lunes, 19 de septiembre de 2011


"Anarquía en camino "

José Barba Caballero: 

Una perspectiva teórica ("Si uno es el imperio, uno debe ser el derecho"), el gobierno, tal como lo ha anunciado, sólo debería negociar con las autoridades legítimamente elegidas, como son los presidentes de las comunidades campesinas, los alcaldes y los gobiernos regionales.

Pero en la práctica ("Los hechos son más fuertes que las leyes"), todos los grupos partidarios que pierden elecciones acostumbran crear frentes o comités de lucha para conquistar tal o cual reivindicación, con los que terminan apoderándose de las calles y, con ellas, del poder real. Es así como el poder de las autoridades legítimas se escurre de sus manos y se convierte en un poder aparente e irreal.

Frente a esta usurpación de facto, pregunto: ¿puede el gobierno obviar esta realidad? Mi respuesta es que sí puede, porque los frentes o comités de defensa, por más numerosos y bulliciosos que sean, no representan la voluntad popular. Por ejemplo: si el señor Aduviri quiere hablar en nombre de Puno, antes debe formar un partido político y ganar las elecciones regionales; entonces tendrá este derecho. Mientras tanto, las autoridades pueden y deben tratarlo como a un sedicioso. Dicho esto, voy a la siguiente pregunta: ¿el gobierno está dispuesto a potenciar la autoridad de las autoridades sin autoridad que tenemos?

Ésta es una interrogante que sólo puede responder el presidente Humala; pero si me guío por sus declaraciones, en el sentido de que prevalecerá el diálogo con el respeto absoluto a la voluntad de los pueblos, entonces tengo que concluir afirmando que este gobierno terminará allanándose a la realidad; es decir, negociando con los frentes de lucha y no con las autoridades legítimamente elegidas. Con lo que, en la práctica, el Estado renunciará al imperium y les delegará a las turbas la facultad de hacer la ley en las calles.

Por ahora, con el país relativamente tranquilo, este escenario no le inquieta a la prensa complaciente ni a los místicos del lucro; pero apenas se haga evidente quién manda realmente en el Perú, ya verán lo que pasará con las tan cacareadas inversiones. En ese momento quizá Humala intente reaccionar, pero mucho me temo que será tarde. Su poder, el poder de dar órdenes, también se habrá convertido en aparente e irreal.

Cortesia: diario el correo

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