Por: Augusto Álvarez Rodrich
Domingo, 08 de abril de 2012
Gobiernos que cambian de ruta al llegar al poder.
Se acaba de producir un relevo en el gobierno que no por haber pasado
relativamente desapercibido deja de ser importante y que constituye una
expresión más del camino optado por el presidente Ollanta Humala.
Ocurrió en la presidencia del Centro de Planeamiento Estratégico
(Ceplan), donde el que sale y el que entra son dos distinguidos
profesionales pero con trayectorias y enfoques muy distintos sobre
asuntos cruciales.
Germán Alarco –el saliente– viene de la academia y su orientación
ideológica corresponde al espacio conocido como la izquierda, mientras
que el entrante, Mariano Paz Soldán, proviene del sector empresarial en
donde dirigió una AFP y es ubicable en el espacio conocido como la
derecha.
Uno nunca sabe, pero seguro que el primero votó por Humala mientras
que el segundo lo hizo –como la mayoría de integrantes del actual
gabinete ministerial– por Keiko Fujimori.
Esto recuerda, en estos días de los veinte años del autogolpe del 5
de abril, que el país también está, desde hace poco más de dos décadas,
enfrascado en un mismo enfoque económico –algo singular en la historia
económica peruana– que ha generado resultados positivos innegables en
cuanto a crecimiento pero insuficientes en relación con la inclusión.
Todas las presidencias de las últimas dos décadas, desde la de
Fujimori hasta ahora la de Humala, pasando por Valentín Paniagua,
Alejandro Toledo y Alan García II, han gobernado con el mismo modelo
económico.
La otra similitud es que, salvo Paniagua, quien no llegó como
candidato, el resto ganó con mensajes electorales de ‘izquierda’ pero,
apenas conquistada la presidencia, mutaron al esquema propio de la
‘derecha’.
Hay un debate entre politólogos como Alberto Vergara, Eduardo
Dargent, Sinesio López y Martín Tanaka, entre otros, sobre este fenómeno
que el primero describió como ‘alternancia sin alternativa’ y en donde
los presidentes gobiernan a la derecha de lo prometido en campaña.
Las explicaciones son variadas e incluyen desde la capacidad de
presión de los grupos empresariales; la relevancia de las tecnocracias
en las decisiones; el crecimiento de la base social/electoral por la
continuidad; y hasta los propios resultados positivos del modelo, lo
cual refuerza su mantenimiento pero con la esperanza de que incorporen
los cambios que permitan alcanzar la ansiada inclusión.
En eso vamos, pero un riesgo relevante ahora es que otra vez, al
final, estos cambios no se produzcan y que un segmento de la población
vuelva a sentir, como cada cinco años, que los estafan porque no les
cumplen lo que les prometen. Impedir que eso vuelva a ocurrir en el año
2016, sin dejar de crecer, y en democracia, es el reto del gobierno de
Ollanta Humala.

No hay comentarios:
Publicar un comentario