lunes, 20 de junio de 2011

""El guerrero que todo lo ve""


José Barba Caballero:

Walter Aduviri, el líder aimara acusado de promover los desmadres en Puno, se negó a ponerse a derecho, se autoproclamó un "perseguido político" y hasta prometió una huelga general si era detenido. Y como así cualquiera entiende, nuestras valientes autoridades le revocaron la orden de captura creándole un procedimiento especial para que tanto el revoltoso como sus apandillados no cumplan sus amenazas y sean más amables con la sociedad. No me extrañaría que en un futuro muy cercano sujetos como éste sean recibidos en Palacio y reconocidos como luchadores sociales. Si tal va a ser la estrategia del nuevo gobierno para apaciguar los conflictos sociales, entonces, lo digo desde ahora, estamos jodidos.

Pero vayamos por partes. En primer lugar, quienes destruyen la propiedad pública y privada no son políticos ni manifestantes, sino criminales de derecho común, y así tienen que ser tratados. En segundo lugar, un perseguido político es alguien que es víctima de la opresión debido a sus opiniones. También puede considerarse perseguido político, bajo una dictadura, a alguien que recurre a la violencia porque le han conculcado todos sus derechos. Pero en una democracia, donde lo que sobra es libertad para cualquier reforma razonable, tal autodefinición no sólo es en sí ridícula, sino también un ejemplo de bufonería totalitaria que debemos rechazar con energía. Participar en la lógica del delincuente (como de seguido lo hacen tantos idiotas en este país), en el sentido de que tras su accionar criminal subyace una causa justa, es deshonrar al derecho y a la democracia.

Lo aleccionador de este caso es que es algo así como un relámpago que nos permite vislumbrar en la oscuridad que el gran desafío del futuro gobierno no será otro que el tema del orden y el respeto a la ley, que son las razones que justifican la existencia del Estado. Sin orden y respeto a la ley, no hay inversiones, no hay progreso, no hay civilización. Cuando en un país las turbas imponen su ley en las calles, esto sólo quiere decir que tal país está a punto de convertirse en inviable. Por ahí he escuchado decir que el nombre Ollanta significa "El guerrero que todo lo ve". Ojalá sea así, porque hasta un ciego podría ver lo que se viene

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