jueves, 16 de junio de 2011

Amor a segunda vista



Por: Augusto Álvarez Rodrich

Ollanta Humala e inversión privada: relación crucial.

Mucho de lo que ocurra en el Perú durante el próximo lustro dependerá de la relación entre el presidente Ollanta Humala y la inversión privada, por lo que, al margen del recelo mutuo, es crucial que aprendan a vincularse apropiadamente pues eso es lo que más les conviene al país, a la población y a sus respectivos intereses.

La relación ha sido tensa y lejana. La inversión privada vio a Humala como el Anticristo, no solo como el escenario al que nunca se debía llegar sino como al que nunca se iba a llegar pues, como el Perú estaba cada vez mejor, era imposible que triunfe la opción que replanteara la ruta seguida hasta ahora.

El presidente Alan García les garantizó a los banqueros que él podía impedir que sea presidente quien él no quisiera –es decir, Humala–, y a Jaime Bayly le confesó que “si el señor Humala gana las elecciones, propiciaría un golpe de Estado e impediría, quebrantando la ley, que Ollanta Humala sea presidente; aunque me metan preso, Humala no será presidente”.

Pues erró. Humala será presidente y, para conseguirlo, debió moderar su discurso económico de no hace mucho. Los empresarios, por su parte, reaccionaron a su triunfo –luego de hacerle barra y publicidad a Keiko Fujimori– con una actitud que pasó, con rapidez, por varias fases: 1) Histeria; 2) Pánico; 3) Resignación; 4) Creciente –pero aún baja– expectativa positiva.

Pero no nos engañemos: ambos aún se miran con recelo y, no obstante la gran desconfianza mutua, Humala y el empresariado se necesitan uno al otro. La inversión privada es el factor central del crecimiento y la explicación principal de la generación de empleo y de los recursos para que el Estado invierta en asuntos sociales. Sin crecimiento, nada se puede hacer.

Pero la adecuada evolución de la inversión privada necesita, de modo indispensable, un gobierno que inspire confianza en su capacidad de garantizar reglas básicas para su operación.

El gobierno de Humala y el empresariado requieren entender que ambos se necesitan desesperadamente para lograr sus respectivos objetivos, y lo que ambos hagan será fundamental para mejorar la calidad de vida de los peruanos, especialmente de los más pobres, que es el gran desafío por delante.

Esto pasa, por parte del gobierno, de buenas políticas públicas que promuevan crecimiento con inclusión, y de un equipo que inspire confianza –a todos, no solo a la Bolsa–sobre su capacidad, efectividad y honestidad. Por parte del empresariado, esto requiere el entendimiento de que hay correcciones por hacer al ‘modelo’ y de que hay una factura por pagar para lograrlo.

Para conseguirlo será crucial la construcción de confianza mutua y, para eso, el liderazgo del nuevo presidente es fundamental. Cuanto más rápido lo construya el presidente electo Ollanta Humala, menos tiempo se perderá en el país.

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