El 28 de marzo Ollanta cumple ocho meses en el gobierno. Un rápido
balance político muestra más sombras que luces, más frustraciones que
esperanzas. Ollanta llegó al gobierno sobre los hombros de las masas
descontentas y esperanzadas en el cambio y de las clases medias
liberales y democráticas que huían de la perversión fujimorista. Ocho
meses después se percibe que las expectativas populares se van apagando,
que los miedos de las clases altas han desaparecido gracias a la
continuidad de sus privilegios, que las clases medias se han cobijado
resignadamente bajo el paraguas del gran capital y que, para colmo de
males, el actual primer ministro es un exmilitar autoritario y
profujimorista. ¿Qué ocurrió? ¿Cómo se produjo lo que pasó? ¿Y por qué
sucedió?
Lo que ha pasado es algo que sucede de una manera más o menos
frecuente en Perú y en AL: los que pierden las elecciones gobiernan y
los que ganan o ayudan a ganarlas son expulsados del gobierno. Como lo
sugirió el genial Carlín, Ollanta bien podría pedir en el Consejo de
Ministros que levanten la mano quienes votaron por Keiko Fujimori y
tendría una mayoría de manos levantadas. En la práctica se ha producido
(y se está produciendo) un cambio de mando en el gobierno sin afectar
las formalidades democráticas. La derecha ha dado una especie de golpe
de Estado con guante de seda, ganando en la mesa mullida del gobierno lo
que perdió en la cancha dura de las urnas. El país asiste a una comedia
política cuyo título bien podría ser “El arte de gobernar habiendo
perdido las elecciones”.
En este caso la pregunta que hay que hacer es la siguiente:
¿metamorfosis o captura del presidente? ¿Ollanta, al estilo de Gregorio
Samsa de Kafka, se acostó como un líder político (de abajo y de
izquierda) y se despertó como un insecto (derechista) o ha sido más bien
capturado por la derecha? Mi hipótesis es que la derecha capturó a
Ollanta en Cajamarca, lo mantiene preso en Palacio, lo ha enmudecido con
sus críticas despiadadas y, sin embargo, le exige sádicamente que
hable. Eso no obstante, Ollanta mantiene su identidad política, ajada y
maltrecha, pero la mantiene. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? El
cambio de un gobierno de centroizquierda por otro de centroderecha en
crisis fue un proceso que comprende cuatro momentos.
El primero (junio y julio del 2011) fue de resistencia. Ollanta
quiso organizar un gobierno legítimo sobre la base de los resultados
electorales de la segunda vuelta con un equipo propio académicamente
bien formado y con experiencia de gestión, pero las presiones, las
amenazas, los chantajes, los halagos y los susurros de la derecha y de
sus operadores pudieron más que su voluntad de resistir e hizo subir a
la nave del gobierno a los representantes del gran capital (Castilla y
Velarde). Desde ese momento, Ollanta dejó de ser para la derecha el
chavista repudiado para convertirse en un estadista respetado. El
segundo momento es el del gobierno de la concertación (agosto-4/12/11)
integrado por los amigos del presidente, por los amigos de Castilla y
los ministros de Ciudadanos por el Cambio con Salomón Lerner Ghitis a la
cabeza como Primer Ministro. Este es el momento de los cambios más
importantes: el gravamen minero, la consulta previa, la organización del
MIDIS.
El tercer momento se inicia con la orden presidencial de Gonga va,
con el desplazamiento de la izquierda y del toledismo para girar a la
centroderecha (11 de diciembre). Castilla incrementa su poder
controlando más ministerios; lo mismo sucede con Valdés que controla el
Premierato, Defensa e Interior. El gabinete Valdés es el acompañamiento
autoritario del neoliberalismo en apuros frente a los movimientos
sociales contestatarios. Este el momento en el que se produce la captura
de Ollanta por la derecha. El cuarto momento es el de la fragmentación
del gobierno en circuitos de poder (febrero 2012) y de la ofensiva
despiadada de la derecha por apoderarse de todo el gobierno y del
Estado.
¿Por qué se produjo todo este cambalache político? Hay varios
factores explicativos, pero pienso que el más importante es la
correlación social y política de fuerzas totalmente favorable a la
derecha que controla casi todos los espacios de poder a través de los
medios, la CONFIEP y los poderosos grupos económicos. ¿Es posible
cambiar esta relación de fuerzas? Mi hipótesis es que se puede siempre y
cuando se articule un frente amplio de movimientos contestatarios, de
frentes y gobiernos regionales y de izquierda unificada. ¿Hasta dónde
van a llegar la desenfrenada audacia y los apetitos desmedidos de la
derecha? Pienso que ella prefiere transformar la captura en metamorfosis
de Ollanta.



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