Vicente Otta
ARGUEDAS Y EL PERU DE TODAS LAS SANGRES
En la recepción del
premio Inca Gracilazo de la Vega, Lima 1968, Arguedas dijo: “...Fue leyendo a Mariátegui
y después a Lenin que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría
socialista no solo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mi de
energía, le dio un destino y lo cargó aun mas de fuerza por el mismo hecho de
encauzarlo. ¿Has ta dónde entendí el socialismo?
No lo se bien. Pero no
mató en mi lo mágico...”Es casi unánime
la idea de que Arguedas ha sido esencialmente (y casi únicamente) un
defensor y promotor de la cultura andina, de su música, canto y poesía. Un
héroe cultural. Pocos autores, entre ellos Antonio Melis, William Rowe, afirman
que toda la obra arguediana contiene un profundo sentido político. Aun más
afirman que el autor de Todas las sangres es el continuador espiritual de Mariátegui.
En otras palabras, que el socialismo peruano del siglo XX tiene en Arguedas al
creador y renovador del socialismo, solo equiparable a Mariátegui.
El no reconocimiento
del carácter eminentemente político de su creación intelectual obedece a las siguientes
razones: 1) su obra se hizo al margen,
cuando no enfrentado, a los partidos comunistas oficiales; 2) por que sus
propuestas, originales y heterodoxas, contienen una orientación sustancialmente
diferente a los que planteaba la III internacional para los países coloniales y
semicoloniales, como el nuestro;3) La cultura como terreno privilegiado para la
construcción de la nueva hegemonía. Toda su obra postula la necesidad de afirmar
y legitimar la cultura andina como factor esencial de la nación andino-mestiza.
Aun más, aborda la tarea de forjar la
hegemonía de esta propuesta frente al conjunto de la sociedad. Algo
incomprensible en la lógica de partidos férreamente clasistas e hiperpolitizados.
Arguedas no solo
reconoció explícitamente su filiación socialista (mariateguista y leninista
según lo
expresado en la
recepción del premio Inca Gracilazo de la Vega, en 1968, un año antes de su muerte)
sino que toda su vida estuvo dedicada a construir las bases teóricas, políticas
y culturales
de la nación
andina-mestiza que postulaba.
CONSTRUIR LA HEGEMONIA DE LA
NACIÓN ANDINA - MESTIZA
Podemos afirmar con toda razón, que
las últimas dos generaciones de
peruanos, en su gran
mayoría urbanos, alfabetos,
culturalmente mestizos (comúnmente llamados chicha); que se han
formado laboralmente creando su propio
empleo; que no conoce el mundo de la fábrica ni la vida sindical o política,
constituyen la base social de cualquier proyecto político futuro. Estos millones de peruanos que bailan
huaynos, tekno-huaynos o tropical andino, que por miles aplauden semana a
semana a Dina Paucar, Abencia Meza, Max
Castro o Sonia Morales en los estadios o complejos deportivos de los conos de
Lima, estos peruanos decimos, son la fuerza que
construye el Perú moderno. Han logrado grandes avances en la reconquista
del espacio territorial (dominan la mayor parte del espacio limeño y de las
grandes ciudades del interior), tienen una fuerte presencia en la economía:
Gamarra, Unicachi, Ollaraya; la producción, comercio, transporte y otros servicios,
así como en el campo de las profesiones liberales. Es también importante su
contribución en la gastronomía, artesanía, música, danzas, etc. Lo que no
tienen todavía es conciencia de esta fuerza, de la importancia de su rol en la
sociedad actual. Dominados y sojuzgados durante cientos de años, no perciben
que hay un cambio sustancial en su
actual situación, en que pueden asumir las riendas del país en sus manos.
Formar y organizar la masa crítica de
la sociedad chola- mestiza predominante en el Perú actual, es la tarea política y cultural
prioritaria. Hacer que esta mayoría amorfa, de características socioculturales
difusos y abigarrados (mamarrachos diría Arguedas) se reencuentre con su
tradición andina, afirme gozosa lo mejor de su grandioso pasado y construya una
nueva cultura desarrollando lo mejor de su capacidad
científica, tecnológica y artística, es el reto que plantea la culminación del ciclo arguediano de la
calandria de fuego.
Asistimos a una disputa ideológica y
política de enorme trascendencia y de largo aliento. Es la pugna por hegemonizar el actual
proceso de modernización en curso. Esta modernización es un hecho irreversible, que en las dos
décadas transcurridas intenta ser conducida tras un programa liberal de matriz euro-céntrica. No otra cosa
significa la propuesta de Vargas Llosa, Hernando de Soto y la sistemática prédica de Juan
Carlos Tafur desde el diario Correo, que
expresan la versión “culta”, cosmopolita y orgánica del
neoliberalismo criollo; en tanto proyectos como los de Fujimori y Toledo
expresan versiones improvisadas, sin
sustento ideológico-político sólido (“tecnocráticos”), desconectados social y
culturalmente de la derecha nacional.
Esta
modernización promueve la nueva reinserción del Perú al mundo occidental
anglosajón, pretende reanudar los lazos de
dominación que tras quinientos años no
ha terminado de ajustarse del todo. Corresponde al proyecto reordenador de
occidente para el siglo XXI, para la era de la globalización. Por eso pretenden acentuar la relación
asimétrica Norte - Sur, ampliar la
brecha y dominación científico-tecnológica, abrumarnos con su cultura
consumista y que la música, vestimenta, comida, usos y costumbres sean
copiados de la cultura anglo-sajona.
En otros términos, culminar el largo
proceso de extirpación de idolatrías empezado hace 500 años y dejarnos sin
espíritu, sin cultura. Convertirnos en unos completos mamarrachos. Todo esto esto es lo que se ha venido
jugando tras las
negociaciones del ALCA y el TLC, de la conformación o no de los bloques
regionales y sub-regionales. Un proyecto socialista, arguediano
tiene que encarar y dar respuesta a estas tareas. No se responde a estas formidables presiones
solo con políticas gubernamentales de corto plazo, ni con
políticas de estado que pueden tener
visiones y plazos mayores, pero siguen siendo tributarias de la matriz euro-céntrica; sometida a
los nuevos virreyes como el Banco Mundial, el FMI, Club de
París, etc.

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