Fernando Tuesta Soldevilla (Perú) Sociólogo de profesión
Desde hace ya un tiempo muchos políticos señalan que no existe más
izquierda y derecha. El mismo presidente de la República, Ollanta
Humala, se cuidó siempre de autodenominarse de izquierda y más bien
utilizó el impreciso término de nacionalista.
Sin embargo, no existe una mejor manera de ordenar el espectro
político que no sea bajo estas afinidades para orientarse políticamente.
Izquierda y derecha han estado de alguna manera definidas por las
asociaciones y representaciones con ciertos temas y sectores sociales.
No es, ni mucho menos se debe reducir a, un tema de ideologías.
En nuestro país, en donde la política ha sido más el espacio del
conflicto y menos del acuerdo, izquierda y derecha han tenido una
difícil convivencia.
El tema entonces no es la existencia de derecha e izquierda, sino la
forma cómo conviven. De esta manera, en democracia, la pluralidad no es
solo importante, sino fundamental. Esta pluralidad exige espacios de
acuerdo. En nuestro caso, han tenido mayor relevancia los sectores de
izquierda y derecha justamente que asumen la política como conflicto y
menos como acuerdo. Es más, luchan continuamente por desaparecer al
otro. Pero sin derecha no existe izquierda y viceversa. En pocas
palabras la democracia necesita de izquierda y derecha, porque necesita
de la pluralidad.
Nuestro país necesita de una izquierda que canalice adecuadamente la
representación de un número importante de peruanos que demandan
igualdad y el ejercicio real y efectivo de sus derechos. Necesita de una
izquierda que cuando asuma la tarea de gobernar, lo haga con principios
pero también con eficiencia. Una izquierda que no vea a la derecha solo
como neoliberal o cavernaria. Una izquierda que sepa convivir con la
derecha y no espere desaparecerla. Una izquierda que no considere que su
pensamiento es el único posible y que no tenga culpa al condenar
regímenes como los de los hermanos Castro o Hugo Chávez. Se necesita una
izquierda que se desprenda de su tradición cainita de separarse cada
vez que se instala el conflicto en sus filas. Una izquierda que se
desprenda de ese ya tradicional conflicto personalista de la generación
de los setenta. Una izquierda que deje de ubicar todos los males en el
modelo económico y en la propiedad. Una izquierda que entienda que al
lado de la igualdad se necesita también la libertad.
Pero nuestro país también necesita de una derecha menos conservadora
y bruta como la ha llamado acertadamente Juan Carlos Tafur. Una derecha
que se reconcilie con su lado liberal y menos con su cara conservadora.
Una derecha que no vea al otro lado de la ribera, solamente rojos y
caviares, con un lenguaje e irritación propios de la década del
cincuenta y de la guerra fría. Una derecha que no aspire a desaparecer a
la izquierda, para sentirse tranquila. Una derecha que entienda que
hace tiempo Lima no es el Perú y que somos un país que merece ser mirado
sin desprecio y no por encima del hombro. Una derecha que no se sienta
seducida a cada paso por un gobernante autoritario o dictador mesiánico.
Una derecha que entienda que al lado de la libertad hay que pensar en
la igualdad y que al lado del mercado, se necesita un Estado. Una
derecha que entienda que los conflictos no nacen por obra de agitadores y
que nuestro país necesita el esfuerzo de ser entendido en su
complejidad y no el facilismo de un grupo de medios mercantiles, lleno
de propagandistas hijos del peor Eudocio Ravines.
La democracia peruana necesita de una izquierda y derecha y éstas
necesitan comprometerse con la democracia y articularse como un
necesario complemento.
TOMADO:http://www.larepublica.pe/columnistas/politika/se-necesita-una-izquierda-tambien-una-derecha-29-12-2011

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