lunes, 21 de noviembre de 2011

Un decenio de gobiernos de izquierda en AL

Un decenio de gobiernos de izquierda en America Latina

Por: Steven Levitsky

La ola de izquierda en A.Latina ya cumple un decenio y aún no para. Contra varios pronósticos de un inminente “vuelco a la derecha”, la ola se ha extendido a El Salvador (2009) y Perú (2011), y la izquierda ha sido reelegida en Uruguay (2009) y “re-re-elegida” en Brasil (2010) y Argentina (2011). (La izquierda también ha sido reelegida en Venezuela, pero en condiciones no democráticas). Actualmente, dos tercios de los latinoamericanos viven bajo gobiernos de izquierda, algo inédito en la historia regional.  
Quiero hacer dos observaciones sobre este giro a la izquierda. Primero, los gobiernos de izquierda han sido bastante moderados. Salvo Chávez en Venezuela, ninguno ha vuelto al estatismo de las épocas anteriores. Los gobiernos de Brasil, Chile, El Salvador, Paraguay y Uruguay mantienen políticas macroeconómicas ortodoxas. Aunque los gobiernos de Argentina, Bolivia, y Ecuador han sido más heterodoxos, ninguno ha roto con la economía de mercado. Fuera de Venezuela, ningún gobierno ha adoptado políticas ni mínimamente parecidas a las de Castro, Velasco o Allende. La izquierda también ha sido moderada en cuanto a las instituciones democráticas. Desapareció el leninismo revolucionario de los años 60 y 70. En Argentina, Brasil, Chile, El Salvador, Paraguay y Uruguay la izquierda ha gobernado en una manera plenamente democrática. No se puede decir lo mismo sobre Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, pero aun en estos casos no hay dictadura como las de Castro o Velasco. Hasta en Venezuela –el caso más autoritario– persiste un régimen electoral.
Segundo, por lo general, la ola de izquierda beneficia a la democracia en A. Latina.  En décadas pasadas, la llegada de la izquierda al poder casi siempre terminaba o en un golpe de estado (Venezuela 1948, Guatemala 1954, República Dominicana 1962, Brasil 1964, Chile 1973) o en una dictadura de izquierda (Cuba 1959; Nicaragua 1979).  La última década puso fin a este patrón. En Brasil, Chile, Uruguay y El Salvador, donde el miedo ante un posible triunfo de la izquierda seguía siendo fuerte en los años 90, la izquierda llegó al poder y no pasó nada. Los gobiernos de Lula y Dilma, Lagos y Bachelet, Vásquez y Mujica, y el de Mauricio Funes demostraron que la izquierda puede gobernar sin generar una crisis o una ruptura democrática. Y más: demostraron que la izquierda puede gobernar bien. Ese cambio tiene una enorme importancia para la consolidación de la democracia. La izquierda pasó de ser un cuco a ser una opción de gobierno normal.  
Otro beneficio de la ola de izquierda ha sido un nuevo énfasis en la redistribución. La desigualdad casi siempre atenta contra la democracia. Varias investigaciones empíricas demuestran una fuerte relación entre la desigualdad socioeconómica y la inestabilidad democrática. A. Latina es la región más desigual del mundo, y en la mayoría de los países la desigualdad creció en los años 80 y 90.  Si las cosas seguían así, iba a ser difícil sostener la democracia. No es cierto, como dicen algunos analistas de izquierda, que la democracia no pueda coexistir con una economía de mercado. Pero la historia nos muestra que el matrimonio entre democracia y mercado libre requiere de políticas sociales redistributivas.   
Los gobiernos de izquierda han invertido seriamente en las políticas redistributivas. En Brasil, Lula aumentó el salario mínimo y extendió el programa Bolsa Familia a 11 millones de familias. En Chile (Chile Solidario, Plan AUGE), Uruguay (PANES, Plan de Equidad), Argentina (Asignación Universal por Hijo), Bolivia (Bono Juancito Pinto, Renta Dignidad), y Ecuador (Bono de Desarrollo Humano), gobiernos de izquierda lanzaron nuevas programas sociales para combatir la pobreza y extender el acceso a la seguridad social, la salud y la educación a sectores que habían sido excluidos.
Estos programas generaron logros importantes. En Brasil, unos 29 millones de personas salieron de la pobreza entre 2003 y 2009. En Chile, la pobreza extrema casi desapareció. Y por primera vez en decenios, las tasas de desigualdad han bajado, en algunos casos –como Brasil– de una manera significativa. Aunque la disminución de la desigualdad tiene varias causas, estudios muestran que las políticas sociales han sido un factor importante.
Las políticas redistributivas adoptadas por los gobiernos de izquierda contemporánea no representan una vuelta al estatismo. Al contrario: las nuevas políticas sociales en Brasil, Chile, El Salvador, Paraguay, Uruguay, y (con matices) Argentina coexisten con una economía abierta. Representan una transición no del neoliberalismo al estatismo sino del neoliberalismo a un liberalismo social o, en los casos más ambiciosos, a una socialdemocracia criolla. Un modelo que combina una economía de mercado con una seria inversión en la redistribución rige en todas las democracias industrializadas del mundo (con un poco más redistribución en Europa y un poco menos en los EEUU). Pero es nuevo en A. Latina. Y está funcionando. La democracia nunca ha sido tan fuerte en Brasil, Chile y Uruguay como en los últimos 10 años.   
El fin de la ola de izquierda llegará más tarde o más temprano. En democracia nada es permanente. La causa podría ser el deterioro económico regional. O podría ser la inseguridad, casi siempre un flanco débil para la izquierda. Pero el legado de los gobiernos de izquierda –sobre todo en el Cono Sur y Brasil–sería tan significativo como el de los gobiernos neoliberales de los años 90.  Los logros sociales en Brasil, Chile e Uruguay se están institucionalizando (no es así en Venezuela, donde el proyecto chavista parece poco sostenible). Las nuevas políticas sociales gozan de un amplio consenso social y los partidos de izquierda se han establecido como una alternativa viable, acabando con las fantasmas del pasado. Y la democracia salió fortalecida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario