
La discusión política en el Perú necesariamente deberá cambiar de formato enriqueciéndose y haciéndose mucho más productiva a partir de la presentación del tercer libro de Jaime de Althaus: La Revolución Capitalista en el Perú. En sus más de 330 páginas De Althaus enfrenta y destruye con valentía y solvencia profesional los mitos subyacentes con los que la izquierda oligárquica internacional (y sus serviles encomenderos locales) vienen confundiendo a la población peruana, a falta de quien los cuestione con argumentos sólidos y estructurados como lo hace De Althaus. Los mitos de la supuesta des-industrialización del país, del supuesto fortalecimiento del modelo primario exportador, de la supuesta inexistencia de impulso de demanda interna, de la negada -en el mito- redistribución de riqueza entre Lima y las regiones, y, como resultado de los anteriores, el Gran Mito del incremento de la pobreza y de la desigualdad, como fruto de la transferencia del poder del Estado al ciudadano (modelo de mercado versus estatismo populista), caen como castillos de naipes ante la evidencia cuantitativa y factual que se presenta en el libro. El autor demuestra que la revolución pendiente en el Perú es la de trasladar aún más, mucho más, el poder de los Estatales al Pueblo, y que los pasos (insuficientes) que se han dado en ese sentido en los últimos tres lustros ciertamente han contribuido a la generación de riqueza descentralizada geográficamente y repartida en toda la escala social. A partir de este libro, la discusión sobre el modelo económico y social no puede seguir siendo ideológica, o geoestratégica, o meta espiritual, o nada. A partir de ahora las estadísticas y las cifras sociales mandan, y tanto los articulistas, como los gremios empresariales y sindicales, o los políticos honestos debemos trocar el lenguaje ideologizado por uno técnico, maduro, moderno y productivo. Y cae al pelo su presentación -justo tres días antes del último discurso presidencial- por cuanto al haberse comprometido el Poder Ejecutivo con metas concretas para el 2011, ese es el lenguaje con el que debemos pedir cuentas y evaluar los avances. No obstante, como bien resaltaron Julio Cotlear y Hernando de Soto al comentar el libro el día de su presentación, el mercado por sí solo no basta. De Soto nos hizo notar que de los diez puntos del Consenso de Washington poco ha avanzado el Perú en Reforma del Estado en detrimento del poder y los derechos del ciudadano, y el Dr. Cotlear nos recordó que cuando en los cines de antes la película se detenía por problemas técnicos, la cazuela gritaba "a quemar las bancas." Vilma es una trabajadora formal de uno de los fundos agroindustriales de la costa que De Althaus pone como ejemplo. Efectivamente, antes estaba desempleada y era pasto de abuso de su conviviente. Hoy Vilma tiene un salario digno superior al mínimo de ley. Tiene seguro social, sistema privado de pensiones, crédito en las casas comerciales locales, un celular prepago, y está inscrita en un programa habitacional popular del gobierno. Su casa alquilada ya tiene luz y están instalando desagüe en su distrito. Pero cuando Vilma va a la comisaría no la atienden ni bien ni pronto, menos el Poder Judicial en el que no confía. Sus tres hijos no aprenden lo suficiente en el colegio del Estado al que asisten, y en la posta casi no hay medicinas y sólo funciona unas pocas horas al día. Hasta que el Estado no se modernice, la necesaria y fructífera Revolución Capitalista no será suficiente, y siempre quedará el riesgo que alguien llame a quemar bancas.
creditos: Diario el Correo
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