domingo, 5 de junio de 2011

HOY LA DECENCIA VENCERA AL MIEDO


César Lévano

Empiezo la mañana abriendo las ventanas al optimismo. En la orilla opuesta diviso la desesperación. El viernes, hacia las diez de la noche, grupos de asalariados repartían en la avenida Francisco Pizarro del Rímac volantes con los logotipos de Correo, Caretas, La Razón y Expreso, y titulares como “Ollanta, agente de las FARC”. Deben de haber distribuido allí decenas de miles. Igual volanteo ha ocurrido en todos los barrios de Lima. Se han impreso sin duda cientos de miles de esas calumnias de albañal. La rabia y el momento del ataque indican que la mafia tiene mucho dinero, pero está al borde de un ataque de nervios. El Perú es en América Latina una anomalía. Acá no hay partidos, y el más grande que existía, el APRA, ha sido pulverizado por la corrupción y la traición nacional de su cúpula. No existe tampoco una derecha capaz de competir en limpia lid; pero que sí ha montado la más ruidosa, costosa, masiva y totalitaria campaña contra un candidato que le disgusta. A ese mismo desborde de histeria corresponden miles de llamadas telefónicas. La gente cuelga indignada su aparato telefónico, así como arruga y arroja al suelo los panfletos sin firma. Esos recursos, así como las bolsas con arroz y azúcar, o las cocinas que repartió Kenyi Fujimori en las áreas suburbanas de la región Lima son el símbolo de la vieja política del soborno, son la continuación por otros medios de la antigua práctica del pisco y la butifarra. Todo indica, sin embargo, que muchas personas de los estratos más pobres han resuelto recibir los regalos, pero votar por Ollanta. El escrutinio de los votos revelará el alcance de esa astucia popular. Otro indicio de lo que puede ocurrir se percibe en el sur del país. Allí, el olvido aparejado con el desdén antiserrano de Alan García y la terca política a favor de la gran minería, han despertado justa cólera. Las fuerzas reaccionarias se han empleado a fondo (y con fondos) en la lid electoral. Ellas saben lo que les duele: no una revolución social, sino un cambio a favor de la equidad, de la justicia distributiva. Saben que con Keiko Fujimori pueden mantener el abuso. Los corruptos sueñan con la impunidad que les garantiza el Fujimorismo. Algunos de los presos de la dictadura, incluido el propio Alberto Fujimori, saben que Keiko, en complicidad con García, busca sacarlos de la cárcel. En el libro Cómo Fujimori jodió al Perú, el general (r) Daniel Mora explica que por las armas destinadas a la defensa nacional se pagaron bajo Fujimori “de cinco a diez veces su valor original, sin ningún control y con total impunidad.” Los traficantes quieren salir libres y conspiran desde la prisión contra la democracia. Todo eso está en juego. Por eso hay que ir a votar y montar guardia para defender el voto.

Columna del Director

Cortesia del Diario: La Primera

Publicado: 05 de junio del 2011

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