José Barba Caballero:Para hacer un buen gobierno, el presidente electo no necesita inventar nada nuevo. En realidad, y éste es un consejo que viene desde el tiempo de las pirámides, sólo tiene que copiar, pero copiar bien a los países exitosos del mundo, cuya prosperidad está basada en la economía de mercado. Los gobiernos que han optado por este camino, han producido más riqueza, la han distribuido mejor y han logrado la proeza de sólo en 20 años saltar del tercer al primer mundo. Si Humala, en vez de hablar para la tribuna, se propusiese el modesto objetivo de crear un marco propicio para la inversión, estaría haciendo más por los pobres que todos los políticos de nuestro hemisferio. Hasta el Partido Comunista Chino, que está a la cabeza de la revolución capitalista más grande de la historia, ha comprendido que la ley fundamental de la economía es la de la oferta y la demanda, y que el motor de la economía y de la sociedad es el empresario. El día que aquí entendamos que el éxito en los negocios es el éxito del Perú, ese día no habrá nada que pueda detenernos como nación.
Lo segundo que tiene que hacer Humala es tan sencillo como pedir un vaso de agua: ¡Debe convocar a los mejores! En el mundo de hoy, ya no se habla de países subdesarrollados sino de países sub-dirigidos, porque se ha entendido que es la dirección la que promueve el desarrollo económico y social de un país. Si actualmente el Perú no es más de lo que es, no es por falta de recursos, sino por una incapacidad ya histórica para manejar nuestras riquezas con eficiencia. Los problemas que el Perú tiene no son problemas de izquierda o de derecha, como creen algunos rojos; son simplemente problemas, y para solucionarlos, sólo se requiere de hombres capaces.
Con Humala en el poder, el principal déficit del Perú ahora se llama confianza, y confianza es precisamente el nombre de este juego que se llama economía de mercado. Suena fácil, pero no es tan fácil, ya que las leyes del mercado no se pueden comprender sin datos de la historia, sin educación financiera, sin sentido común. Si he de ser sincero, no veo al comandante fuerte en ninguno de estos 3 puntos. Para ser la mano que mueve las piezas, debe aprender, y deprisa, a dominar las reglas del juego que juega.
Cortesia: Diario el Correo
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