viernes, 29 de julio de 2011

Humala en la senda correcta

¿Qué es más importante para los sectores que aún resisten la presencia de Ollanta Humala en la Presidencia de la República? ¿Que haya hecho alusión en su juramento a la Constitución del 79 y no a la del 93, o que ni por el forro se haya visto que le propusiese al país la construcción de un proyecto totalitario, pasadista y retrógrado en materia económica?

Debería formar parte de la agenda inmediata de los políticos y periodistas que se la pasaron toda la campaña electoral advirtiendo del advenimiento del comunismo del siglo XXI bajo el manto disfrazado de un Humala moderado, el darle explicaciones o disculpas al país, al que le mintieron de forma descarada, con todas las armas de la guerra sucia a su alcance.

Ya sabemos que no lo van a hacer y que continuarán con sus monsergas. Los incidentes protagonizados por Martha Chávez son el heraldo de lo que se viene desde la orilla de la derecha reaccionaria del Perú.

A muchos no nos gustan algunas medidas anunciadas por Humala, otras nos parecen inorgánicas y, finalmente, las hay que nos parecen inocuas. Pero hay que ser bastante necio para no reconocer el enorme proceso de evolución personal y política de Humala, desde la propia campaña hasta su inicio ya formal como Presidente de la República, pasando, sin duda, por el tenor general del gabinete ministerial conformado.

El hecho político más relevante de ayer es ese. La confirmación de que la izquierda peruana ha llegado al poder y ha sabido entender que hay criterios macroeconómicos que se deben respetar y que ellos no están reñidos con políticas de inclusión social.

Lo demás es menudencia. Hasta economistas liberales sensatos reconocen hoy, por ejemplo, que elevar las tasas tributarias a la gran minería no es, pues, un atentado contra el libre mercado y que, bien manejados, pueden ser una efectiva palanca de redistribución y de lucha contra la pobreza.

El discurso de ayer ha sido escueto, somero, sin mayores sorpresas, como correspondía. Y si ello no termina de disipar los temores de algunos, ya es cuestión de que estos sectores acudan en masa a algún diván.

Corresponderá al gabinete ahondar en mayor detalle en el programa de gobierno. Pero nos queda más que claro que no hay razón alguna para temer golpes de timón ni despistes groseros. Y esa es una extraordinaria noticia para el Perú.

Cortesia: diario 16

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