que sea visto como alternativo y moderno, tienen que despojarse del saco y la corbata, y ensuciarse los zapatos en el día a día de la política. Si no que formen su ONG o su club de amigos.

LIMA: DE BARRANTES A VILLARÁN




IZQUIERDAS Y DERECHA
Los escenarios de conflagración entre los poderosos de la tierra y los desposeídos, se hacen cada día más visibles en las luchas que se sostienen en todo el orbe; ahora está incluido el contexto europeo, antes revestido como el primer mundo desarrollado. No hay excepciones, ni el todopoderoso país del norte, ni los grandes bloques del G8.

Por eso todos sus medios de información, que forjan la realidad en el mundo (pues son quienes construyen verdades, revelan misterios, y lapidan antípodas), se empeñan en ocultar estas contiendas, donde comparecen los poderosos por un lado, y los pueblos por el otro.

En este contexto descrito brevemente subyace una verdad simbólica: el enfrentamiento político entre la izquierda y la derecha. La derecha mundial está representada por los grandes poderes de dominio y hegemonía planetaria, las derechas nacionales le hacen eco a la internacional, la reproducen, defienden o personifican sus intereses. La izquierda en cambio, solo existe en cada nación.

El Perú no es un país que prescinda de estas características, la derecha constituye el poder nacional-internacional que pugna por ser absoluto, combate cualquier intento de transformación, o a quienquiera que desempeña una posible imagen de cambio. La concepción que tiene esta ideología de democracia, se afirma en descalificar a cualquier adversario, desprestigiarlo ante la opinión pública, y si es posible aplastarlo (humillarlo, avergonzarlo, reducirlo al silencio, e incapacitarlo definitivamente). Para esto posee una maquinaria especializada en abrumar, hundir y exterminar: los medios de información.

La izquierda peruana también es una realidad, pese a que han tratado por muchos medios de anularla, y con terca persistencia se ha legitimado cumpliendo roles importante en la vida pública de los últimos decenios.

El ánimo de conflicto y la poca tolerancia de la derecha contra la izquierda ha sido motivada en más de una ocasión por la propensión de defensa de los derechos de las mayorías que tienen los progresistas, frente a la inclinación de favorecer a unos pocos que siempre ha defendido el conservadorismo. Vocación que muchos socialistas han materializado en las diversas gestiones públicas que han tenido la oportunidad de administrar. El claro ejemplo en este momento lo constituye la alcaldesa Susana Villarán en la Municipalidad de Lima Metropolitana.

LIMA LA CABEZA DE UN PAÍS MALA TESTA
Lima es la capital del Perú, y en un país hipercentralista como el nuestro, se ha constituido como una urbe que ha crecido desordenada y desproporcionalmente, precisando con urgencia una gestión congruente con el reto de transformarla en una ciudad moderna (limpia, ordenada, segura, productiva, saludable, descongestionada, turística, sostenible, etc.).

Las gestiones que han precedido a la alcaldesa Villarán –salvo la de Barrantes Lingán, 1980-1984– han favorecido a unos pocos, a los poderosos. La metrópoli demanda enfrentar enérgicamente el desorden, el atraso, y las malas condiciones de vida de gran parte de la población capitalina; estas tareas largamente postergadas en las últimas décadas forman parte de la agenda pública de la actual gestión Villarán.

El caos del transporte urbano con el que convivían las gestiones de gente acólita a la derecha peruana, está en proceso de un reordenamiento; los espacios públicos que deben ser consagrados para el disfrute de toda la población limeña, que fueron privatizados, cercados y destinados al uso de unos pocos (los poderosos), la señora Villarán se ha propuesto recuperarlos para el entretenimiento general (cultura, deportes, espectáculos, etc.); la seguridad ciudadana que en periodos anteriores estaba consignada a regímenes privados (policía particular, y terceros), está cambiando; ahora se están  implementado puestos de auxilio rápido mixto (policías y serenos) las 24 horas del día tanto en el Centro Histórico, como en el Rímac, Barrios Altos, entre otros. Hormiguean obras dedicadas a la niñez, a la juventud, a la intercomunicación vial; pero sobre todo, no sólo está dedicada, como lo estuvo la gestión pasada, a ejecutar obras físicas, está concentrada en afrontar el fundamento de los problemas que originan el desorden y el caos.

La derecha no puede soportar que esta ciudad sea convertida en una ciudad para todos, por eso promueve la intransigencia de una oposición organizada contra los cambios emprendidos, tanto en el reordenamiento del transporte urbano, como en el traslado del Mercado Mayorista “La Parada”, al Mercado Mayorista de Santa Anita.

Esta ofensiva contra la alcaldesa que ha resultado en un proceso de Revocatoria, ha sufrido un revés producto de una exacerbada resistencia perpetrada por un sector lumpen, con el que la regencia del estado neo liberal, no desea asociarse en público (sólo en privado), debiendo incluso declarar una tregua mediática. Este respiro ha durado unos pocos días.

EL VIEJO DILEMA ENTRE EL ESTADO ENEMIGO Y LA CONQUISTA DEL ESTADO
En este dilema han concurrido también los que no se identifican con lado alguno, acaso por el tono o el contenido de sus afirmaciones terminan siendo tributarios de la campaña contra la gestión actual de la comuna limeña.

En este momento en Lima se juega la batalla estratégica del Perú que reclama transformación, una transformación que prometió Ollanta, pero que se encuentra imposibilitada por una falta notable de organización social y política, cultural y económica, sustentada por cuadros técnicos, intelectuales, líderes, artistas, científicos, empresarios, y militantes de todas las sangres, que puedan hacerse cargo de la administración del Estado. Pero la organización a la que aludimos no se formará producto del azar o la buena voluntad. Solo se podrá alcanzar contando con una eximia experiencia en la administración del Estado, y esto a su vez es factible siendo parte de éste, para luego disputar a los neoliberales su administración, pero con orientación y objetivos distintos.

Existen aún afirmaciones que sostienen que el Estado es el enemigo del pueblo, nosotros aseveramos que las orientaciones del actual Estado de naturaleza neoliberal confirman estar reñidos con los intereses de las grandes mayorías; pero el Estado como tal, puede ser usado tanto para favorecer al pueblo en general o a un grupo en particular.

LA EXPERIENCIA EN GESTIÓN DE IZQUIERDA
La izquierda en el país ha tenido diversos correlatos y expresiones, de modo tal que ha ido acumulando experiencia en gestión pública edil, y especialmente en enfrentar situaciones complejas como las que la actual administración de Lima está atravesando.
Pero es imperioso y vital desvalijarnos de algunas costumbres que se han convertido en una suerte de mala percepción de parte de las caras visibles del municipio en cuestión. Es necesario cuanto antes dar señales de que esa izquierda motejada de caviar, en razón de que se la percibe alejada de los plebeyos; sea identificada con lo popular, se vista de todas las sangres, y organice a los diversos grupos, asociaciones, personas, artistas, y cuantos sientan la exigencia de hacer realidad esa organización que el Perú demanda.

Para muchos jóvenes, adultos y veteranos de la militancia en los grupos que propugnan cambio, la Izquierda Unida de “Frejolito”, que casi llegó a gobernar el Perú de 1985, fue un triunfo sin precedentes en la vida democrática del Perú republicano. Esto fue gracias a que se logró articular un proyecto contrahegemónico desde la sociedad y se afirmó en la Municipalidad de Lima, desde allí se organizó la experiencia indispensable para disputar la administración del Estado, también se construyó una base social popular que permitió este resultado electoral. Experiencia en gestión y en enfrentar situaciones complejas.

La derecha, los que defienden el modelo neoliberal en el gobierno central y en los gobiernos regionales y municipales, los medios de información vinculados, y todos los agentes de este proyecto, saben lo peligroso que es que este escenario se repita. Conocen del valor estratégico que tendría una excelente gestión de la izquierda en Lima metropolitana. Por eso el complot y la revocatoria. Este es el enemigo externo.

El enemigo interno en cambio, es el mismo que amenazó la IU de Barrantes, que se ahogó en ufanos liderazgos de grupo y controvertidos cuajos ideológicos discrepantes.
La unidad debe estar por delante, empezando por los amigos de la Municipalidad de Lima que deben cuanto antes concentrar y organizar a las diversas fuerzas sociales y políticas para ganar la batalla por Lima, que es decisiva.

CORTESIA: http://nosotrosperu.org/2012/11/08/lima-de-barrantes-a-villaran/#.UJ4axeS8-ME

PERU. LA PUNTA DE ICEBERG


noviembre, 2012


La fotografía nos muestra una pequeña punta de hielo y nos esconde el hecho que debajo de ella -y sin que se perciba a simple vista- está ubicada una inmensa mole que es capaz de destruir a quien la impacte. Se dice que el hundimiento del Titanic, en 1912, se debió precisamente a un Iceberg que fue subestimado por los conductores de la gigantesca nave, quienes pensaron que podrían fácilmente superarlo.

Pues bien, en política, determinados acontecimientos asoman como hechos aislados, casi irrelevantes, pero esconden una carga inmensa que de pronto sale a flote y es capaz de derribar una construcción aparentemente imbatible. Si analizamos los recientes acontecimientos del Mercado Mayorista de La Parada, ocurridos entre el 25 y el 27 de octubre, podemos percibir que ellos constituyen apenas el Iceberg, es decir la punta de un fenómeno altamente explosivo que amenaza gravemente a la sociedad peruana.

Los hechos que dejaran finalmente el saldo de 4 muertos, más de un centenar de heridos e inmensas pérdidas materiales y económicas, unidas a escenas de horror lacerantes en el Mercado de Abastos y en el corazón comercial de nuestra capital, han sido percibidos en unos casos como un hecho delictivo, y en otros como un acontecimiento político. Pero pocos han querido verlo como realmente lo es: un fenómeno social que revela el drama de la sociedad peruana en toda su magnitud por cuanto lo representa en sus más diversos planos: la economía, la política, la descomposición social y la presencia de poderosas mafias que deciden la vida de la gente.

¿En la Parada se amasan fabulosas fortunas muchas veces mal habidas? Claro que sí. Pero ellas conviven con la pobreza extrema, aquella que en su  momento percibiera Emile Zolá cuando nos hablara de “El vientre de París” al describirnos Les Halles, esa gigantesca mole de cristal construida en la capital francesa en los años del II Imperio, entre 1854 y 1870.
¿Hay delincuencia y crimen organizados en esos extramuros de la ciudad? Si. 

Pero también hay trabajo esforzado, heroico y sacrificado de miles de personas que carecen de oficio pero que tienen familias que mantener y por las que están dispuestas a entregar la vida si fuera necesario. Se trata, muchas veces, de pobladores que habitan en las zonas marginales de la ciudad porque nunca pudieron ingresar a ella sino apenas como visitantes indeseados e inoportunos, por su triple condición de provincianos, migrantes y pobres.

 ¿Hay en caldo de cultivo para las más duras confrontaciones sociales, allí? Ciertamente. Pero también hay condiciones para el despegue de una economía popular basada en el trabajo y en la cooperación solidaria de millones. Y esa es una experiencia recogida por nuestra propia historia, alimentada por constantes muestras de trabajo colectivo en las más diversas esferas de la actividad humana.

Hay, sobre todo en nuestro tiempo,  analistas políticos -incluso progresistas- que prefieren ignorar la lucha de clases. Que aseguran, incluso, que ya las clases, no existen; que aludir a ellas es hablar de un pasado vencido. Optan, entonces por buscar explicaciones de orden sociológico, o incluso histórico, para ocultar un fenómeno que, sin embargo, nos golpea cada día. Lo ocurrido recientemente en el Mercado Mayorista de Lima, nos muestran la lucha de clases en vivo y en directo, en todo su esplendor.

Un segmento de la vida nacional que alcanzó preeminencia y poder en el pasado y que ahora se obstina en retener en sus manos  los resortes que hicieron posible ese milagro; resiste la fuerza del progreso y la imperiosa necesidad de democratizar el comercio para que beneficie no sólo a pequeñas camarillas, sino a todos. Ocurre, sin embargo, que ellos -que se perjudican grandemente con los cambios de regulación que se plantean- no sufren los efectos de la represión puesta en marcha por la estructura del Estado porque ellos no viven en La Parada, ni en el Cerro El Pino, ni en San Pablo, ni en San Cosme.

Ellos viven en lujosas residencias situadas muy lejos de la periferia del accionar policial. Por eso, tampoco sus nombres se asocian al de los centenares de detenidos, varios de ellos por cierto delincuentes de poca monta y otros simplemente esforzados trabajadores. En otras palabras, también en esta circunstancia, la cadena se rompe por el eslabón más débil. Son los pobres los que pagan las consecuencias no por ser delincuentes, sino simplemente por ser pobres.

Es en este escenario en el que actúan con destreza las fuerzas políticas empeñadas en perpetuar en el Perú el “modelo” neo liberal, basado precisamente en “la más amplia libertad del comercio y del mercado” . Y es que ésta es justamente la que permite la existencia de expresiones elefantiásicas como La Parada, que surgió en el Perú cuando Lima -al decir deEnrique Congrais Martínez- era el “Monstruo de un millón de cabezas”, y que ahora ha quedado obsoleta, porque el monstruo tiene ya más de nueve millones de cabezas e infinitos -otros- problemas..

Conocedora de esa realidad la clase dominante busca usar sus elementos para impedir el desarrollo y el progreso del país. Busca mantener y perpetuar la dependencia que nos ata al Gran Capital y bloquear a cualquier precio la menor posibilidad de desarrollo independiente de nuestra economía y de la vida de los peruanos. Reacciona, por eso violentamente ante las nuevas expresiones de la política nacional que surgieron en los dos últimos años.

En octubre del 2010, recordemos, la derecha perdió el control del Municipio de Lima que fue ganado por Susana Villarán bajo una bandera que la gente identificó con el mensaje socialista. En los hechos se ha demostrado que a la reacción no le importa realmente si ese mensaje es socialista, o no. Tampoco le interesa que haga, o no haga obra. Lo único que le importa es saber que esa fuerza se impuso sobre ella en un reducto clave de la vida nacional, y que generó así una situación que no puede permitirse.

Algo similar ocurrió poco más tarde. En junio del 2011, las elecciones presidenciales registraron la derrota de la Mafia y de sus expresiones políticas más ligadas a ella: el fujimorismo y el APRA. Independientemente del accionar el gobierno de Humala en el periodo post electoral, lo que verdaderamente le interesa a la fuerza de la reacción es revertir ese hecho, y demostrarle al pueblo que un derrotero así, es imposible. Buscará de ese modo confirmar la idea que oponerse a sus designios de clase dominante, es utópico, pero además, iluso, inviable e inútil. Nadie podrá conseguir algo si se enfrenta a ellos, que son los dueños del país. Eso explica su ofensiva de hoy. No es que tengan “agarrado” a Humala y estén seguros entonces que será un muñeco a su servicio. Ni siquiera que se sientan “protegidos” por la supervivencia de una política económica administrada por el titular del MEF, el ministro Castilla. Eso nunca será suficiente. De lo que se trata es de demostrar que a ellos, nadie los derrota y que, parodiando el verso de Gonzalo Rose, aquí no cabe otra cosa que degollar al cazurro que intente transformar al Perú.

Por eso la ofensiva creciente por desestabilizar el país, por generar un clima artificial de violencia y caos, por crear condiciones crecientes para el descontento ciudadano; su empeño en subrayar las debilidades del gobierno, las precariedades de su gestión, las inconsecuencias de sus conductores a los que, adicionalmente, busca desacreditar a cualquier precio. Ahora mismo, con la burda complicidad de los grandes medios de comunicación buscan promover un supuesto “Paro Policial” para mediados de la próxima semana, con la idea de reeditar -ampliado a toda la capital- el desgobierno del Mercado Mayorista

Todo lo tiene coordinado. El Canal 2, entrevista a Marcos Ibazeta, connotado fujimorista del pasado que pontifica en torno a los errores policiales en La Parada. Inmediatamente después recoge la ·”denuncia” de un “efectivo policial en actividad, integrante de las Fuerzas Especiales” que anuncia un Paro Policial contra los mandos de la institución dentro de 72 horas. Y cierra el tema recogiendo la entrevista a un general retirado de la Policía que confirma la legitimidad” del descontento policial ¿Se necesita más que eso para asegurar que “desde afuera” se alienta la violencia y el caos?

Y es esa la ofensiva desplegada contra Susana Villarán ahora. Si, hipotéticamente funcionara la idea, y la consulta revocatoria les diera resultado en marzo, en junio estarían exigiendo la revocatoria de Ollanta Humala argumentado su incapacidad para “poner orden” en el país y garantizar la “seguridad ciudadana”. La derecha no da puntada sin nudo. Por ahora, revocar a Susana, demoler a Diez Canseco y echar a Roncagliolo son las tres puntas del tridente satánico que enarbola la Mafia.

El tema de la “revocatoria” tiene valor simbólico. Colocarse al lado de ella es sumarse a la Mafia y a la reacción en todos sus matices. Y bloquear el intento de demoler a la autoridad municipal capitalina, es, por el contrario, sumarse a la fuerza del pueblo que tiene no sólo el deber, sino también la obligación de ganar una vez más una batalla. (fin)

(*) Del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera / http://nuestrabandera.lamula.p

CORTESIA: http://nosotrosperu.org/2012/11/08/peru-la-punta-de-iceberg/#.UJ4ZJeS8-ME

GANAR LA BATALLA POR LIMA ES DEFENDER LA INSTITUCIONALIDAD DEMOCRATICA


noviembre, 2012

La revista Nosotros-Ñuqanchik rechaza de modo tajante la revocatoria mafiosa que castañedistas, fujimoristas y sectores del Apra, y la derecha cavernaria impulsan contra la actual gestión municipal de Lima Metropolitana. Formar el Frente Amplio por la Institucionalidad Democrática es la tarea urgente e inmediata.
Nos solidarizamos con el Congresista Javier Diez Canseco y el renunciante embajador Nicolás Lynch, quienes vienen siendo objeto de una campaña de mentiras y calumnias. El liberalismo mercantilista quiere silenciar a los dirigentes políticos que luchan por un Perú soberano y de justicia social, que se oponen a su deseo de repartirse el país entre cuatro señorones y las transnacionales. ¡No pasarán!
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El Jurado Nacional de Elecciones  JNE, ha tomado la extraña y sospechosa decisión de realizar el acto electoral revocatorio de la actual gestión municipal de Lima, solamente en Lima, el 17 de marzo del próximo año. Semanas antes había presionado a la RENIEC para que rectifique la decisión de no admitir el recuento de un lote de firmas presentado por los revocadores en fecha que consideraron extemporánea.
Los violentos sucesos de la Parada, del día jueves 25 de octubre, se producen en simultáneo con la aprobación de la revocatoria por parte del JNE, días antes. Cuando los desmanes parecían haber logrado paralizar el traslado de los comerciantes al nuevo mercado de Santa Anita, el sábado 27 la policía nacional y el Municipio de Lima lograron imponer el principio de autoridad y desalojaron a las bandas de delincuentes y matones, que comerciantes mafiosos, revocadores castañedistas y fujimoristas habían contratado para truncar el traslado.

Pareciera que la pugna se da en torno a orden, formalidad y legalidad que serían los principios que la actual gestión de Susana Villarán pretende aplicar, versus desorden, informalidad e ilegalidad que comerciantes inescrupulosos y bandas organizadas en torno a diversas formas de criminalidad, han hecho de la Parada su gheto particular. Sin duda que esto existe y es la forma en que se presenta una confrontación que articula estos intereses mafiosos con intereses económicos y políticos de alcance no solo metropolitano, sino también nacionales y extranjeros.

Acelerar la campaña para traerse abajo la actual gestión municipal tiene el propósito de matar en el “huevo” una opción democrática, popular y progresista que se viene gestando con una gestión que gana en eficacia y aceptación ciudadana. Logro que se convierte en activo político que converge en un proceso de reagrupamiento de fuerzas progresistas y de izquierda con miras a producir modificaciones en la actual correlación de fuerzas político-sociales, que las fuerzas conservadoras han logrado retomar a favor suyo con la neutralización y copamiento del gobierno de Ollanta Humala.

La agenda de la Gran Transformación está pendiente con la defección de Ollanta, y amplios sectores sociales, particularmente provincianos y los movimientos ambientalistas y los pueblos indígenas, siguen bregando por él. Son estas expectativas y las fuerzas que se movilizan tras ellos las que el Frente Amplio busca amalgamar en un proyecto de cambio efectivo. Es en esta orientación que transita el reagrupamiento social popular y nacional.
El carácter especialmente retardatario del bloque dominante, re articulados por el fujimontesinismo y consagrados en la Constitución espuria y neoliberal del 93, es lo que direcciona la campaña para revocar a Susana Villarán y derrotar en su fase inicial la alternativa que empieza a desarrollarse con la convergencia de las fuerzas progresistas.

Detener esta ofensiva mafiosa y reaccionaria tiene que darse no solamente en la defensa y afirmación de la legalidad democrática, sino principalmente en el campo de la movilización social popular. Este terreno fundamental de la lucha política es lo que está rezagado, cuando no ausente, en la conducción política de la actual gestión municipal y también, débil en el proceso de la convergencia que diferentes colectivos y partidos progresistas viene impulsando.

Constituyamos el Frente Amplio por la Institucionalidad Democrática Como en la emblemática canción de Víctor Jara, “Para hacer una muralla,  juntemos todas las manos, todas”. Todas las fuerzas comprometidas con la democracia: Acción Popular, Perú Posible, sectores de Apra y el nacionalismo, Fuerza Ciudadana, Tierra y Libertad MNI-MAS, Patria Libre, y las organizaciones sociales, gremiales y culturales, que rechazan la revocatoria mafiosa y reaccionaria.

La maniobra antidemocrática y mafiosa que anida tras la aprobación de la revocatoria, expresada abiertamente en la fecha corta para su realización electoral, puede transformarse en una salida victoriosa que afirme la acumulación de fuerzas político-sociales progresistas si se les derrota el 17 de marzo. Resultado que es posible alcanzar si la estrategia de lucha de las fuerzas democráticas trasciende el campo de la legalidad electoral y despierta y moviliza a los ciudadanos y organizaciones sociales en las casas, los barrios, comedores populares, asociaciones culturales, clubs provincianos. La movilización juvenil y las redes sociales son claves en esta jornada en que se carecen de medios de prensa democráticos e independientes.

Esto es, si acudimos a las calles y la movilización social de la inmensa mayoría de peruanos y peruanas que quieren orden, mejoras sociales, ingresos, en otras palabras justicia y dignidad en un país en que hace 20 años se jactan de grandes resultados económicos sin que alcancen a la gente sencilla y trabajadora.

Este es el reto de la hora presente, no es el reto de Susana Villarán y su gestión municipal, es el reto de las fuerzas progresistas que aspiran al cambio en democracia en una sociedad en que persiste fuerte presencia de estilos señoriales, oligárquicos y de extirpadores de idolatrías, que entienden la democracia con la ley del embudo, ancho para ellos y angosto para los otros. Los resultados de consultas electorales se respetan y son válidos cuando se trata de defender sus privilegios, pero son recusables y revocables cuando creen amenazados sus intereses.

Hay que defender la democracia, los derechos y las reivindicaciones populares en las calles, con la movilización abierta, amplia y activa de la mayoría ciudadana. No basta ampararse en las instituciones del sistema electoral que son fácilmente  manipulables y mercantilizables. No olvidemos que estamos en una sociedad de cultura democrática precaria, de pobre institucionalidad. La corrección de esta democracia imperfecta se produce con la vigilancia ciudadana, con la presión de las organizaciones sociales e instituciones de la sociedad civil.

La presencia activa y militante de las organizaciones sociales populares es la mejor garantía para defender procesos de cambio realmente democráticos, su movilización y protagonismo es condición fundamental para el cambio social

CORTESIA:  http://nosotrosperu.org/2012/11/08/ganar-la-batalla-por-lima-es-defender-la-institucionalidad-democratica/#.UJ4UpOS8-ME