martes, 19 de enero de 2010

EE.UU. y China - uno pierde, el otro gana.



James Petras (Traducido por S. Seguí)

Introducción

El capitalismo asiático, en particular el de China y Corea del Sur, está en competencia con EE.UU. por el poder mundial. El poder asiático global es impulsado por un crecimiento económico dinámico, mientras que EE.UU. aplica una estrategia de construcción del imperio por medios militares.

Lectura de un número del Financial Times

Incluso una lectura superficial de un solo número de The Financial Times –el del 28 de diciembre de 2009– ilustra acerca de las divergentes estrategias de construcción del imperio. En la página uno, el artículo principal sobre EE.UU. trata de los conflictos militares en expansión y su "guerra contra el terror", bajo el título "Obama pide una revisión de la lista de organizaciones terroristas". En contraste, hay dos artículos, en la misma página uno, sobre China, en los que se informa de la inauguración en este país del tren de pasajeros más rápido del mundo y de su decisión de mantener su moneda vinculada al dólar de EE.UU. como un mecanismo para promover su dinámico sector de exportación. Mientras que Obama se centra en la creación de un cuarto frente de batalla (Yemen) en la "guerra contra el terror" (después de Irak, Afganistán y Pakistán), el Financial Times informa en la misma página de que un consorcio de Corea del Sur ha ganado un contrato de 20.400 millones dólares para el desarrollo de centrales nucleares para uso civil, en los Emiratos Árabes Unidos, superando a sus competidores de EE.UU. y Europa.

En la página dos del FT hay un artículo más largo sobre la nueva red de ferrocarriles china, destacando su superioridad sobre el servicio ferroviario de EE.UU. El ultramoderno tren de alta velocidad chino transporta a los pasajeros entre dos ciudades importantes, a 1.100 kilómetros de distancia, en menos de tres horas, mientras que el tren “Express” de la compañía Amtrack, de EE.UU. "tarda tres horas y media para cubrir los 300 kilómetros entre Boston y Nueva York.” Mientras el sistema ferroviario de pasajeros estadounidense se deteriora por la falta de inversión y mantenimiento, China gastó 17.000 millones de dólares en la construcción de su línea de alta velocidad. China planea la construcción de 18.000 kilómetros de nuevas vías de su ultramoderno sistema para el año 2012, mientras que EE.UU. gastará una suma equivalente en la financiación de su ofensiva militar en Afganistán y Pakistán, así como para abrir un nuevo frente bélico en el Yemen.

China construye un sistema de transporte que une a los productores y los mercados laborales de las provincias del interior con los centros de fabricación y puertos de la costa, mientras que en la página cuatro del FT se describe cómo EE.UU. sigue aferrado a su política de enfrentar la "amenaza islamista" en una “guerra sin fin contra el terror". La ocupación y las guerras contra los países musulmanes han desviado cientos de miles de millones de dólares de fondos públicos hacia una política militarista sin ningún beneficio para el país, a la vez que China moderniza su economía civil. Mientras que la Casa Blanca y el Congreso subvencionan y satisfacen al Estado militarista-colonial de Israel, con su insignificante base de recursos y mercado, alejándose de 1.500 millones de musulmanes (FT, pág. 7), el producto interno bruto (PIB) de China se multiplicó por diez en los últimos 26 años (FT, pág. 9). Mientras que EE.UU. asignó más de 1.400 millones de dólares a Wall Street y los militares, aumentando el déficit fiscal y de cuenta corriente, la duplicando del desempleo y perpetuando la recesión (FT, pág. 12), el gobierno chino lanza un paquete de estímulo dirigido a los sectores interiores de las manufacturas y la construcción que ha producido un crecimiento del 8% del PIB, una reducción significativa del desempleo y el "relanzamiento de las economías vinculadas” en Asia, América Latina y África (FT, pág. 12).

Mientras EE.UU. malgastaba su tiempo, recursos y personal en la organización de "elecciones" para sus corruptos estados satélites de Afganistán e Irak, y participaba en las inútiles mediaciones inútiles entre su intransigente socio israelí y su impotente cliente palestino, el gobierno de Corea del Sur apoyó un consorcio liderado por la Korea Electric Power Corporation en su exitosa puja de 20.400 millones de dólares para la instalación de la central nuclear, abriendo con ello el camino a otros contratos multimillonarios en la región (FT, pág. 13).

Mientras EE.UU. gastaba más de 60.000 millones de dólares en vigilancia interna y multiplicación del número y el tamaño de sus organismos internos de seguridad en busca de potenciales terroristas, China invertía más de 25.000 millones de dólares en consolidar sus intercambios energéticos con Rusia ( FT, pág. 3).

Lo que nos relatan los artículos y noticias de una sola en la edición de un solo día del Financial Times refleja una realidad más profunda que ilustra la gran división en el mundo de hoy. Los países de Asia, encabezados por China, están alcanzando el estatus de potencias mundiales, a base de grandes inversiones nacionales y extranjeras en la industria manufacturera, el transporte, la tecnología, y la minería y el procesamiento de minerales. En contraste, EE.UU. es una potencia mundial en declive, con un deterioro de la sociedad resultado de su construcción del imperio por medios militares y de su economía financiera especulativa:

1. Washington busca clientes militares de menor importancia militar en Asia, mientras que China amplía sus acuerdos comerciales y de inversión con importantes socios económicos: Rusia, Japón, Corea del Sur y otros.

2. Washington drena su economía nacional para financiar las guerras en el extranjero. China extrae minerales y recursos energéticos para fomentar su mercado interior de trabajo en la industria.

3. EE.UU. invierte en tecnología militar para luchar contra insurgentes locales que se enfrentan a los Estados satélites EE.UU.; China invierte en tecnología civil para crear exportaciones competitivas.

4. China comienza a reestructurar su economía para desarrollar el interior del país, y asigna un gasto social mayor a la corrección de sus grandes desequilibrios y las desigualdades, mientras que EE.UU. rescata y refuerza el sector financiero parasitario, que saqueó la industria (reduciendo sus activos por medio de fusiones y adquisiciones), y especula sobre objetivos financieros sin impacto sobre el empleo, la productividad o la competitividad.

5. EE.UU. multiplica las guerras y la acumulación de tropas en Oriente Medio, Asia Meridional, Cuerno de África y Caribe; China ofrece inversiones y préstamos de 25.000 millones de dólares para la construcción de infraestructuras, la extracción de minerales, la producción de energía y la construcción de plantas de montaje en África.

6. China firma acuerdos comerciales de miles de millones de dólares Irán, Venezuela, Brasil, Argentina, Chile, Perú y Bolivia, con lo que se asegura el acceso a la energía estratégica y los recursos minerales y agrícolas; Washington proporciona 6.000 millones de dólares en ayuda militar a Colombia, consigue del presidente Uribe que les ceda siete bases militares (para amenazar a Venezuela), apoya un golpe militar en la pequeña Honduras, y denuncia a Brasil y Bolivia por diversificar sus vínculos económicos con Irán.

7. China aumenta las relaciones económicas con las dinámicas economías de América Latina que representan más del 80% de la población del continente; EE.UU. se asocia con el Estado fallido de México, que tiene el peor desempeño económico del hemisferio y en el que poderosos cárteles de la droga controlan amplias regiones y han penetrado profundamente en el aparato estatal.

Conclusión

China no es un país capitalista de excepción. Bajo el capitalismo chino, se produce la explotación del trabajo, las desigualdades de riqueza y acceso a los servicios abundan, los pequeños agricultores se ven desplazados por megaproyectos de embalses, y las empresas chinas extraen minerales y otros recursos naturales en el Tercer Mundo sin demasiadas contemplaciones. Sin embargo, China ha creado decenas de millones de empleos en la industria, y ha reducido la pobreza con más rapidez y para más personas en el lapso más breve de la historia. Sus bancos financian sobre todo la producción. China no bombardea, no invade ni saquea otros países. En contraste, el capitalismo de EE.UU. se halla enfeudado a una monstruosa máquina militar mundial que drena su economía nacional y reduce los niveles de vida del país para financiar sus interminables guerras en el extranjero. El capital financiero, inmobiliario y comercial socava el sector manufacturero, y obtiene sus beneficios de la especulación y las importaciones baratas.

China invierte en países ricos en petróleo; EE.UU. los ataca. China vende bandejas y tazones para los banquetes de boda afganos; EE.UU. bombardea las celebraciones con sus aviones teledirigidos. China invierte en industrias extractivas, pero, a diferencia de los colonos europeos, construye ferrocarriles, puertos, aeropuertos y proporciona crédito accesible. China no financia ni arma guerras étnicas, ni organiza “revoluciones de colores” como la CIA estadounidense. China autofinancia su propio crecimiento, su comercio y su sistema de transporte; mientras, EE.UU. se hunde bajo una deuda de varios billones de dólares para financiar sus guerras sin fin, rescatar sus bancos de Wall Street y apuntalar otros sectores no productivos, mientras que muchos millones de personas permanecen sin empleo.

China crecerá y ejercerá poder a través del mercado, EE.UU. entrará en guerras sin fin en su camino a la bancarrota y la descomposición interna. El crecimiento diversificado de China está relacionado con interlocutores económicos dinámicos; el militarismo de EE.UU. se ha vinculado a narco-estados, regímenes dirigidos por señores de la guerra, supervisores de repúblicas bananeras, y al último y peor régimen racista y colonial declarado: Israel.

China atrae a los consumidores del mundo; las guerras globales de EE.UU. producen terroristas en el interior del país y en el extranjero.

China podrá hallarse ante crisis e incluso ante rebeliones de los trabajadores, pero tiene los recursos económicos para darles solución. EE.UU. está en crisis y puede enfrentarse a una rebelión interna, pero ha agotado su crédito y sus fábricas están en el extranjero, mientras que sus bases e instalaciones militares representan pasivos, no activos. Hay menos fábricas en EE.UU. que vuelvan a contratar a sus trabajadores desesperados: un levantamiento social podía mostrar a los trabajadores estadounidenses ocupando los esqueletos vacíos de sus antiguas fábricas.

Para convertirnos en un Estado "normal" tenemos que empezar desde el principio: cerrar todos los bancos de inversión y las bases militares en el extranjero, y regresar a América. Tenemos que comenzar la larga marcha hacia la reconstrucción de una industria al servicio de nuestras necesidades nacionales, a vivir dentro de nuestro propio entorno natural, y a abandonar la construcción del imperio en favor de la construcción de una república socialista democrática.

¿Cuándo vamos a tomar el Financial Times, o cualquier otro diario, y leer acerca de nuestra propia línea de alta velocidad que transporte pasajeros estadounidense de Nueva York a Boston en menos de una hora? ¿Cuándo van nuestras propias fábricas a suministrar nuestras tiendas de ferretería? ¿Cuándo vamos a construir generadores de energía eólica, solar y oceánica? ¿Cuándo vamos a abandonar nuestras bases militares, y vamos a permitir que los señores de la guerra los traficantes de drogas y los terroristas hagan frente a la justicia de su propia gente?

¿Llegaremos a leer acerca de todo esto en el Financial Times?

En China, todo comenzó con una revolución...

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El escritor estadounidense James Petras es profesor emérito ¡de Sociología en la Binghamton University , State University of New York.

S. Seguí es miembro de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística.

Fuente: Rebelión

Creditos: http://www.nosotrosperu.org/el_mundo.htm#art2

jueves, 7 de enero de 2010

Hijos de la crisis: Secretos Chinos

Hay unanimidad en el mundo, en reconocer que China fue el país menos afectado por la crisis mundial del 2008-2009, y el que más rápidamente se está recuperando de ella. Las cifras son contundentes, mientras que los países desarrollados tuvieron una caída de la producción de – 4.1% en el 2009 y sólo van a crecer 0.7% en el 2010 (estimados de la OCDE), China ha crecido 8% en el 2009 y espera crecer 9.5% en el 2010.


Esta performance tan espectacular no hace sino confirmar la muerte del modelo neoliberal. La tesis central de esta ideología: la ausencia del Estado, fue la causa principal de la crisis del 2008; en contraposición, fue la masiva y eficaz intervención del Estado la que evitó una recesión más grave a nivel mundial; y, su liderazgo es la explicación principal del éxito chino. Si en algún país del mundo la presencia del Estado es dominante ese es China, y hoy día Estados Unidos y los países europeos se están acercando rápidamente a este nuevo paradigma.

Ciertamente no se trata de cualquier Estado. ¿Qué rol cumple el Estado en la economía y, sobre todo, qué relación tiene este Estado con el sector privado, extranjero y nacional? Aquí está uno de los secretos del éxito chino.

Como el tema es muy amplio, me concentraré en la Inversión Pública, la poderosa palanca del desarrollo (desde siempre), potenciada por el keynesianismo, y que ha tenido el rol protagónico en los paquetes de estímulo anti crisis en todo el mundo. La habilidad china ha sido la de convertir esta herramienta de reactivación de la demanda de corto plazo en vehículo de cambio estructural y crecimiento de largo plazo.

Los dirigentes chinos (todos ingenieros según Andrés Oppenheimer), han tenido la sabiduría para entender que estamos en la era del conocimiento, que la clave son los recursos humanos, por lo que apuestan por crear y acumular el capital humano en su país. Ellos le dan la bienvenida a la inversión extranjera, siempre que les transfieran la tecnología y el conocimiento que tienen en los países desarrollados. Logran que todo este conocimiento y esta tecnología de punta se deposite en sus profesionales, técnicos y trabajadores calificados, que participan de forma obligatoria, en todos los grandes proyectos de inversión y empresas.

El atractivo del gigantesco mercado chino, y las buenas condiciones para los negocios que existen en el país, además de la ventaja comparativa de su mano de obra calificada y también barata, son argumentos más que suficientes para que todas las grandes corporaciones del mundo, acepten sin chistar las condiciones y exigencias chinas.

Con un ejemplo será más fácil explicar el punto. Dos de las prioridades post crisis del gobierno chino han sido el transporte masivo y las energías limpias. Ambos objetivos se concretaron en el programa: Red Nacional de Transporte de pasajeros de alta velocidad. China va a invertir 292 mil millones (billones) de dólares en los próximos cinco años, para contar con una red de trenes eléctricos de alta velocidad, que permitan interconectar las principales ciudades del país (donde se está mudando el grueso de su población).

Dos de las empresas que van a participar en este sistema de trenes de alta velocidad son: (i) Bombardier, empresa canadiense, la principal del mundo en la fabricación de trenes, que va a construir 80 de ellos, y (ii) Siemens, la principal empresa alemana de ingeniería, que va a tener a su cargo la obra central del sistema: la línea de 1,318 kilómetros que unirá Beijing con Shanghai. Esta obra va a ser la más grande en toda la historia de China, con 32.5 billones de dólares de inversión; aún más grande que la represa de las tres gargantas sobre el río Yangtze.

Estas dos empresas se van a asociar a otras empresas chinas, así como a universidades y centros de investigación locales, para asegurar la transferencia de la tecnología, el conocimiento, y el entrenamiento del personal. Sólo en el tramo Beijing-Shanghai, que estará listo en el año 2012, se dará empleo a 127,000 trabajadores, la mayoría ingenieros, técnicos y obreros calificados.

La justificación económica del proyecto es contundente. El ministro de transporte de China sostiene que una doble línea de trenes rápidos, de ida y vuelta, puede transportar 160 millones de personas al año, frente a una carretera de cuatro carrilles que sólo puede transportar 80 millones. También afirma, que al ser trenes propulsados por energía eléctrica, producen cero contaminación ambiental.

Yo tuve la suerte de subir a una de estas maravillas tecnológicas, el tren rápido MAGLEV (magnetic levitation) en la ciudad de Shanghai. Recorre un tramo de 30 kilómetros entre el centro de la ciudad y el moderno aeropuerto de Pudong, en menos de 8 minutos, a una velocidad de 430 Kilómetros por hora. Nunca pensé ir a tanta velocidad en mi vida; yo estaba esperando que alguna vez alguien me prestara su Fórmula 1 para pasar los 320 Km/h, y resulta que terminé viajando a mayor velocidad que esa, y sin ningún peligro.

La tecnología del MAGLEV es sencillamente alucinante: no tiene ruedas, no tiene rieles, no hay fricción entre superficies metálicas; por eso puede alcanzar velocidades tan altas. Se trata de un sistema eléctrico que genera un fuerza magnética que logra que (i) el tren se eleve en el aire, sobre dos planchas gruesas de acero que actúan como rieles y guías, en los costados inferiores del tren y (ii) crea una fuerza que lo impulsa hacia adelante, a altas velocidades. Esta tecnología ha sido desarrollada por la empresa alemana Siemens; luego de haber probado su tecnología en este tren experimental, ahora se lanza a la producción en masa.

¿Porqué China atrae a estas empresas de punta, porqué logra transferir tanta tecnología y conocimiento a su país? ¿Cómo consigue que esta tecnología se filtre por toda la sociedad, se expanda a la mayoría de empresas? ¿Porqué tiene tantos éxitos el gobierno chino?

Para comenzar, porque sabe lo que quiere (es decir, se propone explícitamente todos estos objetivos), porque tiene una mirada de largo plazo, porque representa los intereses del pueblo chino, toma decisiones en función a la mayoría de los chinos, porque su cúpula no sólo es honesta sino que combate la corrupción que todavía existe en niveles intermedios e inferiores del Estado.

Ninguna de estas condiciones las cumple el Estado peruano; aquí los altos mandos del gobierno están más interesados en las comisiones de las inversiones que en las propias inversiones, su pertinencia e impacto en el conjunto de la economía. Por eso prefieren reunirse con Canaán y muchos hombres de negocio de cuarta categoría, y son incapaces de atraer a las empresas de punta, los empresarios y empresarias más innovadores, que concentran el talento y a la inteligencia mundiales.

Y no se diga que sólo ocurre en el Oriente y en países grandes; aquí en América Latina, está sucediendo en Brasil, Chile, Costa Rica, Colombia y Uruguay. Por eso, ellos tienen un ingreso por cápita mayor al nuestro y van a crecer más en el futuro. ¿Cuándo se va a convencer la gente que corrupción y desarrollo son incompatibles?

Columna: FERNANDO VILLARAN

Creditos: BLOG "Espacio Compartido"

HUEVOS DE ESTURIÓN

domingo, 3 de enero de 2010

La discusión sobre Porter y un gran Plan para el Perú



03 de Enero del 2010

LIMA | La visita de Michael Porter generó un debate sobre la real situación de la economía peruana.

No seguí ese debate, pero revisé la exposición de Porter. Aunque algunos de sus planteamientos son casi obvios, otros deberían ser muy útiles para la elección de políticas.

Debería resaltarse de su presentación:

* Primero, que el desempeño económico del Perú es dependiente de los recursos naturales.

* Segundo, que el manejo de la macroeconomía ha sido eficiente, pero que eso no es suficiente.

* Tercero, que el Perú tiene un bajo nivel de competitividad, entre otras cosas por débiles sistemas en educación y en salud, y alta inequidad.

* Cuarto, la necesidad de tener "clusters" o constelaciones de empresas alrededor de un sector.

* Quinto, que esas "constelaciones" o grupos son generalmente "regionales", lo que abre una ventana muy interesante para el proceso de regionalización peruano.

Creo que la discusión generada por Porter debería verse dentro del siguiente horizonte:

En la historia de la República, ha habido tres grandes periodos de expansión.

El primero fue el del guano, entre la década de 1840 y la de 1870, o entre el primer gobierno de Castilla y el de Balta (y la primera transición civil).

En Europa la Revolución Industrial estaba consolidada, y menos gente trabajaba en el campo. Para alimentar a la misma población se requería más productividad agraria, y el guano fue uno de sus insumos.

El guano proveyó a Castilla del combustible financiero para consolidar el Estado nacional, después de dos décadas de caudillos y guerras civiles. Cuando Balta entra en 1969 no tiene plata para terminar ferrocarriles. El periodo de expansión se ha evaporado, y en 1872 Pardo cree que debe declarar una República "práctica" para un país en bancarrota (de donde sigue su extraña política sobre el salitre, y su secuela, la Guerra con Chile).

El segundo gran periodo de expansión comienza en 1895 con Piérola y dura básicamente hasta la crisis de 1929. Doce años después del fin de la guerra, los chilenos, como ahora, venían a admirar el desarrollo de Lima.

¿Qué causó ese crecimiento? La expansión europea que había comenzado en 1871 al término de la guerra franco-prusiana, y que duró en lo esencial hasta 1914.

Cuando ese periodo de expansión terminó, la prosperidad peruana se había también evaporado. Había sido, término de Basadre, una "prosperidad falaz".

En esta primera década del siglo XXI que vivimos, hemos tenido otro extraordinario periodo de expansión.

¿Qué la ha causado? Ya no Europa, sino esta vez "Chindia", la expansión colosal de China e India, que están volviendo al lugar dominante que tenían antes de la Revolución Industrial.

¿Cuánto durará? Todavía China tiene millones de habitantes mudándose del campo a la ciudad, impulsando un gigantesco proceso de urbanización y modernización, y en la India sólo la clase media es más grande que toda la población de Estados Unidos.

Pero quizá no sea excéntrico recordar la milenaria historia china. El gran Joseph Needham, que fue el preeminente sinólogo del mundo, dijo que donde había habido alguna innovación había estado la dinastía Sung (s. IX), pero que con la llegada de los Ming, esa ventana de innovación se cerró. La pólvora, la brújula y la imprenta (que China había inventado) causaron la Edad Moderna. Pero en Europa, no en China, donde la burocracia la ahogó. ¿Hasta cuándo puede dirigir un crecimiento tecnológico el Partido Comunista Chino?

Entre los dos últimos grandes periodos de expansión peruanos hay por supuesto importantes diferencias. En 1900 no existía sino Lima, no la emergencia de regiones económicamente activas como ahora. El resto eran "enclaves". País de "élites" entonces, no de estas extraordinarias nuevas clases medias de ahora. País mayoritario y aislado en el "hinterland" andino y no la fusión peruana, básicamente volcada a la costa (y por tanto a puertos de exportación) de ahora.

Pero hay una similitud en todos los periodos de expansión: fueron causados por una demanda externa. Fuimos parte de un ciclo internacional de expansión. Cuando cada uno terminó, la ilusión del desarrollo se desvaneció.

Estamos ahora ante una extraordinaria ventana de oportunidad para nuestro desarrollo. ¿Cómo hacemos para que ahora no ocurra lo mismo que en los dos ciclos anteriores? ¿Cómo hacemos para tener una competitividad "endógena"? Ese fue el mensaje de Porter, y el Presidente García hizo mal en desfigurarlo.

Otra forma de plantearlo es así: ¿Cómo pasamos de una economía de recursos naturales a una economía del conocimiento?

Los recursos naturales no son necesariamente una maldición, como lo prueban Australia (un país "minero", el más árido del mundo, según Jared Diamond dice en Colapso) o Canadá. O, más recientemente, Noruega y Finlandia. Noruega supo cómo usar su inesperada riqueza petrolera del mar del Norte para forjar una economía competitiva. Finlandia pasó en 30 años de producir eucaliptos a Nokia, y a ser la economía más competitiva del mundo.

Todas estas naciones anclaron su "despegue" en la educación, y en diversificar su economía hacia sectores de rendimientos "crecientes", y no dejarla atada a sectores de "rendimientos decrecientes", como son por esencia los recursos naturales.

El Perú necesita un gran Plan alrededor de este desafío central. Un Plan con metas, cuantificables, semejante al que Kubitschek planteó hace medio siglo para Brasil, y en el que está el origen del desarrollo brasileño. Ese Plan debe tener un horizonte de una década, del 2011 al 2021, para impulsar un cuarto, y definitivo, periodo de expansión antes del bicentenario de la República.

Columna: Alfredo Barnechea

Creditos: Diario el Correo