Crisis monetaria, crisis de acumulación
Joaquín Arriola
Breve excurso histórico
El crédito es el aceite en
el motor de la economía capitalista. Todo el proceso de producción se hace a
crédito: los bancos o los inversores financieros conceden crédito a las
empresas para adquirir los bienes de capital necesarios para la producción; los
trabajadores le conceden crédito al empresario, que no les paga sino al final
de periodo laboral, normalmente un mes. Esos mismos trabajadores adquieren a
crédito los bienes de consumo de larga duración, e incluso los productos más
básicos. Los procesos de centralización
del capital, genéticamente inscritos en la acumulación capitalista, también se
financian a crédito.
A medida que aumenta la
complejidad del proceso productivo, las innovaciones financieras se convierten por tanto en una necesidad para
realizar operaciones de crédito que cada vez requieren un volumen unitario más
grande, acorde con la dimensión de los procesos (de producción, de
centralización) a financiar. De esta forma, las sociedades por acciones, las
tarjetas de crédito o el sistema de préstamos interbancarios han surgido como innovaciones
estratégicas dirigidas a facilitar la expansión de la economía de crédito.
Finanzas privadas, dinero público
Pero a medida que crece la
demanda de crédito, y las operaciones individuales reclaman volúmenes enormes
de recursos financieros, el capital precisa más garantías y seguridades frente
al riesgo asociado a toda transacción que se inicia hoy y se liquida en un futuro
siempre incierto.
Hasta la década de los
setenta del siglo XX, esa garantía venía inscrita en el vehículo utilizado para
realizar las operaciones financieras, el dinero
estatal. El billete de banco es un instrumento de crédito, emitido por el
estado contra sus reservas de mercancías (normalmente de oro) y utilizado
universalmente en lugar de esas
reservas en las transacciones mercantiles (no olvidemos que toda transacción
mercantil es en último término una operación de truque de valores de cambio). Al
estar el dinero utilizado en las
operaciones de crédito respaldado por el estado, incorpora una garantía última de
protección frente al posible impago de deudas por parte de los agentes
particulares, capitalistas o asalariados, sobre los cuales recae el poder del
estado que obligará a liquidar la deuda, en dinero estatal o en bienes de valor
de cambio equivalente al valor representado en el dinero debido.
Pero en el espacio
internacional, donde por definición no existe moneda ni autoridad estatal, el aumento
del volumen de transacciones requirió establecer un sistema de garantías en los
pagos, y para ello se tuvo que socializar el sistema internacional de pagos
vigente en el último tercio del siglo XIX, basado en los bancos comerciales de
Londres y en la emisión de papel comercial en libras esterlinas respaldadas por
el oro del Banco de Inglaterra. Este sistema de crédito comercial privado
internacional (el banco de Inglaterra
era una institución privada hasta la
década de los cuarenta del siglo XX), fue sustituido por un sistema de bancos
centrales estatales, que se volvió operativo con el sistema monetario
internacional instaurado después de la segunda guerra mundial. Recordemos que
esa transformación en el espacio económico internacional requirió dos guerras mundiales y una gran depresión
para llevarse a término. El sistema postbélico,
denominado de Bretton Woods – nombre
del lugar de New Hampshire donde se llevaron a cabo las reuniones para fijar el
nuevo orden monetario internacional- funcionaba más o menos como un sistema
monetario nacional, esto es, mediante la emisión de dinero (divisas)
respaldadas por las reservas (en divisas-oro o en oro) de los bancos centrales.
El problema es que desde
la segunda mitad de los años sesenta la divisa clave de ese sistema, el dólar,
comenzó circular en el espacio internacional en un volumen muy superior a las
reservas que lo respaldaban. Y esto ocurría porque los agentes del país emisor
del dólar (sus capitalistas, trabajadores y gobierno) estaban consumiendo, en
proporciones variables y en conjunto, mucho más mercancías de las que lanzaban
al mercado internacional.
Normalmente una situación
particular de déficit comercial prolongado se resuelve obligando al país a
realizar un ajuste, esto es, a reducir su nivel de consumo a crédito respecto
al resto del mundo. Pero en el caso de la potencia militar y política más importante
del mundo no se resolvió de esa forma, sino mediante un procedimiento ingenioso
de desmontaje en dos fases del sistema monetario internacional (con la
suspensión de la convertibilidad del dólar en oro en 1971 y la eliminación de
la obligación de garantizar la estabilidad del valor del dinero de crédito
estatal en 1976) y mediante la privatización del sistema financiero. A partir
de los años ochenta, el neoliberalismo en auge promovió la desregulación de las
transacciones financieras internacionales, asignando a los bancos comerciales y
ya no a los bancos centrales la fijación del precio del dinero estatal en el
tiempo (las tasas de interés) y en el espacio internacional (el tipo de cambio).
Dinero privado, finanzas públicas
Esa privatización le ha
permitido a Estados Unidos desarrollar su consumo a crédito sin límites ni
presiones externas, porque ahora los
pagos en dinero-crédito entre importadores nacionales y exportadores
extranjeros se liquidan mediante traspasos entre cuentas corrientes en oficinas
bancarias en Nueva York. Este consumo internacional sin acumulación de divisas
en las reservas oficiales del extranjero se traduce en que mientras que Estados
Unidos ha acumulado desde 1976 una deuda superior a 7 billones de dólares por
consumo de bienes y servicios no pagados, mientras que las reservas en divisas
–todo tipo de divisas- de los principales países exportadores, HK China, Alemania
y Japón, se elevaban en octubre de 2008 a
1,1 billones de dólares, es decir menos del doble déficit comercial
norteamericano del año pasado.
A cambio de retener los
dólares en Estados Unidos, los bancos obtienen el “permiso” de emitir en el
espacio internacional un nuevo tipo de dinero, de hecho el primero que emiten
los bancos realmente (no confundirlo
con la emisión de crédito), constituido por
las eurodivisas, es decir, créditos denominados en moneda distinta a la
de circulación obligatoria en el país de emisión, y por tanto, euro/divisas no
sujetas a ningún mecanismo de control estatal.
Pero hay que tener en
cuenta una particularidad de estas eurodivisas. Se trata de un dinero virtual
con fecha de caducidad, es decir, los créditos denominados en eurodivisas
tienen que liquidarse antes de que el
tenedor legal de los dólares (el exportador) liquide su depósito bancario en
Nueva York (por ejemplo si se lleva los dólares a su país de origen y solicita
su conversión en moneda nacional para iniciar un nuevo ciclo de producción de
mercancías, o si los utiliza en Estados Unidos para comprar títulos de
propiedad). Por tanto, no es cierto que exista una esfera financiera global en
proceso de autoexpansión que fagocita o domina a una esfera económica real. Tampoco
resultan convincentes las explicaciones la crisis como resultado de un aumento
del capital ficticio en la economía. Porque las finanzas son transacciones
monetarias, y el dinero es real, o son transacciones interbancarias en
eurodivisas, con dinero virtual de corta vida. Las astronómicas cifras de
transacciones internacionales que se manejan en muchas ocasiones son
básicamente transacciones monetarias
interbancarias de cortísimo plazo (menos de diez días), con escasas
repercusiones financieras, es decir, en la generación de crédito para la
actividad productiva y de consumo o para transferencias de propiedad.
Circulación internacional del excedente
Junto a este proceso de
tipo monetario, en las últimas décadas
se ha producido dos fenómenos con una importante repercusión financiera. En primer lugar, como
consecuencia de la derrota histórica del movimiento obrero en los años setenta,
se generó una masiva transferencia de valor desde los trabajadores hacia los
capitalistas, que se puede leer en las estadísticas de la evolución del reparto del valor añadido entre rentas
salariales y rentas del capital, por ejemplo, la OCDE indica en su informe Income Distribution and Poverty in OECD Countries como la
participación de los salarios y rentas de los trabajadores autónomos en el
conjunto de la OCDE
ha caído de dos tercios del valor añadido en 1975 (67,3%) a un poco más de la
mitad (57,3%) en la actualidad.
De este modo, los
propietarios de activos se han encontrado con una gran acumulación de dinero,
que por una parte ha financiado un importante crecimiento del consumo de lujo
(como el aumento del consumo de los capitalistas no alcanza compensar la
disminución relativa de las rentas del trabajo, que se destinan en su mayor
parte también al consumo, las tasa de crecimiento económico han sido
relativamente débiles) pero sobre todo se ha transformado en capital
financiero, transformando a los capitalistas y aun a muchas empresas en
rentistas (muchas multinacionales productivas obtenían mayores ingresos de la gestión
financiera de su liquidez que de la venta de sus productos).
Por otro lado, como una de
las principales consecuencias de la aplicación del programa neoliberal, hemos
asistido a una creciente financiarización de la protección social, en
particular a la generalización de los fondos de pensiones, complementarios en
unos países, o resultado de la privatización e incluso obligación forzosa de
cotizar a los fondos privados en otros.
Estos dos factores que ha
permitido un notable crecimiento de capital financiero gestionado a través de
fondos de inversión y fondos de pensiones que, en un contexto de liberalización
de la circulación de capitales, han internacionalizado sus recursos, buscando
las mayores tasas de rentabilidad financiera posibles. La principal consecuencia ha sido provocar un
cambio estructural en las balanzas de pagos. Tradicionalmente, los
desequilibrios por comercio en la cuenta corriente de la balanza se compensaban
con movimientos de capital de largo plazo en la cuenta financiera, esto es con
inversiones directas. Pero en el nuevo contexto de la liberalización
financiera, es la inversión en cartera, es decir el capital de corto plazo, el
que determina los movimientos en el resto de la balanza: cuando el capital
entra de forma masiva, se produce un crecimiento enorme del consumo de
importación y un deterioro de la balanza comercial
Especulación financiera
El principal impacto de
las finanzas liberalizadas es el que se ha producido en el funcionamiento del
comercio internacional, y en los flujos del crédito. No parece muy realista la
interpretación que señala un auge de la especulación financiera como causa de
un supuesto “arrinconamiento” de la economía productiva.
Es cierto que la formación
de un mercado mundial de dinero, al
margen de cualquier control por parte de las autoridades nacionales emisoras del dinero, ha permitido el desarrollo de una
ingeniería financiera muy dinámica, que se ha traducido en una creciente
titulización de todo tipo de mercancías, e incluso de no mercancías, como el
dinero, los créditos, o los precios de las acciones, convertidos todos en
productos financieros más o menos sofisticados, que se compran y se venden,
sobre todo, bajo cuerda (over the counter, OTC, en terminología al uso) entre
actores privados y con total opacidad. Estos productos, formalmente se dedican
a cubrir riesgos en operaciones comerciales y crediticias, pero en la práctica
son una fuente de especulación, en la cual se apuesta a determinadas coberturas
de riesgo, para ganar frente a las apuestas inversas. Y cada apuesta es
cubierta con otra operación de cobertura de riesgo, en un montaje piramidal de
apuestas relacionadas con una dimensión potencialmente ilimitada.
Junto al mercado monetario
interbancario, son los mercados OTC los que han conocido una expansión hasta
alcanzar volúmenes de transacciones fantásticos. Pero también en este caso, nos
encontramos con productos financieros con fecha de caducidad establecida en su
propia génesis, ya que no duran más que el subyacente (mercancía, activo
financiero o precio) al que están referidos. De ahí la gran distancia entre el
saldo nocional de los contratos (número de contratos por su valor facial) en
mercados OTC, que en junio de 2008 alcanzaban la cifra de 683.725 billones de
dólares (algo así como 10.200 veces el valor de la producción mundial) y su
valor bruto de mercado o valor de liquidación, que alcanzó los 20.353 billones de dólares en la misma fecha.
Pese a la enormidad de las
cifras, su impacto directo en la economía de producción es muy escaso, ya
solamente suponen un grave riesgo para la economía de producción por el hecho
de que muchos de los agentes que especulan en estos mercados participan
directamente en la financiación de la actividad productiva. Un riego mal
cubierto puede suponer un default de
una institución bancaria, transmitirse rápidamente al conjunto del sistema y
provocar un colapso del sistema internacional de crédito primario que financia
las transacciones productivas –los productos subyacentes sobre los cuales se
construyen los productos financieros/de cobertura de riesgo derivados.
Algo así es lo que ha
ocurrido con la crisis subprime y el
cierre del grifo del crédito por parte de los bancos. Hay que señalar que sin
embargo, los mercados OTC han salido reforzados
de la crisis. El saldo de nocional de los contratos en junio de 2007, dos meses
antes del estallido de la crisis subprime,
era de 516.407 billones de euros y su valor bruto de 11.140 billones. Un año
después esos volúmenes se habían incrementado, respectivamente, un 32% y un
82%. Ello refleja el carácter virtual de estas transacciones, en las
cuales lo único real es la liquidación final de la montaña de apuestas, donde
se define a quien le toca pagar, y a quien le toca cobrar los márgenes de las
operaciones.
Crédito internacional para la centralización de capital.
Una consecuencia
estructural que si ha tenido la ingeniería financiera globales es que al
facilitar una importante expansión del
crédito internacional, este ha servido sobre todo para financiar procesos de
centralización de capital, es decir, operaciones de transferencia de propiedad
a gran escala.
Los activos de deuda
colocados en los mercados internacionales han pasado de representar menos del
10% de los que circulan en los mercados domésticos a principios de los años
noventa, a ser en torno a un 40% de los activos de deuda domésticos en 2008,
alcanzando en septiembre de 2008 los bonos y notas en circulación en el espacio
internacional un valor de 22.741 billones de euros; el papel comercial se eleva
a 765 billones de dólares. Estas cifras son mucho más reducidas en términos
netos, es decir, tomando en cuenta las nuevas emisiones (246,7 los bonos y
notas y 11,4 mil millones de euros el papel comercial), cifras que encajan
perfectamente en las dimensiones de la economía de producción mundial, cuyo
valor se sitúa en 2008 en el entorno de los 62 billones de dólares.
Emisiones
internacionales de títulos-valores en miles de millones de dólares
|
Septiembre
1995
|
Junio
2007
|
Septiembre
2008
|
Activos netos de deuda:
bonos y notas
|
71.753
|
1.081.621
|
246.673
|
Activos netos de deuda
monetarios
|
12.168
|
85.096
|
-29.837
|
de los cuales: papel comercial
|
2.925
|
48.978
|
11.406
|
Créditos sindicados
|
143.442
|
814.446
|
424.455
|
Acciones
|
9.497
|
161.886
|
10.579
|
Total
|
236.860
|
2.143.049
|
651.870
|
Fuente: estadísticas del Bank of International
Settlements
Tras el estallido de la
crisis financiera en agosto de 2007, se constata que algunos activos han
reducido considerablemente su papel en la escena internacional. Así, los créditos
sindicados internacionales, utilizados sobre todo por grandes empresas y
gobiernos, representan en septiembre de
2008 solamente un 48% del valor emitido un año antes; en cuanto a los activos
de deuda netos, tanto las emisiones de papel comercial, utilizado sobre todo
por los bancos en sus transacciones de corto plazo, como las emisiones de
bonos, que se utilizan para créditos de medio plazo, apenas representan un 20%
de las emisiones de hace un año.
Ahora bien: las grandes
empresas que tienen acceso a estos mercados internacionales de crédito no han
dedicado el mismo a aumentar la tasa de acumulación; por el contrario, el
destino principal del crédito internacional ha sido financiar uno de los ciclos
más agudos de centralización del capital a escala mundial. El valor de las
fusiones, compras y adquisiciones de empresas ha alcanzado niveles enormes,
reforzando el control oligopólico de la economía y plutocrático de la política
mundiales.
Fusiones y Adquisiciones (F&A) internacionales
con valor superior a mil millones de dólares
Año
|
Número de F&A
|
Importe de la
mayor F&A (MM$)
|
Empresa adquirida
|
País de origen
|
Empresa adquiriente
|
País de origen
|
Sector de actividad
|
2001
|
113
|
29,4
|
VoiceStream Wireless Corp
|
Estados Unidos
|
Deutsche Telekom AG
|
Alemania
|
Telefonía
|
2002
|
81
|
10,7
|
USA Networks Inc-Ent Asts
|
Estados Unidos
|
Vivendi Universal SA
|
Francia
|
TV, Telefonía
|
2003
|
56
|
15,3
|
Household International Inc
|
Estados Unidos
|
HSBC Holdings PLC{HSBC}
|
Gran Bretaña
|
Banca
|
2004
|
75
|
15,8
|
Abbey National Plc
|
Gran Bretaña
|
Santander Central Hispano SA
|
España
|
Banca
|
2005
|
141
|
74,3
|
Shell Transport & Trading Co
|
Gran Bretaña
|
Royal Dutch Petroleum Co
|
Holanda
|
Petróleo
|
2006
|
172
|
32,2
|
Arcelor SA
|
Luxemburgo
|
Mittal Steel Co NV
|
Holanda
|
Siderurgia
|
2007
|
96
|
98,2
|
ABN-AMRO Holding NV
|
Holanda
|
RFS Holdings BV
|
Gran Bretaña
|
Finanzas
|
Fuente:
UNCTAD, World Investment Reports
A cada uno según su consumo
El impacto de la crisis
financiera afectará más en el corto
plazo a los países cuyos sistemas bancarios se encuentren más involucrados en los mercados financieros
globales. Islandia o Hungría están comenzando a sentir los efectos de la
sobredosis financiera de sus sistemas bancarios. En la Unión europea, España o
Alemania, por este motivo, van a estar menos afectados. La razón no es otra que
el peso que tiene la banca pública en estos países. Alemania dispone de una red
de seis bancos regionales y una amplia red de cajas de ahorros; en España, las
Cajas de Ahorro gestionan el 51% de los de los depósitos, y las cooperativas de
crédito otro 7%, de modo que la banca privada solo dispone del 43% de los
depósitos. Al margen de otras consideraciones, las cajas de ahorro, en general,
han llevado una gestión más apegada a los clientes productivos (particulares,
empresas y administraciones públicas) y han participado menos que los bancos en
las finanzas globales como fuente de rentabilidad. He aquí un claro ejemplo de
cómo la gestión pública es más eficiente que la privada, cuando se trata de
suministrar bienes o servicios al conjunto de la población.
Pero a largo plazo, la
crisis internacional de crédito va a afectar sobre todo a los países más
débiles en sus estructuras productivas, y por tanto más dependientes de la
financiación internacional de su comercio. Y entre ellos está sin duda España.
Con un déficit comercial de más de 100 mil millones de euros, este país se ha
encontrado de golpe con que los 94 mil millones de euros de inversión en
cartera que en 2007 habían contribuido a cubrir el déficit comercial, en 2008
se han reducido a cero (-4.500 millones entre enero y junio de 2008, según el
Banco de España), obligando al Banco de España a realizar operaciones
temporales de alto coste para intentar cuadrar las cuentas.
Los cinco países más exportadores y los cinco más
importadores de la economía mundial. 2007
|
Superavit (MM $)
|
Superavit
(% del PIB)
|
|
Déficit
(MM $)
|
Déficit
(% PIB)
|
China
|
371.833
|
11,3
|
Estados Unidos
|
-731.214
|
5,3
|
Alemania
|
252.501
|
7,6
|
España
|
-145.141
|
10,1
|
Japón
|
210.967
|
4,8
|
Gran Bretaña
|
-105.224
|
3,8
|
Arabia Saudita
|
95.762
|
25,1
|
Australia
|
-56.342
|
6,2
|
Rusia
|
76.163
|
5,9
|
Italia
|
-52.725
|
2,5
|
Fuente:
Base de datos del FMI
Los ciudadanos y empresas
españoles llevan diez años pagando sus transacciones con la moneda de una zona
comercial dominada por Alemania, es decir, por una estructura productiva de
alta productividad alto nivel exportador. Una moneda que por tanto no es la
suya, y eso ha permitido aplicar en una década un proceso similar al emprendido
en Estados Unidos desde los años ochenta, al menos en sus consecuencias: una
financiarización creciente que significa un endeudamiento no corregido por los
cambios en los precios del dinero (tasas de interés y tipo de cambio) que
reflejan por el contrario el comportamiento de las economías dominantes en la
zona euro. Es este acceso ilimitado al crédito el que explica la inflación de
precios en los activos inmobiliarios, cuya consecuencia más importante es una
aceleración del endeudamiento de las familias.
Desde la puesta en marcha
del euro, los ciudadanos españoles han consumido a crédito del extranjero por
importe de más de medio billón de dólares corrientes, es decir más del 6% del
PIB español (el doble que Estados Unidos). Este consumismo desenfrenado, de
haber seguido con la peseta, se habría frenado hace años, con una devaluación
que habría llevado al dólar cotizar a no
menos de doscientas pesetas, y el ajuste consiguiente hubiera librado hace años
a este país de por ejemplo de miles de kilómetros cuadrados del cemento que
inunda las tierras urbanas, urbanizables y en lista de espera para sucumbir al
empuje del ladrillo, aparte de otras cosas más apetecibles, como la orgía de
vehículos de gran cilindrada importados, varios centenares de miles de puestos
de trabajo, o una parte sustancial de los inmigrantes que contribuyen a sanear
las cuentas de la seguridad social española.
Dimensión de los mercados de capital (% del PIB). 2007
|
PIB
(MM$)
|
Reservas
menos oro
|
Capitalización
bursátil
|
Activos
de deuda
|
Activos
bancarios
|
Bonos,
acciones y activos bancarios
|
Públicos
|
Privados
|
Total
|
Mundo
|
54.545,10
|
12%
|
119%
|
52%
|
94%
|
146%
|
155%
|
421%
|
UE
|
15.688,80
|
2%
|
94%
|
56%
|
124%
|
180%
|
275%
|
549%
|
Alemania
|
3.320,90
|
1%
|
63%
|
51%
|
118%
|
169%
|
196%
|
428%
|
España
|
1.440,00
|
1%
|
125%
|
40%
|
178%
|
218%
|
202%
|
546%
|
Estados Unidos
|
13.807,60
|
0%
|
144%
|
48%
|
169%
|
216%
|
81%
|
442%
|
Japón
|
4.381,60
|
22%
|
106%
|
163%
|
47%
|
210%
|
179%
|
496%
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Países emergentes
|
17.281,70
|
28%
|
121%
|
28%
|
17%
|
45%
|
87%
|
253%
|
Asia
|
7.482,40
|
40%
|
184%
|
34%
|
26%
|
60%
|
125%
|
370%
|
América Latina
|
3.608,50
|
12%
|
64%
|
40%
|
17%
|
58%
|
55%
|
176%
|
Medio oriente
|
1.563,80
|
22%
|
82%
|
3%
|
5%
|
8%
|
75%
|
164%
|
África
|
1.099,80
|
26%
|
107%
|
8%
|
7%
|
15%
|
59%
|
181%
|
Europa
|
3.527,20
|
24%
|
69%
|
22%
|
5%
|
27%
|
52%
|
147%
|
Fuente: FMI, Global
Financial Stability Report 10/2008
Contrariamente a una idea
bastante extendida, el grado de financiarización de la economía europea es
bastante más elevado que el de Estados Unidos. Los activos financieros en la UE representan cinco veces y medio
el valor añadido anual, mientras que en Estados Unidos se eleva a 4,4 veces
dicho valor. Pero dentro de la
Unión los niveles de financiarización son muy dispares, desde
la situación en Bélgica o Irlanda, donde el valor de los activos financieros es
más de 8 veces superior el del valor añadido, hasta la de Finlandia, Suecia,
Alemania y Austria, que tienen grado de financiarización inferiores a los de
Estados Unidos, en torno a cuatro veces
el valor añadido.
La situación de España,
con un grado de financiarización similar a la media comunitaria, ha financiado
su exceso de consumo con la venta de sus activos productivos (capitalización
bursátil superior a la media de la
UE, en niveles comparables a los EEUU) y con un endeudamiento
privado de gran magnitud, superior incluso al de Estados Unidos. Todo ello
indica una especial fragilidad financiera y por tanto explica en parte el mayor
impacto de la crisis financiera en la economía española.
Por su parte, la situación
en los países de la periferia, en general, con grados de financiarización muy
inferiores a los habituales en los países centrales, y disponiendo de tres
cuartas partes de las reservas mundiales de divisas, pueden disponer de mayores
grados de libertad para enfrentar la coyuntura financiera internacional. En los
próximos meses, veremos movimientos por parte de los países centrales para
forzar a la periferia a aumentar su consumo y gastar sus abundantes reservas.
Por el contrario, el reforzamiento de las alianzas entre los países del sur,
tan eficaz se mostraron para dar al traste con la Organización Mundial
de Comercio, puede ser la clave para el advenimiento de un nuevo orden
productivo y financiero internacional.
Un problema monetario más que financiero
En síntesis, las finanzas
globales son un síntoma, y no una causa estructural, de un sistema
internacional incoherente, en el cual el país con la mayor deuda del mundo
emite el dinero que sirve para saldar las transacciones económicas y denominar
el crédito internacional. En Europa, la ineficacia de un sistema monetario
común en ausencia de reglas financieras y fiscales comunes, se traduce en un
sobreendeudamiento en países como España, que afectado por un choque externo se
ve imposibilitado de frenar la contracción de su economía, afectando así a las
condiciones de vida de amplias capas de trabajadores. Todo ello en un contexto
de políticas generales orientadas a facilitar la concertación y centralización de
la riqueza y el poder a escala mundial en manos de un grupo reducido de
plutócratas político-empresariales.
Ante este panorama, hay
que recordar que la responsabilidad de la transmisión de estos procesos de
economía de casino a la economía productiva está en las autoridades nacionales
que han permitido la titulización de los créditos primarios y la participación
de las instituciones de crédito nacionales en dichos mercados OTC. Y la mayor
irresponsabilidad del gobierno español, el haber permitido una inflación brutal
de los precios inmobiliarios, convirtiendo un producto de primera necesidad, y
un derecho social como es la vivienda en un producto de lujo para acceder al
cual las familias obreras jóvenes han tenido que sobreendeudarse durante toda
su futura vida activa y aun durante su época de pensionistas, transfiriendo al
capital financiero no menos de un tercio de su ingresos salariales y rentas
actuales y futuras.
Revertir esta situación es
una decisión política internacional que sin embargo no se puede tomar sin
afectar al problema de fondo, esto es, la ausencia de un sistema monetario
internacional y el modelo de consumo a crédito ilimitado diseñado por las
autoridades de Estados Unidos. Mientras tanto, la actuación más recomendable
que puede adoptar un gobierno que quiera superar la crisis en el menor tiempo
posible (eficacia) y en las mejores condiciones de vida para sus ciudadanos
(eficiencia), consiste en proceder a una socialización masiva del capital,
tanto del capital financiero, para eliminar la mayor parte de la deuda
hipotecaria y acercar rápidamente los precios al valor real de los activos
inmobiliarios, y del capital productivo, en particular en aquellas actividades
que afectan al proceso de producción en su conjunto, esto es, en las industrias
de producción de bienes de consumo obrero, y en las industrias de
infraestructuras energéticas y de comunicaciones. Efectivamente, avanzar hacia
el socialismo es la solución más realista.
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PIB
(MM$)
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Reservas
menos oro
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Capitalización
bursátil
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Activos
de deuda
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Activos
bancarios
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Bonos,
acciones y activos bancarios
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