Cuando el primer país en ser arrasado por la crisis financiera mundial de 2008 quebró, ese mismo día trágico la auditora KPMG le daba a los bancos de Islandia la calificación triple A. Y, justo antes de su rescate, las prestamistas Fannie Mae y Freddie Mac tenían ese mismo AAA. Hoy, 8 de agosto de 2011, Moody´s le otorga a la economía del país “más rico” de la tierra AAA, con “reserva de estable a negativa” y la agencia Standard & Poor’s rebajó un escalón la calificación de la deuda de Estados Unidos de AAA, la máxima posible, a AA+, por primera vez en la historia del país norteamericano.
Para el que todavía no ha entendido la tragedia del asunto, la traducción es: EE.UU. está quebrado. Lo que esto significa –ya no en términos económicos, que están más claros que el agua, sino políticos, filosóficos e ideológicos– es que el paradigma de los valores y principios que inspiraron a EE.UU. y al mundo no van más. Se ha roto para siempre. El libertinaje neoliberal de los últimos 30 años ha pasado una factura que no se puede pagar y ha hundido en una larga noche a la verdadera cultura de la libertad. Mientras, en Europa, el “estado de bienestar” hace agua por doquier. Del mismo modo que con EE. UU., su paradigma de capitalismo con “inclusión social” se ha desfondado, lo que significa que ya no es paradigma alguno para nadie.
Cuando un paradigma muere, otro toma inevitablemente su lugar. Es la ley de la Historia. El éxito de una gran potencia y de su sistema de valores es el que cimienta su paradigma como faro mundial. Para los amantes de la libertad, esta tragedia consiste en que la libertad esté ausente en este nuevo paradigma histórico. Y lo estará por mucho tiempo. Es China y su régimen despótico de partido único, intolerancia política y capitalismo boyante la que exhibe todos los éxitos que no pueden mostrar los paradigmas moribundos de EE.UU y Europa. El capitalismo, es un hecho ya, no necesita de regímenes democráticos ni de estados de derecho ni de equilibrio de poderes ni de libertades públicas para florecer. China es el vivo ejemplo de ello. Y su terrible sistema ya ilumina al mundo.
El Perú acaba de elegir un nuevo gobierno cuyos pergaminos en términos de la cultura de la libertad ofrecían más dudas que certezas. Dado el contexto de la coyuntura histórica, es imperativo que aquellos que no han perdido aún la fe en la libertad, marquen implacablemente al gobierno para contribuir a fortalecer a los sectores moderados con los que el presidente está encaminado. Y estos sectores, tanto dentro como fuera del gobierno, no deben dejarse engatusar con la agenda del “cambio constitucional”. No es el momento para ello. Hacerlo porque a unos les ofrecen un senado, a otras “paridad de género”, a aquellos “inclusión social” o lo que sea, sería un gravísimo error. Una vez abierta la puerta no hay certeza alguna de que pueda entrar un invitado indeseable. Cuando llega el fin de un mundo*, los pies de plomo son el mejor portero.
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