por Raúl Wiener
Tengo en la memoria una conversación con Ollanta Humala en la que me explicaba lo peculiar de la personalidad de su hermano Antauro. Contaba que la familia logró reunir un dinero y comprar un pequeño barco de pesca, para que lo capitanease Alexis. En una de sus salidas la nave no volvió. Fueron varios días de angustia en los que se esperaba lo peor, pero otro barco encontró al menor de los Humala a la deriva y lo trajo de regreso. Y en medio de la alegría del clan, el ahora líder etnocacerista dijo que a él no le interesaba si Alexis volvía sino si se perdía su inversión.
El cuento servía
para enfatizar que Antauro era duro para sacar adelante lo que se
proponía. Conversamos esto después que Ollanta pidió discutir un pedido
de amnistía que había llegado al Congreso sobre los hechos de
Andahuaylas, que los parlamentarios nacionalistas dudaron en apoyar y la
mayoría de asesores desestimó porque nada nos unía al etnocacerismo y
al extremismo, y más bien había que aprovechar el caso para marcar las
diferencias. Evidentemente Ollanta se apreció sólo y quiso hacerme
recordar que el prisionero era de todos modos su hermano.
Desde ese día
sostuve una frase que hasta hace poco era una de las pocas certezas que
me quedaban de mi cercanía con el actual presidente del Perú, que
Ollanta Humala creía profundamente en la familia y por eso jamás se
enfrentaría con su padre por más impertinentes que fueran algunos de sus
comentarios, ni le saldría al frente a las provocaciones de Antauro. En
julio del año pasado cuando se armó el escándalo Alexis descubrí, sin
embargo, que no tenía la fuerza para respaldar al único de sus hermanos
que nunca se le separó, y asumir que fueron sus imprecisas instrucciones
las que originaron la “reclutada” y la falsa acusación de corrupción
que hasta ahora no ha sido bien despejada.
Pero cuando
Ollanta ordenó cambiar de penal a Antauro y sacarlo de la condición de
“reo de alta peligrosidad” que le habían imputado arbitrariamente al
confinarlo en Piedras Gordas, pensé que tendría el coraje para sostener
una medida justa y mostrar que se puede tener a la familia fuera del
gobierno, pero no olvidar que uno de sus hermanos está preso. Durante un
mes, sin embargo, la derecha le negó al presidente el derecho. Lo
atacaron interminablemente con una batería de materiales que nadie sabe
cómo obtuvieron; que no muestran “indisciplina” sino permisividad del
INPE; que son anteriores al traslado (incluso antes del actual
gobierno), pero cuya parte de escándalo fue armada en los medios de
comunicación
Cualquiera podría
hacer un montaje similar sobre el millón de cosas que pasan en la
DIROES: fiestas con Los Iracundos, reuniones de partido, visitas
femeninas que acaban el día siguiente, etc., si dispusiera del material
que seguro tienen los carceleros y si los canales estuvieran interesados
en trasmitirlo. El hecho es que Ollanta no soportó la andanada continua
y cómo ha pasado a cada rato durante este gobierno, viró a presión,
dando a entender que “castigaba” a Antauro por portarse mal cuando se
estaba portando bien. Es decir lo llevaron de la mano y le dijeron que
iban a seguir con eso hasta que no hiciera lo que le reclamaban. Y como
él mismo decía del otro, en vez de ver que su sangre y su nombre estaban
comprometidos en el incidente, antes que ello pensó en lo que había
invertido para ser presidente.
Tomado:http://puntodevistaypropuesta.blogspot.com/


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