jueves, 8 de noviembre de 2012

El socialismo mágico como opción del Perú andino mestizo


                                
Vicente Otta

ARGUEDAS Y EL PERU DE TODAS LAS SANGRES
En la recepción del premio Inca Gracilazo de la Vega, Lima 1968, Arguedas dijo: “...Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría socialista no solo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mi de energía, le dio un destino y lo cargó aun mas de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Has ta dónde entendí el socialismo?

No lo se bien. Pero no mató en mi lo mágico...”Es casi unánime  la idea de que Arguedas ha sido esencialmente (y casi únicamente) un defensor y promotor de la cultura andina, de su música, canto y poesía. Un héroe cultural. Pocos autores, entre ellos Antonio Melis, William Rowe, afirman que toda la obra arguediana contiene un profundo sentido político. Aun más afirman que el autor de Todas las sangres es el continuador espiritual de Mariátegui. En otras palabras, que el socialismo peruano del siglo XX tiene en Arguedas al creador y renovador del socialismo, solo equiparable a Mariátegui.

El no reconocimiento del carácter eminentemente político de su creación intelectual obedece a las siguientes razones: 1) su obra se hizo  al margen, cuando no enfrentado, a los partidos comunistas oficiales; 2) por que sus propuestas, originales y heterodoxas, contienen una orientación sustancialmente diferente a los que planteaba la III internacional para los países coloniales y semicoloniales, como el nuestro;3) La cultura como terreno privilegiado para la construcción de la nueva hegemonía. Toda su obra postula la necesidad de afirmar y legitimar la cultura andina como factor esencial de la nación andino-mestiza. Aun más, aborda la tarea  de forjar la hegemonía de esta propuesta frente al conjunto de la sociedad. Algo incomprensible en la lógica de partidos férreamente clasistas e hiperpolitizados.    

Arguedas no solo reconoció explícitamente su filiación socialista (mariateguista y leninista según lo
expresado en la recepción del premio Inca Gracilazo de la Vega, en 1968, un año antes de su muerte) sino que toda su vida estuvo dedicada a construir las bases teóricas, políticas y culturales  
de la nación andina-mestiza que postulaba.    



CONSTRUIR LA HEGEMONIA DE LA NACIÓN  ANDINA - MESTIZA
Podemos afirmar con toda razón, que las últimas dos  generaciones de peruanos, en su gran
mayoría urbanos, alfabetos, culturalmente mestizos (comúnmente llamados chicha); que se han
formado laboralmente creando su propio empleo; que no conoce el mundo de la fábrica ni la vida sindical o política, constituyen la base social de cualquier proyecto político  futuro. Estos millones de peruanos que bailan huaynos, tekno-huaynos o tropical andino, que por miles aplauden semana a semana a Dina Paucar, Abencia  Meza, Max Castro o Sonia Morales en los estadios o complejos deportivos de los conos de Lima, estos peruanos decimos, son la fuerza que  construye el Perú moderno. Han logrado grandes avances en la reconquista del espacio territorial (dominan la mayor parte del espacio limeño y de las grandes ciudades del interior), tienen una fuerte presencia en la economía: Gamarra, Unicachi, Ollaraya; la producción, comercio, transporte y otros servicios, así como en el campo de las profesiones liberales. Es también importante su contribución en la gastronomía, artesanía, música, danzas, etc. Lo que no tienen todavía es conciencia de esta fuerza, de la importancia de su rol en la sociedad actual. Dominados y sojuzgados durante cientos de años, no perciben que hay un cambio sustancial  en su actual situación, en que pueden asumir las riendas del país en sus manos.

Formar y organizar la masa crítica de la sociedad chola- mestiza predominante en el Perú actual, es la tarea política y cultural prioritaria. Hacer que esta mayoría amorfa, de características socioculturales difusos y abigarrados (mamarrachos diría Arguedas) se reencuentre con su tradición andina, afirme gozosa lo mejor de su grandioso pasado y construya una nueva cultura desarrollando lo mejor de su capacidad científica, tecnológica y artística, es el reto que  plantea la culminación del ciclo arguediano de la calandria de fuego.

Asistimos a una disputa ideológica y política de enorme trascendencia y de largo aliento. Es la pugna por hegemonizar el actual proceso de modernización en curso. Esta modernización es un hecho irreversible, que en las dos décadas transcurridas intenta ser conducida tras un programa liberal  de matriz euro-céntrica. No otra cosa significa la propuesta de Vargas Llosa, Hernando de Soto y la sistemática prédica de Juan Carlos Tafur desde  el diario Correo, que expresan la versión “culta”, cosmopolita y orgánica del neoliberalismo criollo; en tanto proyectos como los de Fujimori y Toledo expresan versiones  improvisadas, sin sustento ideológico-político sólido (“tecnocráticos”), desconectados social y culturalmente de la derecha nacional.

Esta  modernización promueve la nueva reinserción del Perú al mundo occidental anglosajón, pretende reanudar los lazos de dominación que tras  quinientos años no ha terminado de ajustarse del todo. Corresponde al proyecto reordenador de occidente para el siglo XXI, para la era de la globalización.  Por eso pretenden acentuar la relación asimétrica Norte  - Sur, ampliar la brecha y dominación científico-tecnológica, abrumarnos con su cultura consumista y que la música, vestimenta, comida, usos y costumbres sean copiados  de la cultura anglo-sajona.

En otros términos, culminar el largo proceso de extirpación de idolatrías empezado hace 500 años y dejarnos sin espíritu, sin cultura. Convertirnos en unos completos mamarrachos. Todo esto esto es lo que se ha venido jugando   tras las negociaciones del ALCA y el TLC, de la conformación o no de los bloques regionales y sub-regionales. Un proyecto socialista, arguediano tiene que encarar y dar respuesta a estas tareas. No se responde a estas formidables presiones solo con políticas gubernamentales de corto plazo, ni con
políticas de estado que pueden tener visiones y plazos mayores, pero siguen siendo tributarias de la matriz euro-céntrica; sometida a los nuevos virreyes como el Banco Mundial, el FMI, Club de
París, etc.

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