sábado, 7 de abril de 2012

¿Es usted cívico o achorado?

Hace una década los peruanos importamos de Francia el concepto de izquierda caviar para referirnos a un sector de la burguesía intelectual preocupada por los derechos humanos y la justicia social. Recientemente Augusto Álvarez ha rescatado la expresión derecha-bruta-y-achorada (DBA) ideada por Juan Carlos Tafur para referirse a un sector autoritario unido por su rechazo a los caviares. Los dos conceptos pegaron bien y están ya incorporados en del debate político en la prensa y las redes sociales.
Ambos epítetos tienen su origen en una polémica que tiene ya varios siglos entre dos visiones del mundo contrapuestas cuyos mayores exponentes fueron los filósofos Rousseau y Hobbes. La tesis de Rousseau es que el hombre es bueno por naturaleza y la gobernabilidad requiere de un contrato social en que los ciudadanos sometan voluntariamente sus egoísmos individualistas a la voluntad general. Por el contrario, la tesis de Hobbes es que el hombre es malo por naturaleza (el hombre es el lobo del hombre es una de sus frases célebres) y por lo tanto la gobernabilidad requiere de un soberano fuerte que garantice el orden con mano dura.
Traducido al peruano, los caviares serían seguidores del ginebrino Rousseau y la DBA del inglés Hobbes. Lo cierto es que estas dos visiones no responden a los cortes ideológicos de izquierda y derecha sino a otro eje, que va de mayor o menor confianza en el género humano. En tal sentido, en lugar del término caviar, propondría para un extremo del eje el concepto de cívico y para el otro el de achorado. Es decir, podría haber cívicos de izquierda y de derecha, así como también achorados de derecha e izquierda.
Para los cívicos, conceptos como verdad, diálogo, derechos humanos, participación ciudadana y solidaridad tienen un valor en sí mismos. Para los achorados, en cambio, son vocablos vacíos y lo que vale son los resultados. Algunas de sus expresiones preferidas son “hechos y no palabras”, “primero hacer y después hablar”, “no importa que robe si hace obra” o “más vale pedir perdón que pedir permiso”. 
Naturalmente se pueden distinguir variantes en ambas corrientes. Los cívicos incluyen partidarios de la democracia representativa y de la democracia directa, mientras que entre los achorados se encuentran simpatizantes de la democracia delegativa y del autoritarismo. Por último se presentan situaciones ambiguas. Por ejemplo, algunas personas pueden ser cívicas de pensamiento, pero achoradas de personalidad y conducta.


El debate sobre la revocatoria de Susana Villarán es un buen test político de donde está cada uno. Los cívicos, tanto de izquierda como de derecha, consideran que Villarán debe continuar en la alcaldía, así no hayan votado por ella o desaprueben su gestión. A los achorados, en cambio, Villarán les cae pésimo y no ven la hora de botarla de la municipalidad.
Lamentablemente, para quienes nos sentimos más cerca de los cívicos, las encuestas de opinión nos recuerdan reiteradamente que la mayor parte de la población está más cerca de la visión política achorada.  Por ejemplo, la mayoría desconfía de los demás, supone que todas las autoridades son corruptas y simpatiza con medidas drásticas,  como la pena de muerte, para combatir el crimen. La mayor parte de los intelectuales y profesionales bien educados, en cambio, tiene una visión cívica de la sociedad, cree en el respeto a la vida, el cumplimiento de la ley y el fortalecimiento de las instituciones. Cometeríamos un error, sin embargo, si caemos en el síndrome de la autorreferencia, es decir, pensar que la mayoría piensa como uno. Lo honesto intelectualmente es reconocer que vivimos en una sociedad donde los achorados son mayoría.

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