lunes, 5 de septiembre de 2011

 Oportunidad de oro

Autor: Fernando Rospigliosi


El Perú tiene hoy día una oportunidad de oro para dar un gran paso adelante en la lucha anticorrupción, en intentar superar una lacra endémica que frena el desarrollo, corroe las instituciones y debilita el sistema político.

Lo ocurrido con los 'petroaudios’ podría llevar a desbaratar una red de corrupción muchísimo más amplia que la de unos pocos funcionarios menores. Si eso ocurriera, significaría que el sistema puede sancionar a gente poderosa y encumbrada. Enviaría una señal muy fuerte a todos aquellos que intenten apoderarse del Estado para saquearlo. Representaría una transformación fundamental.

EDUCACIÓN O COACCIÓN. La sanción efectiva es decisiva para disuadir a los corruptos efectivos y potenciales. A veces se cree que para combatir esta lacra basta difundir ideas y valores, educar a la gente. No es así.

Hace poco, el antropólogo Ludwig Huber publicó Romper la mano, un libro donde se investiga la pequeña corrupción en Ayacucho. Uno de los sectores más corruptos descritos en ese trabajo es el magisterio.

Imaginemos a un estudiante que escucha una clase de Educación Cívica, donde se exalta la honestidad. Sale del aula y el maestro le pide una coima para aprobarlo en el curso. ¿Cuál lección aprenderá el muchacho? ¿La de las palabras o la de los hechos?

Un ejemplo muy claro de que el problema no es solamente cultural y de valores, es el del conductor que en Lima viola todas las reglas de tránsito. Y si lo detiene un policía, lo soborna.

Cuando esa misma persona va a los Estados Unidos, respeta escrupulosamente las reglas, porque sabe que si las quiebra y lo atrapan, tendrá que pagar una multa exorbitante. Y, por supuesto, ni se le ocurre intentar romperle la mano al policía, porque entiende que ahí sí va preso.

La diferencia está en que allá las reglas sí se aplican y las posibilidades de recibir una sanción, si se las infringe, son muy altas. Es principalmente un asunto de coacción, no de valores o cultural.

Por supuesto que las tradiciones culturales y los valores cuentan, pero por sí solos no sirven de mucho ni constituyen un factor que pueda transformar una sociedad.

SISTEMA ANTICORRUPCIÓN. Hace poco en el Perú se produjo un avance sustancial. Por primera vez en nuestra historia, se juzgó y sentenció a un conjunto de personas que robaron enormes cantidades de dinero al Estado y que violaron los derechos humanos.

Los que en la década de 1990 fueron los hombres más poderosos del país están hoy presos y condenados, incluyendo a Vladimiro Montesinos, Alberto Fujimori y Nicolás de Bari Hermoza, el triunvirato que detentó el poder por muchos años.

El sistema anticorrupción que se constituyó en el gobierno de Valentín Paniagua y al comienzo del de Alejandro Toledo, impulsado por José Ugaz y Diego García Sayán, funcionó como nunca antes una instancia judicial en la historia republicana.

Se demostró que sí se puede procesar y sentenciar imparcialmente a gente rica y poderosa.

Aunque hubo fallas y no se juzgó a todos los que debería haberse enjuiciado, y se sancionó a algunos que no lo merecían, no cabe duda de que ha sido la más importante experiencia en el combate a la corrupción.

El asunto es si solo ha sido una excepción en una historia caracterizada por la impunidad o es el comienzo de un cambio profundo y duradero.

No lo sabemos todavía. Estamos precisamente en un punto en el cual se puede avanzar o retroceder.

¿SOLO UN ACCIDENTE? Los corruptos interpretaron que lo ocurrido con Fujimori, Montesinos y sus secuaces fue un accidente, algo que no se volverá a repetir.

El razonamiento es que ellos fueron atrapados porque perdieron el poder. Y, adicionalmente, porque Montesinos, un individuo desequilibrado, cometió la insensatez de filmar sus encuentros inmundos.

Con esta perspectiva, Rómulo León Alegría y la red de corrupción de la que formaba parte siguieron en lo mismo, creyendo que quedarían nuevamente impunes.

Porque, no hay que olvidar, León Alegría y muchos otros hicieron de las suyas en el primer gobierno aprista, y no les pasó nada. Esa es su experiencia, y pensaron que podrían repetirla.

RESISTENCIA. La opinión pública y algunos medios de comunicación han jugado un papel muy importante para que suceda lo que está ocurriendo, para que el sistema anticorrupción creado a principios de la década funcione, a pesar de las evidentes trabas que existen hoy día.

Sin embargo, es claro que hay una fortísima resistencia. En el ámbito judicial, las presiones sobre los jueces están logrando mediatizar sus acciones.

En los medios de comunicación hay una campaña sostenida para desviar la atención pública. Se dice, por ejemplo, que lo más importante es la interceptación ilegal y no la corrupción, cuando es justamente al revés.
Se inventan maniobras distractivas, como echarle la culpa a organismos ya desaparecidos y que nunca tuvieron importancia.

Se cuestiona la autenticidad de los audios o los correos electrónicos y documentos encontrados en la computadora de León Alegría.

En algunos casos se trata de gente ingenua o desinformada. En otros, de intentos conscientes de encubrir la corrupción.

El hecho es que el desenlace de esta crisis podrá significar o un avance importantísimo para quebrar una larga tradición de corrupción e impunidad, o el triunfo de los corruptos y una señal de que en el Perú se puede delinquir impunemente, siempre que se tenga poder y dinero como respaldo.

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