A gobiernos de izquierda, desde la
derecha, se les asocia con asistencialismo y populismo. Sin embargo,
gobiernos de derecha han demostrado escasa eficiencia para que la
ciudadanía se beneficie mediante una verdadera justicia distributiva.
Por
tanto, la izquierda tiene la gran oportunidad de demostrar su capacidad
para gobernar precisamente ante la ausencia de políticas públicas en
beneficio de las mayorías. Su punto de partida es no incurrir en aquello
que dio origen a la crisis del Estado de bienestar: aparato asistencial
con altos elevados niveles de presión fiscal, así como el
anquilosamiento, ineficacia e incompetencia.
Por otro lado, debe
partir de reconocer que cuenta con una ideología, renunciar a ella
equivale a aceptar el mundo tal y como es, declararse impotente para
entenderlo, abandonar cualquier intento de dirigirlo de manera
con-sciente hacia algo mejor y, desde luego, renunciar a colocar a los
seres humanos al mando de sus propias vidas individuales y colectivas.
Sin
embargo, la izquierda en el gobierno también debe demostrarse y
demostrar su adaptación a la modernidad. Una izquierda moderna debe
dejar los conceptos abstractos y pasar a la definición de prioridades,
pero antes que ello debe reconocer al mercado como un sistema global, no
negarlo; tampoco se le debe ponderar como la llave para acceder en
automático a la justicia social. Está demostrado, el mercado tiene sus
limitantes para poder sustituir al Estado.
En Guerrero, se ha
señalado reiteradamente la necesidad de gobernar por medio de una
izquierda moderna. Ahora bien, para intentarlo es necesario dotarse de
un nuevo discurso político, el cual surge de la profunda transformación
experimentada por la propia realidad social a la que se pretende aplicar
dicho discurso. Si bien no son omnipotentes, el discurso político y la
acción política sí permiten ser instrumentos guía para alcanzar los
objetivos que se persiguen.
Si el gobierno de Guerrero (ejecutivo
y legislativo) pretende establecer políticas públicas de izquierda
moderna, es necesario establecer un discurso político en donde se
reconozca que:
a) Algunas soluciones válidas en el pasado se han
convertido en problemas de hoy, bien porque el contexto ha cambiado,
bien por el deterioro experimentado por aquellas soluciones como
consecuencia del tiempo transcurrido.
b) Algunos problemas,
especialmente la lucha contra la pobreza y la marginación social, siguen
sin encontrar soluciones definitivas, sin que las políticas aplicadas
hasta ahora hayan sido lo bastante eficaces.
c) Los cambios
producidos en la estructura económica han sido tan profundos que han
erosionado la identidad nacional del ciudadano.
d) Los cambios
tecnológicos vinculados a la vida cotidiana obligan a una redefinición
de la frontera entre lo público y lo privado.
e) Surgen con fuerza
nuevos problemas como el envejecimiento de la población (jubilaciones y
pensiones) la migración o el deterioro del medio ambiente.
El
propósito de la izquierda moderna, por tanto, es captar las nuevas
realidades y demandas sociales, percibir dónde se han situado hoy las
diferencias sociales y trazar caminos de futuro entre la nueva derecha y
la vieja izquierda.
Sin embargo, para transitar hacia un buen
gobierno debe hacerse hoy bajo nuevas condiciones. Entre ellas merece la
pena destacar las siguientes: a) un crecimiento económico mucho menor
que el que permitió la extensión de políticas sociales del otrora Estado
de bie-nestar. Se trata de un ciclo de depresión que, como es obvio,
disminuye los recursos disponibles y acarrea un aumento de las
necesidades sociales; b) una restructuración económica nacional, y por
ende local, que reduce el margen de actuación del Estado-nación
tradicional, y c) una debilitación del apoyo político del que ha gozado
hasta ahora el Estado de bienestar.
El reto es garantizar que los
viejos derechos sociales sigan siendo iguales (educación, salud,
vivienda, pensiones, etcétera), lo cual no significa garantizar
canonjías. Asimismo, una izquierda moderna debe permitir y fomentar el
desarrollo pleno de las capacidades individuales y la libertad real de
elección de los proyectos de vida. No condena la propiedad privada,
aunque limita sus actuaciones mediante normas. No se queda en la
libertad de elección entre mercancías proporcionadas por el mercado,
sino que busca la libertad más amplia de poder llevar adelante los
proyectos individuales.
En suma, una moderna forma de gobernar
busca con precisión qué hay que hacer, desde el poder, para cumplir con
las aspiraciones legítimas de todos los ciudadanos, empezando por los
menos afortunados. Qué servicios hay que rendir, a quién y por parte de
quién. Sin posiciones dogmáticas sobre lo público y lo privado, ésas son
las preguntas concretas a las que todo buen gobierno, hoy en día, debe
responder.
La nueva izquierda (moderna) tiene la palabra.* Analista político
jimenezfabio@hotmail.com
TOMADO: http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2007/06/27/index.php?section=opinion&article=002a1soc

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