domingo, 8 de abril de 2012

El nacimiento de Izquierda Unida: el alumbramiento de una esperanza


 
La izquierda peruana en debate PDF Imprimir Correo electrónico

Por Guillermo Herrera Montesinos
*Fragmento del Capítulo II del libro “Izquierda Unida y el Partido Comunista”, de Guillermo Herrera Montesinos publicado en julio del 2002. Guillermo Herrera fue miembro del Comité Central y de la Comisión Política del PCP, Responsable de la Comisión Nacional de Frente Único. Médico de profesión, diputado elegido en la lista de IU en el periodo 1985-1990. Falleció el 9 de agosto del 2003. Seguiremos publicando fragmentos de su voluminoso libro (Teófilo Bellido)



El acuerdo de dar a luz a Izquierda Unida se toma el 12 de septiembre de 1980, y al día siguiente el país se entera del acontecimiento político que para la izquierda era el hito más avanzado en su esfuerzo por construir una alternativa viable, en ese período.
  
Terminaba una larga etapa de dispersión y enfrentamientos entre las agrupaciones políticas que se declaraban marxistas, marxista-leninistas, maoístas y mariateguistas, y con ello se resolvía uno de los más grandes problemas de este sector político.
  
Se generó una gran expectativa en la opinión pública que por primera vez vio una izquierda que renunciaba a sus hábitos de canibalismo y, en consecuencia, se erigía como una posibilidad real de disputarle a las fuerzas de centro y de derecha el escenario político electoral, que hasta entonces copaban por completo.
  
“Unidad”, vocero del Partido Comunista Peruano, informó así sobre el acontecimiento:

  
“El sábado 13, en la madrugada, luego de largas jornadas de trabajo, se concretó la ansiada aspiración popular: la unificación de la izquierda peruana.
  
La conjunción de la izquierda peruana se dio sobre la base común del respaldo a la lucha popular por mejores condiciones de vida y de trabajo. Forjar una patria renovada y democrática en la perspectiva socialista.
  
Representantes de los principales partidos y organizaciones de izquierda suscribieron el acuerdo en el estudio de Alfonso Barrantes Lingán, en el Jirón Lampa. Ellos fueron: Guillermo Herrera, por el Partido Comunista Peruano (PCP); Alfredo Filomeno, por el Partido Socialista Revolucionario (PSR); César Rojas, por la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR); la Unidad Democrática Popular (UDP); Luis Mejía, por el Partido Comunista Revolucionario (PCR); Eleazar Ramos, por el Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular (F0CEP) y Víctor Zegarra, por el Frente Nacional de Trabajadores y Campesinos (FNTC).
  
Los documentos firmados ese día fueron el Programa de Gobierno Municipal, la Declaración Política de Criterios Básico para la selección de candidatos, las Normas Orgánicas para el funcionamiento de Izquierda Unida y las  candidaturas paro la alcaldía de Lima Metropolitana». (Unidad, 18-24 de setiembre de 1980).
  
En la Declaración Política entre otras, se dice:
  
«Las organizaciones políticas de izquierda que suscribimos la presente declaración, damos a conocer a la clase obrera, al campesinado y el pueblo en general que en la fecha hemos acordado conformar la alianza electoral denominada Izquierda Unida, para participar en las elecciones municipales convocadas para el mes de noviembre.
  
(...) Esta unidad es una necesidad apremiante para garantizar las mejores condiciones para el éxito de las luchas que actualmente libran importantes sectores de la clase obrera, de los empleados estatales, bancarios, campesinos, etc., exigiendo solución a sus justas demandas y emplazando al gobierno, para el cumplimiento de sus promesas electorales. También para garantizar la continuidad de la lucha popular que en los últimos tiempos ha logrado conquistas democráticas -particularmente el aislamiento y derrota de la dictadura militar-, las que actualmente buscan ser desvirtuadas por el régimen y la cúpula militar embarcada en agresiones y provocaciones reaccionarias.
  
(...) El gobierno AP-PPC busca con estas elecciones afianzar su control político ampliándolo a los gobiernos municipales con el objetivo de golpear y frenar el desarrollo del movimiento obrero y popular. AP y el PPC necesitan golpear a las organizaciones sindicales, a los Frentes de Defensa y Asambleas Populares, a las rondas campesinas, a las organizaciones de PP.JJ y toda organización democrática, para desactivar al movimiento popular y domesticarlo a través de la seudo democracia de un parlamento burgués que no se busca en la auténtica voluntad popular; que no reconoce el derecho del pueblo a revocar a los parlamentarios que traicionan las expectativas populares; que encuentra su sustento de poder en última instancia en la violencia organizada bajo el mando de la cúpula de la fuerza armada.
  
(...) La actual situación política demuestra que pese a la derrota electoral de la izquierda como producto de nuestros errores que nos llevaron a la dispersión, el pueblo mantiene sus fuerzas intactas y en desarrollo. La crisis del gobierno actual es una perspectiva inevitable. Sectores ultraderechistas maquinan desde ahora un ahogamiento en sangre del movimiento popular, alineados con las salvajes dictaduras militares del cono sur latinoamericano.
  
La izquierda peruana se encuentra ante una enorme responsabilidad. Estas elecciones municipales son una ocasión para continuar avanzando y acumulando fuerzas para la conquista de nuestro objetivo revolucionario común. Es por ello que precediendo a nuestra plataforma de izquierda para las elecciones municipales resumimos los lineamientos que constituyen el basamento de nuestra unidad y nuestro compromiso incondicional con las aspiraciones de nuestro pueblo, dando sentido histórico a nuestra lucha actual.
  
(...) Nuestra plataforma no constituye un compendio de promesas electorales. Su esencia está en la lucha del pueblo por tomar en sus manos el ejercicio del poder, la lucha contra la dominación imperialista y de las clases dominantes que son en última instancia los obstáculos reales para el florecimiento pleno de nuestra nación, impulsada por los trabajadores.
  
(...) La Izquierda Unida junto a estos importantes acuerdos políticos ha llegado también a unificar criterios de  organización para la constitución de la Alianza en todo el país, la nominación de su Comité Directivo Nacional y los mecanismos de elección de las listas a nivel provincial y distrital.
  
La IU ha acordado nombrar al Dr Alfonso Barrantes Lingán como candidato a Alcalde para el Concejo Provincial de Lima, definiendo asimismo la lista respectiva de concejales.
  
Llamamos a todo el pueblo y a toda nuestra militancia a forjar y consolidar los Comités de IU en todo el país y conformar las listas con el mismo espíritu unitario y de impulso a las luchas populares.

 Lima, 12 de setiembre de 1980.

Guillermo Herrera (PCP), Eleazar Ramos (FOCEP), Carlos Tapia (MIR-UDP), Luis Mejía (PCR-Clase obrera), Eduardo Figari VR-PC (UNIR), Cesar Augusto Rojas PC del P (UNIR), Martín Oré (VR- UDP), Alfredo Filomeno (PSR) y FNTC»  
(Declaración Unitaria , “Unidad”, 18 de setiembre de 1980)

  
En 1990, 10 años después, al echar una mirada retrospectiva al significado de ese acontecimiento, Juan de la Puente, entonces dirigente del Partido, y hoy asesor del Presidente de la República, Alejandro Toledo dirá que:
  
«La formación de IU tuvo una significación mayor que la existencia misma del Frente. Cerró una etapa en el desarrollo de la izquierda, inauguró otra superior; y colocó a las fuerzas revolucionarias en las posibilidades políticas y sociales más altas del presente siglo. (Declaración Unitaria. «Unidad», 18 de setiembre de 1980)
  
La práctica zanjaba una de las más encendidas polémicas en torno al carácter de la legalidad, el valor de la participación, la relación de la lucha por el gobierno con la conquista del poder. A partir de ese momento pierden vigencia las concepciones rupturistas de la estrategia que considera a la revolución un único acto y excluye la posibilidad de combinación de formas de lucha.
  
La fundación de Izquierda Unida fue una victoria parcial de los partidos, en primer lugar el PCP, que habían batallado largos años por afirmar la unidad antiimperialista como objetivo estratégico, más allá de las discrepancias tácticas. IU es el paso más decisivo en la forja del Frente Único Antiimperialista que con la moda se llama bloque nacional popular  (Los Militantes. Revista de análisis y opinión de la Comisión Nacional de Prensa y Propaganda del PCP N° 27, pág. 14, mayo de 1980. Juan de la Puente Mejía)
   
Los primeros pasos
  
Izquierda Unida nació como una alianza electoral urgida por la proximidad de los comicios municipales a realizarse el 23 de noviembre. Pero aunque ése era el objetivo inmediato, desde su primer pronunciamiento declaró la intención de marchar a la construcción de un frente revolucionario hacia la conquista del poder; fue el paso más avanzado dado hasta entonces por el Partido en esa dirección.
  
Las cuestiones fundamentales que nos planteamos para la construcción del nuevo frente fueron:
  
-Trazar un Programa, que correspondiera a una revolución antiimperialista, popular y democrática que sentara, desde el inicio, las premisas para su posterior desarrollo socialista.
  
-Construir la unidad priorizando a las fuerzas que representaba y tenían mayor presencia en los sectores sociales más identificados con ese programa. La experiencia latinoamericana había demostrado que no era posible llegar con todos los sectores a esta unidad amplia de una manera sólida, y que era indispensable jerarquizar el proceso de construcción de la unidad: «Si la unidad antiimperialista es indispensable la unidad dentro de ella de las fuerzas de izquierda es aún más esencial» (Declaración de La Habana, 1975. Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina y El Caribe)
  
-Desideologizar la discusión de nuestras diferencias políticas o la crítica a los aliados.
  
Las metas que se planteaba revelaban la firme decisión de recuperar las décadas perdidas en la dispersión y división.

  
El Frente nombró como Coordinador a Alfonso Barrantes Lingán decisión que tuvo que ver, no solamente con sus condiciones personales y su notoria influencia en los círculos aledaños a la izquierda y entre los sectores progresistas, sino al hecho de ser un independiente que se reclamaba socialista y, además, marxista-­leninista.
  
Barrantes, luego de militar varios años en el Apra, época en la que fue un destacado dirigente estudiantil y Presidente de la Federación Universitaria de San Marcos, pasó por breve tiempo a las filas del Partido Comunista Peruano, y al producirse la escisión del movimiento comunista internacional en torno a la disputa chino­-soviética quedó, a fines de los 50, como un independiente ideológicamente identificado con las posiciones del maoísmo.
  
Aunque a comienzo de 1980 había participado en la fugaz experiencia del ARI y mostrado su mayor acercamiento al entonces maoísta Patria Roja nunca perteneció orgánicamente a esa agrupación.
  
Esto lo hacía el independiente más aceptable, y ambos partidos comunistas coincidían en que era el mejor candidato para liderar el nuevo movimiento. En cierto modo Barrantes resultaba la «bisagra» entre la izquierda tradicional y la nueva izquierda, y entre éstas y los vastos sectores del país que simpatizando con su mensaje de justicia social no encontraban al conductor capaz de liderar esa empresa. Su influencia entre este vasto sector que no asumía una opción política de izquierda fue, sin duda, una contribución de la mayor importancia en el crecimiento de Izquierda Unida, especialmente en los primeros años.
  
Las necesidades político electorales no dejaron tiempo para examinar otras consideraciones, en particular, los riesgos de una mezcla que resultó explosiva: el independentismo del futuro Presidente de Izquierda Unida, su caudillismo carismático, su don de gentes que le ganaba amigos hasta entre sus adversarios, y su extrema propensión al cálculo político que lo llevaba con frecuencia a la vacilación.
  
A propósito de esto último el agudo periodista Víctor Hurtado diría: «El lema del doctor Barrantes es: en la duda, abstente y en la abstención duda»
  
Con ocasión de la muerte de Barrantes, el mismo periodista ha escrito un artículo titulado «Veinte años después» donde describe con mucho acierto, a nuestro juicio, la compleja personalidad de este indiscutible líder de IU (Víctor Hurtado, La República, 9 de diciembre del 2000)
  
Avanzado ya el acuerdo de formación del nuevo movimiento había que definir cómo llamarlo y con qué símbolo debía competir en las elecciones municipales de noviembre. El nombre debía destacar dos hechos claves:

 
   a. La presencia central de la izquierda y
   b. La condición unitaria que se había alcanzado.
  
El Partido Comunista Peruano y el Partido Socialista Revolucionario venían de la reciente experiencia de Unidad de Izquierda cuyo símbolo era la bandera con las siglas UI y proponían, sinó el mismo nombre, uno que se le pareciera; las demás organizaciones no tenían una propuesta mejor y finalmente se convino en que el nuevo frente se llamara Izquierda Unida.(La propuesta fue de Raúl Núñez Samanez, miembro de la Comisión de Frente Único del PCP)
  
Definir el símbolo resultó una tarea más fácil ya que la idea de la bandera como expresión de patriotismo era también poco discutible. Esta propuesta fue llevada por cada representante a su agrupación política y aceptada por unanimidad.
  
El movimiento por nacer tenía ya un nombre y un símbolo que al poco tiempo estaría por todos los rincones del país, dibujado por manos fervorosas de miles de peruanos que creyeron ver, finalmente, superada una larga noche de división y marginalidad.
  
Su conducción sería ejercida por un Comité Directivo Nacional (CDN), integrado por un representante de cada uno de los partidos y un alterno que lo suplía en caso de necesidad; y dos por cada uno de los frentes (UDP y UNIR). Cuando, muy poco después, Barrantes pasa de Coordinador a Presidente se conviene en que haya un Coordinador de Turno que rote mensualmente entre los representantes de los partidos integrantes del Frente.
  
El FNTC que había participado en las conversaciones tuvo una vida muy fugaz dentro de IU. Genaro Ledesma recuerda así el hecho:
  
“En una sesión de esta flamante IU participó Roger Cáceres y Barrantes saludando su presencia dijo: nos complace mucho que esté aquí presente el Senador Roger Cáceres, ahora sí podemos decir que se ha completado el cuadro de la izquierda y vamos a marchar juntos. Esa, fue la única oportunidad a la que asistió Roger Cáceres, después nunca más el "FRENATRACA" se hizo presente”. (Genaro Ledesma, conversación personal. marzo 2001)
  
Izquierda Unida nace como un frente político que proyecta convertirse más adelante en un frente revolucionario de masas.
  
Sin embargo, desde sus primeras etapas se produjeron una serie de hechos que hacían evidente la falta de correspondencia entre la unidad y los objetivos que se planteaba alcanzar, con la práctica real del Frente.
  
Se daba también un claro desfase entre esos objetivos y la presencia de los sectores sociales cuyas aspiraciones pretendía representar el Frente; y había un criterio ideologista que trababa la flexibilidad que un organismo de esa naturaleza requería.
  
Estos problemas y, a veces incoherencias, no estaban desligadas de las vertientes de las que provenían sus integrantes.
  
El torrente más grande y con mayor trayectoria lo constituían las fuerzas tributarias del marxismo: la Unión de Izquierda Revolucionaria (UNIR), la Unidad Democrática Popular (UDP), el Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular (FOCEP) y, naturalmente, el Partido Comunista Peruano (PCP).
   
Seguían, en este sentido los agrupamientos no marxistas: El PSR liderado entonces por Leonidas Rodríguez, Enrique Bernales y núcleos progresistas y de izquierda afines con el pensamiento social cristiano de izquierda.
  
He aquí el texto de la primera Circular del Comité Directivo de Izquierda Unida:
  
Comité Directivo de Izquierda Unida establece directivas
  
Circular N° 1
  
La constitución de Izquierda Unida ha despertado gran expectativa en las bases de Lima y Provincias, habiéndose presentado a nivel distrital y provincial diferentes iniciativas de propuestas de Plataforma Municipal y Listas de Candidatos.

 
Los Comités Distritales y Provinciales de Izquierda Unida deben constituirse en base a las organizaciones: UDP, UNIR, PCP, PSR, PCR, FOCEP y FNTC, los que acreditarán a sus representantes. Podrán integrar además los Comités de IU otras organizaciones políticas que sean aceptadas por acuerdo del Comité con el requisito de que adhieran la Declaración Unitaria y otros.
  
Todas las reuniones que se hayan realizado tienen validez si dichas reuniones han cumplido con los requisitos establecidos en esta circular. Allí donde no se hayan constituido los Comités de IU y aprobado las listas de acuerdo a lo establecido en la presente, deberán realizase hasta el 24 de setiembre.
  
Todos los partidos de IU tienen derecho a proponer candidaturas. Luego de aprobadas las listas de candidatos, se verificará que mantengan la proporcionalidad establecida (como lo estipula el acuerdo Nº 2 de las normas aprobadas)
La proporcionalidad no es lo mismo que el orden de los candidatos en la lista unitaria. Esta se establecerá de manera flexible atendiendo a los criterios establecidos en las normas (como lo estipula el acuerdo N° 4 de las normas aprobadas)
Se seguirán los siguientes criterios de organización:
  
Se elaborarán actas de los acuerdos por consenso, firmadas por todos los partidos y frentes de IU.
  
De no haber acuerdos, se establecerán las discrepancias en el Acta. Se informará al Comité Directivo Nacional para buscar conjuntamente la solución.
  
Lima, 18 de setiembre de 1980.
  
Víctor Torres (UDP) Guillermo Herrera M. (PCP) Jorge Béjar (UDP)   Alfredo Filomeno (PSR) Juan Sánchez (UNIR) Luis Mejía (PCR) Eleazar Ramos (FOCEP) Lucio Contreras (FNTC)
  
(Circular Nº 1 del Comité Directivo a Izquierda Unida, setiembre de 1980)­
  
Una precaria unidad
  
La unidad funcionaba relativamente bien en el Comité Directivo Nacional (CDN) pero se quebraba frecuentemente en las direcciones intermedias y de bases, donde las preocupaciones electorales presidían la mayor parte de su actividad y en torno a las que giraban buena parte de las discrepancias.
  
Las diferencias ideo-políticas terminaban, muchas veces, explicadas o sustentadas en función de cómo ayudaban o dificultaban las posibilidades electorales y en no pocos casos eran el ropaje para alcanzar objetivos más utilitarios. Javier Diez Canseco coincide con este punto de vista:
  
«Creo que había un desfase por una aproximación desproporcionada al peso de diversos sectores sociales no sólo en el país sino al interior de la propia IU. Creo, también, que si nos hubiéramos manejado con criterios ideológicos y políticos más flexibles y más amplios en su concepción probablemente hubiéramos tenido una aproximación distinta.
  
Pero te voy a ser franco en este terreno. Yo pienso también que muchos comportamientos que hemos tenido nosotros, afincados en determinadas concepciones ideológicas, en realidad encubrían otros problemas.
  
A veces las fórmulas ideológicas encubrían una tendencia muy, hegemonista de cada cual, un argumento para tener un peso específico que muchas veces era una exigencia mayor de la real en esas circunstancias, y que buscábamos en los textos ideológicos y en las frases justificaciones para eso; creo que allí faltó mucha flexibilidad de criterio y de realismo.
  
Tengo la impresión de que nos faltó superar una concepción que estaba muy adentrada entre las corrientes que venían de una formación marxista leninista.
  
Me refiero a la idea de que el partido es el dueño de la conciencia histórica de la clase trabajadora y por lo tanto de esos objetivos históricos y esto hace que los demás sean como acompañantes de ruta. Entonces estos acompañantes de ruta viven en permanente desconfianza entre sí y los lazos de relación y los proyectos de corte más estratégicos están siempre en cuestión, están siempre en veremos, están siempre sujetos a cambios.
  
Yo creo que eso le ha hecho un gran daño a la relación entre las fuerzas de izquierda porque ha sido una relación casi puramente utilitaria y pragmática y que esto nos produjo serias dificultades». (Javier Diez Canseco, conversación personal, junio del 2001)
  
Eso explica, en parte, la cautela de los partidos ante cualquier intento orientado a disminuir sus fueros, problema que como hemos dicho, a nivel del CDN fue superado muchas veces merced al entendimiento común en aras de alcanzar objetivos más importantes, pero que en el ámbito de las organizaciones partidarias intermedias no encontraba la misma amplitud.
  
Como una manera de atenuar el centralismo imperante en la conducción del Frente, que generaba y dificultaba la solución de problemas internos, se creó la instancia del Comité Directivo Nacional Ampliado (CDN-A) integrado por los miembros del CDN y un número variable de representantes de los organismos provinciales, que para el caso de Lima, incluía a sus distritos. Este organismo se reunía por convocatoria del CDN.
  
Muy pronto se fueron perfilando en Izquierda Unida tres agrupamientos no formales pero que respondían a las mayores afinidades o coincidencias ideo-políticas existentes entre sus integrantes. Uno, conformado por el PUM, el UNIR y el FOCEP al que solía denominársele «el bloque radical», cuyas concepciones estaban vinculadas, en diverso grado, al pensamiento marxista y al de otras corrientes de izquierda partidarias del socialismo.
  
Otro grupo constituido por el PSR y el PCR, el cual fue enucleándose paulatinamente con Alfonso Barrantes apoyado por un grupo de independientes que tenían posiciones muy críticas respecto a los partidos de la izquierda con raigambre marxista. La presencia del PCR que, en esa etapa, no ocultaba sus raíces marxistas es explicada por un dirigente de esa agrupación de la siguiente manera:
  
“Esto era posible por el pragmatismo de Manuel Dammert quien solía decir: Con el PUM tenemos unidad ideológica pero no una unidad táctica, con el UNIR tenemos unidad táctica pero no ideológica; y con el PCP tenemos algunos puntos de unidad ideológica y algunos puntos de unidad táctica”.
  
Un tercer núcleo, que más que un agrupamiento era un espacio de coincidencias, aparece más tardíamente y en él se ubican Gustavo Mohme y Henry Pease. Éste último junto con Rolando Ames formará más adelante el Movimiento de Afirmación Socialista (MAS), como expresión de una corriente social cristiana de izquierda pero en el cual había también intelectuales de pensamiento marxista.
  
En este escenario el Partido Comunista ocupaba una posición «su¡ géneris». Por sus concepciones ideológicas y estratégicas se encontraba más cerca del bloque radical, pero en su línea política táctica encontraba mayores coincidencias con los otros dos agrupamientos.

Esta ubicación y su ejercicio práctico resultaban aún más complicadas por la naturaleza de sus relaciones con el agrupamiento PSR-PC-Barrantes. Con el PSR existían vínculos establecidos desde la época del gobierno nacionalista revolucionario de Juan Velasco Alvarado. En el caso de Alfonso Barrantes gravitaba decisivamente la opinión del Secretario General del Partido sobre su peso electoral, como el único que le abría a IU la posibilidad de ganar las elecciones generales previstas para 1985. A ello se añadía la estimación personal que ambos se guardaban y que resistió el embate de las discrepancias hasta el lanzamiento de la candidatura de Henry Pease, como candidato de IU, para las elecciones de 1990. 

No está demás aclarar que hablamos de agrupamientos de una manera esquemática y con el propósito de que se entienda mejor el curso de los acontecimientos, pues éstos no eran homogéneos y con no poca frecuencia se daban en su interior contradicciones importantes, incluso en diversos momentos los integrantes de cualquiera de los grupos adoptaba posiciones contradictorias con las de su propio bloque.
  
La vida interna de IU: una disputa de espacios
  
Durante los 10 años de su existencia política la conducción de Izquierda Unida se hizo a través del Comité Directivo Nacional (CDN), donde se encontraban representados por derecho propio los partidos integrantes y los izquierdaunidistas sin partido. Estos últimos terminarían conformando sus propias organizaciones políticas.
  
Esta característica hizo que en el seno de esa dirección, así como en el conjunto del Frente, existiera permanentemente la pugna por preservar y acrecentar sus propios espacios políticos y esferas de influencia y, por ello mismo, la preocupación por encontrar un balance entre las fuerzas.
  
Hasta 1982 este sistema de pesos y contrapesos consigue, hasta cierto punto, sus objetivos y la unidad del Frente es lo suficientemente sólida y flexible como para sortear los choques que se producían; pero desde 1983 en que el Presidente de IU es elegido Alcalde de Lima esta situación se modifica aún más negativamente.
  
Alfonso Barrantes adopta una línea de conducta que lo saca, objetivamente, de la ubicación desde la cual había jugado un papel decisivo en la existencia de IU y deja de ser el dirigente de todo el Frente para convertirse, paulatinamente, en el de un sector del mismo.
  
Prefiere, entonces, acercarse a los partidos con los cuales tenía mayor identificación: el Partido Socialista Revolucionario (PSR) y el Partido Comunista Revolucionario (PCR), al mismo tiempo que va construyendo un entorno propio sobre la base de los miembros de IU que no militaban en partidos, y que terminarían formando el movimiento de los «No Partidarizados» (No-Par), y con el PSR y el PCR en la formación del Acuerdo Socialista, Frente que rompería con IU.
  
Por su parte, el Partido Unificado Mariateguista (PUM) -superviviente de la desintegración de la UDP que fue parte inicial de IU- encabezará las tendencias que confrontan más duramente a Barrantes y sus aliados, lo que conduce a la creación, en la práctica, de un agrupamiento con el UNIR y el FOCEP que, como ya dijimos, fue conocido como el bloque radical y denominado, para mayor comodidad, simplemente como “el bloque”.
  
La participación de Henry Pease, primero como invitado independiente y luego como parte oficial del CDN, abre las puertas a la plasmación orgánica de la corriente de cristianos de izquierda con el nombre de Movimiento de Afirmación Socialista (MAS). Esta agrupación jugaría un importante papel en la conformación de otro bloque con APS, que junto con el Partido Comunista, cumplió por largo tiempo el rol de contrapeso entre los dos extremos.
  
 En este marco, el papel del Partido, que apostaba a una unidad sin exclusiones a la vez que apoyaba a Barrantes como Presidente del Frente y como candidato casi a cualquier costo, resultaba difícil y complejo, motivando por ello críticas tanto internas como externas.
  
El sector que hacia 1987 se fue perfilando como rupturista: PSR, PCR y el entorno más cercano a Barrantes trataban de aprovechar en beneficio de sus propias posiciones esa vocación unitaria del Partido y, en particular, la de Jorge del Prado, nuestro Secretario General. Especulaban también, con el mismo objetivo, con el aprecio personal y la mayor identificación que del Prado sentía por Barrantes.
  
Sobre el papel que jugaba en la marcha de IU, la relación personal privilegiada que Barrantes estableció con determinados dirigentes, resultan ilustrativas las opiniones de Alfredo Filomeno, Javier Diez Canseco y Jorge Hurtado.
  
Sobre el tema Alfredo Filomeno dice:
  
«Para Barrantes lo más importante eran las relaciones personales con algunos dirigentes políticos y no con sus respectivas organizaciones. Con el PC, pese a no tener discrepancias fundamentales, privilegiaba su relación con del Prado; con Patria Roja, si bien había discrepancias, él las arreglaba con Alberto Moreno o Rolando Breña aislando a Ludovico, y así por el estilo». (Alfredo Filomeno, conversación personal, marzo del 2001)
  
Javier Diez Canseco lo expresa de esta manera:
  
«Creo que en esa época nuestra apreciación era de que había una relación muy fluida y muy íntima entre el Partido Comunista Peruano y Barrantes, particularmente por una relación fluida entre Jorge del Prado y Alfonso Barrantes que parecía ser una relación política pero también amical y de un mayor roce generacional que a nuestro juicio facilitaba enormemente la relación entre el PCP y Alfonso Barrantes; creo que también Barrantes era un personaje muy cuidadoso de reconocerle a Jorge del Prado un rol al interior de lU». (Javier Diez Canseco, conversación personal, junio 2001)
  
Sobre la relación entre Barrantes y Alberto Moreno, Jorge Hurtado tiene la siguiente apreciación:

 
«La relación de Moreno con Barrantes era una relación muy estrecha, muy cálida y nosotros en el seno de Patria veíamos a Moreno convertido en una suerte de consejero de Alfonso Barrantes, al margen de la dirección del partido, que actuaba como tal a espaldas de la dirección de Patria Roja y esto traía como consecuencia el hecho de que a sus representantes directos y oficiales en el seno del Comité Directivo Nacional, como era mi caso, se nos quitaba en cierta medida la autoridad y el peso específico que debíamos tener en ese organismo de dirección.
  
¿Cuáles fueron los resultados y las consecuencias de esta relación de Moreno con Alfonso Barrantes?. Yo diría que fueron mínimas, en alguna medida quizá ayudaron a que la escisión, la renuncia de Alfonso a la IU no fuese tan pronta, pero creo que tampoco tuvo grandes consecuencias positivas, porque el comportamiento de Alfonso, la actitud de Alfonso, sobre todo en el período de gobierno de Alan García, le fueron quitando el prestigio y la autoridad tan grande que tuvo en determinado momento en el conjunto de la izquierda». (Jorge Hurtado, conversación personal, mayo del 2001)

 
En este juego de relaciones personales y su posible repercusión sobre posiciones políticas, algunos camaradas en el partido teníamos la impresión de que el vínculo entre Barrantes y Moreno era el más fuerte y que, en algunos momentos, influía negativamente para nosotros en la adopción de decisiones del Presidente de IU.
  
Al respecto Carlos Esteves nos da su opinión sobre el punto:
  
“Mira, yo creo que el c. Jorge del Prado respaldaba a Barrantes y que había una suerte de coincidencia de intereses entre ambos. Barrantes quería seguir siendo Presidente de una coalición dirigida por él con sus propios criterios; Jorge del Prado quería un fortalecimiento de la izquierda pensando que la unidad de los partidos era lo que se necesitaba en esa coyuntura.
  
Había una coincidencia política entre ambos, entre del Prado que quería que siguiera existiendo una IU cada vez más amplia con un dirigente a la cabeza que era efectivamente Barrantes y Barrantes que quería exactamente lo mismo. Del Prado no hubiera aspirado a ser el dirigente de toda la izquierda, él se daba cuenta de que no podía serlo y entones efectivamente contaba con Barrantes que era ese dirigente.
  
Pero, en efecto si bien Barrantes respetaba al Partido, y respetaba a don Jorge, él se sentía más cómodo con Patria ¿por qué se sentía más cómodo con Patria?, no lo sé, posiblemente por sus antecedentes o cercanías. Porque él estuvo ligado ideológicamente a Patria, fue a China en un inicio, tuvo una mayor cercanía ideológica.
  
Puede ser que la relación con Moreno fuera por que él era superior a Moreno, que Moreno fuera su inferior, su «subalterno». Había una relación, por llamarla de alguna manera, de subordinación, porque él tenía un nivel más alto que Moreno.
  
Con del Prado esa relación no era así, él no podía tratar a del Prado como trataba a Moreno, entonces con él se sentía más cómodo en el trato.
  
Para mí, era una cuestión en el plano subjetivo, del trato entre las personas, porque Barrantes no se hacía problemas en las posiciones políticas de cada partido en particular; para él tanto Patria como el Partido Comunista tenían fuerza de militantes, fuerza en presencia de masas y era lo que él necesitaba, brazos, activistas y presencia.
  
En cuanto a los partidos a él le daba lo mismo porque finalmente, era él quien definía la línea, pero en el trato humano yo creo que él se sentía más cómodo con Moreno». (Carlos Esteves, miembro de la Comisión Política del PCP, conversación personal, julio del 2001)
  
El bloque PUM-UNIR buscaba neutralizar las posiciones del PC y acercarlas a las suyas, recurriendo a la mayor coincidencia en lo ideológico, y a la presencia virtualmente hegemónica en el movimiento popular de las tres fuerzas.
  
En esto último, sin embargo, chocaban con los desencuentros y antagonismos que se generaban en el movimiento de masas, en particular en torno a la CGTP y su liderazgo en el campo sindical que ellos, en particular el UNIR, nos disputaban.
  
Esto constituyó a lo largo de la vida de IU un pesado lastre que nunca se pudo sortear y que se expresaba en una dicotomía, para muchos, inexplicable: la oferta al país de una unidad política de las organizaciones que conformaban el frente, y la práctica concreta que ellas llevaban en el seno de las organizaciones de masas donde lo dominante era la pugna por su control y el derecho con el que se sentía cada cual de mantener su hegemonía y, de ser posible, acrecentarla.
  
¿Programa y estrategia unitarios?
  
La línea general programática de Izquierda Unida -desarrollada con más profundidad en el III CDN Ampliado, y luego en el programa aprobado por el Primer Congreso Nacional- tuvo desde el inicio una clara posición antiimperialista, antioligárquica, democrática y popular, así como una explícita mención a su aspiración socialista aunque sus características nunca fueron claramente definidas.
  
Sin embargo su estrategia para la conquista del gobierno y del poder restringía las posibilidades de acumulación de fuerzas al ubicar a la clase obrera en alianza con el campesinado como la fuerza social hegemónica y al resto como fuerzas «de apoyo».
  
Con una inconcebible inercia ideo-política no tomamos en cuenta los cambios en la estructura económica, determinados por el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, ni los que venían ocurriendo en la estructura social.
  
De la misma manera, frente a los problemas en el campo socialista y el impacto que su pérdida de legitimidad originaba entre las diversas corrientes constitutivas de IU se adoptó la suicida actitud del avestruz.
  
La meta socialista y los lineamientos estratégicos que de ella se derivaban no fueron asumidos, igualmente por todos. Poco a poco se evidenciaron las diferencias existentes respecto de la visión del país así como en la concepción socialista. Vinculadas con esto se hicieron cada vez más notorias las diversas concepciones sobre el proceso de acumulación de fuerzas y todo ello debilitó enormemente la unidad orgánica y política del Frente.
  
Hubo un evidente voluntarismo que chocó con la realidad. Los documentos fueron asumidos de manera formal pero no real, de allí que cuando IU se vio enfrentada a las urgencias electorales la unidad se resquebrajó y, finalmente, se rompió.
  
Así, en vísperas de las elecciones generales de 1985 las opciones políticas se canalizan en dos orientaciones diferentes:
  
Una, quienes veían como lo más importante llegar al gobierno sacrificando para ello cualquier otra consideración, mientras apostaban a buscar entendimientos con sectores más amplios, que incluían al Apra. Sobre el Apra existían, sin embargo, contradicciones importantes entre los dirigentes del PSR. Para todos aparecían, por ejemplo, diferencias entre la posición de Filomeno, que contrastaba con una aparente mayor conciliación de Enrique Bernales y en función de esto trataban de excluir a quienes como el PUM hacían gala de formulaciones radicales.
  
La otra, de quienes consideraban que era el poder el objetivo de fondo y que éste se lesionaba si para llegar al Gobierno se hacían concesiones en el Programa. La absurda polémica sobre si lo importante era el Gobierno o el Poder escindió los campos del frente.
  
El PC, con una visión más racional del problema, no contraponía ambas necesidades. Lamentablemente siguió un camino inviable: pretender que no existían esas diferencias de fondo y atribuir un carácter puramente organicista y de ambiciones personales a los problemas existentes.
  
Con esa óptica se empeñaba en evitar la ruptura del Frente cumpliendo un doble rol difícil de manejar: extrema flexibilidad con Barrantes y su entorno, y a la vez una clara posición en defensa de la institucionalidad de IU.
  
Pensando con cabeza propia
  
La tarea de construir el Frente, encontrar puntos comunes sobre la estructura organizativa y los mecanismos de funcionamiento requirieron mucha iniciativa y flexibilidad pues era indispensable garantizar la unidad y la democracia interna a la par que satisfacer una exigencia que los partidos consideraban legítima e irrenunciable: el reconocimiento y respeto de su presencia en todo el país, aunque dicha presencia, en algunos casos, no estaba respaldada por una existencia real.
  
De algún modo puede afirmarse que en esto, sí pensamos con cabeza propia. Los estatutos originales de IU y sus modificaciones posteriores aprobadas en sus eventos orgánicos responden a esos criterios. (I CDN Ampliado, 5-6 de marzo de 1983; II CDN Ampliado, 9-10 de julio de 1983; III CDN Ampliado, 28-29 de abril de 1984; I Congreso Nacional de IU, enero de 1989; V CDN Ampliado. Normas Orgánicas, 1983)

 
Para ello se recurrió a establecer determinados mecanismos que fueron escrupulosamente respetados.
  
1. El cupo partidario, es decir, el derecho de los partidos a contar con representantes en los diversos estamentos directivos, independientemente de su real existencia en determinados lugares, esos representantes no eran elegidos sino designados por su respectivo partido y su legitimidad no podía ser cuestionada.
  
Ese fue el mecanismo con el que los partidos enfrentaron dos situaciones reales para las cuales no se encontraba, en esa época, otra solución. De un lado, el temor a que en determinada circunscripción una fuerza fuera excluida deliberadamente arguyendo su inexistencia, criterio subjetivo que podría ser guiado por intereses partidarios sectarios poniendo en serio riesgo la unidad.
  
Del otro, era la manera como los partidos se protegían contra el sentimiento de malestar que se creaba con frecuencia entre los afiliados independientes, por aquella “representación natural” en los organismos y que nosotros conceptuábamos como una corriente “antipartidos”.
  
A este sentimiento contribuía la estimulación interesada de afiliados independientes, que otrora habían militado en esos partidos, y que veían la ocasión de cobrarse antiguos agravios, supuestos o reales.
  
El cupo era visto por los independientes como un hecho injusto y generaba problemas para el crecimiento de IU, situación que se mantuvo a lo largo de toda su existencia. El problema se resolvió parcialmente a partir del III CDN Ampliado, y más adelante se oficializó la tesis de la elección de los miembros de los organismos de dirección de IU, mediante el voto directo y universal en la modalidad denominada “un militante un voto”.
  
Sin embargo, siguió primando el criterio de cuidar de la unidad a través de un acuerdo implícito por el cual todos los partidos tuvieron siempre un representante en cada organismo, elegido en votación directa y universal.
  
2. El consenso, fue otro mecanismo con el cual se pretendió solucionar el temor de los partidos frente a eventuales agrupamientos en perjuicio suyo.
  
El consenso no significaba la unanimidad pues se aceptaba la posibilidad de que una fuerza en posición minoritaria sobre determinado punto, aceptara su aprobación como una demostración de flexibilidad y espíritu unitario; pero es innegable que esto implicaba reconocerle el derecho a veto.
  
El mecanismo ayudó mucho en la etapa inicial pero a la larga, produjo un entrampamiento que a veces hacía imposible tomar acuerdos, por la oposición de una sola fuerza, lo cual abrió paso, a la necesidad de abandonarlo. De allí que hacia el III CDN Ampliado se aprobara el derecho a tomar acuerdos con el voto del 75% de los integrantes del correspondiente organismo, desde el Comité Distrital hasta el CDN.
  
En un organismo como el CDN integrado por un largo período por 9 miembros, 7 de los partidos y dos independientes, -Alfonso Barrantes y Henry Pease- esto exigía tener cuando menos 7 de los 9 votos, lo cual aseguraba un grado de confianza razonable en que los acuerdos reflejaran realmente la opinión de la mayoría de fuerzas, y no surgieran por decisión de una mayoría exigua.

También el cupo partidario sería, posteriormente, objeto de algunas modificaciones.                
Ultima actualización ( Domingo 11 de Marzo de 2012 16:05 ) FUENTE:http://www.pcperuano.com/index.php?option=com_content&view=article&id=2418:guillermo-herrera&catid=1:coyuntura&Itemid=26

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