
Mirko Lauer
La caída en desgracia del cuarentón Omar Quezada marca un giro en los problemas del Apra. Que el escándalo del terreno en la playa no sea parte directa del ciclo petroaudios empeora las cosas, pues apunta a una corruptela difundida por toda la administración pública. La sospecha de que además este sea un ajuste de cuentas interno habla de situaciones desesperadas.
Giro en los problemas, en efecto: los dos secretarios generales bajo sospecha o directamente en problemas, el símbolo de una generación partidaria con la pechera manchada, se profundiza la división en el partido de gobierno, y por último para mantener su gobernabilidad Alan García va a tener que hacer gestos de distanciamiento del Apra en conjunto.
La gobernabilidad de García: para estrategas e impulsadores del cerco a la corrupción detectada en el aprismo o atribuida a él el premio mayor es aquello que no se pudo producir en los años 80-90, la caída del propio AGP en el molde de la de Richard Nixon en 1974, la de Fernando Collor en 1992, o incluso la de Alberto Fujimori en el 2000.
Es poco probable que los enemigos de García logren su caída. Pero amigos y ex amigos como los de los petroaudios o los del terreno playero lo han afectado mucho al desprestigiar, léase debilitar, su flanco aprista. Algo que ahora debería reflejarse en una rebarajada ministerial que permita refugiarse en una imagen de eficiencia.
En otras palabras, para poder capitalizar políticamente el crecimiento, a García le va a ser indispensable separar todavía más su imagen de la del Apra, disyunción fatal a tan pocos meses de elegir gobiernos locales. Por un buen tiempo tomar esa distancia va a ser más fácil que tratar de recuperar las riendas reales del partido.
Lo que los enemigos de García sí han logrado es restablecer una imagen muy parecida a la que acompañó al Apra en su primer gobierno, como una especie de PYME de la corrupción. Una situación en la que ciertamente justos pagan por pecadores, y donde la cercanía de Palacio al fujimontesinismo tampoco ayuda mucho.
Hasta este viernes Quezada, pieza clave en la defenestración de Mauricio Mulder, era la estrella en ascenso en la generación del recambio aprista. Una de sus últimas intervenciones políticas fue reclamar la renuncia al cargo de su co-secretario general Jorge del Castillo. Ahora navega en un bote parecido al de Aurelio Pastor.
En verdad son cada vez más los administradores públicos que ocupan esa nave de náufragos políticos, que hace pensar en el dramático cuadro de Théodore Géricault La balsa de la Medusa (1819). Puestos a escudriñar la costa, habría que empezar a explorar cuántos terrenos playeros han sido vendidos en las mismas condiciones de subvalúo.
Y USTED ¿QUÉ OPINA?
¿Le parece que el cuarentón Omar Quezada es victima del ajuste de cuentas internas entre apristas.?
Cortesia: Diario la Republica
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